10 abril, 2011

Certezas

Tengo pruebas definitivas de que la amistad resiste el tiempo y la distancia. Incluso veinticuatro años sin apenas comunicación, como en un tango o un bolero. Todos esos años han pasado desde que nos despedimos. Ahora Jordi volvió unos días aquí, desde Cardiff donde encontró su casa y su trabajo. Durante dos días paseamos hablando y riendo como si la conversación la hubiéramos dejado ayer tarde tomando una cerveza, igual que tantas veces hace veinticuatro años. Luego se fue otra vez a Cardiff. Es probable que pase mucho tiempo hasta que nos volvamos a ver. O pocos meses. Tanto da.

Me dio su último libro de poemas. Intento una traducción.

Conjectures

Potser la mort ens sorprendrà
un migdia de llum eixelebrada
als recs eixuts.

O alguna tarda neguitosa i aspra
de vent banal a les terrasses breus.

O bé de nit, qualsevol nit,

entre els lladrucs de l’ombra.

Potser només serà
com un paissatge gèlid de la ment,
una frontera blanca on s’agrumollen
els somnis capolats.

O l’última derrota dels sentits:
un pur desistiment del cos que avui
 a penes s’anuncia.

La vida, mentrestant, ens ofereix
un embull permanent de conjectures.

Conjeturas

Quizá la muerte nos sorprenda
un mediodía atónito en la luz
de las acequias secas.

O en una tarde inquieta y desabrida
de viento insustancial en los balcones.

O puede que de noche, cualquier noche,
entre ladridos negros.

Quizá tan solo sea
como un paisaje helado de la mente,
una frontera blanca donde cuajan
los sueños triturados.

O el fracaso final de los sentidos:
la rendición del cuerpo que a estas horas
apenas se adivina.

La vida, mientras tanto, nos ofrece
un permanente alud de conjeturas.

Jordi Larios. El cop de la destral [El golpe del hacha], Barcelona, 2006.

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