19 abril, 2008
Aurel Stein in China
29 marzo, 2008
¿Acaso hubo búhos acá?
He aquí la última página de un incunable de 1498. Está en unas Opera de Horacio con textos de cuatro de sus mayores comentaristas: dos clásicos, Pomponio Porfirio y Helenio Acrón, y dos humanistas, Antonio Mancinelli y Cristoforo Landino (se conoce como el «Comentario de los Cuatro Grandes»). Imprimió el libro en Venecia Simon Bevilaqua. Ahora está en la Biblioteca Balear del Monasterio de La Real, de Palma. De él, solo en Venecia, se publicarán trece ediciones entre 1490 y 1500. Y en 1501 Aldo Manuzio saca, en octavo, un delicado Horacio con la tipografía cancilleresca (o aldina) que acababa de estrenar ese mismo año para las obras de Virgilio.
Estamos ante un ejemplar impecable, limpiamente encuadernado en pergamino. A un folio prefacial siguen doscientos cincuenta y siete folios numerados con números romanos, con los poemas de Horacio y sus comentarios Acaba con seis páginas de «Tabula» y una más, ésta, con el «Registrum». A cuyo pie se ha manuscrito este juego palindrómico. Y a juzgar por los trazos de cuadrícula, parece que el autor, tan poco reverente ante el empaque del libro que tenía ante los ojos como lo sería un mismísimo búho, pensaba seguir su trabajo decorativo.
La pregunta reversible de arriba es obra del singular argentino Juan Filloy, que ostentó el record de palíndromos de la lengua española (y casi el de longevidad, al morir con 106 años).
18 marzo, 2008
Studiolum en la 'Revista de Lexicografía'
Francisco Gago-Jover acaba de publicar una necesaria y muy informativa reseña de la edición digital del Tesoro de la lengua castellana o española que elaboramos en Studiolum a partir del trabajo de Ignacio Arellano y Rafael Zafra. Se analizan aquí en detalle las diferencias entre la edición contenida en el DVD que acompañaba al libro publicado por Iberoamericana y la posterior edición únicamente digital, y más completa, que se puede obtener de manera independiente desde nuestra web.
No podemos ocultar nuestra sorpresa por el hecho de que esta sea, a dos años ya de su aparición, la primera revisión crítica que se ocupa de la versión digital del Tesoro para ponerlo seriamente a prueba, calibrar su funcionamiento y mostrar las ventajas sobre la edición impresa... Nunca es tarde si la dicha es buena. Tenemos que agradecerle sin reservas la atención a Francisco Gago-Jover.
11 marzo, 2008
Letras Medievales (y otro tipo de espacios en blanco)
El grueso volumen se elaboró por el procedimiento de pecia, por entonces ya habitual en la Universidad de París. El ejemplar conservado en la biblioteca de la Universidad se dividía en grupos de hojas y repartía simultáneamente a varios copistas. Así, en un lapso de tiempo bastante breve podía contarse con una nueva copia completa. Luego se reunían los pliegos y los miniaturistas decoraban los espacios en blanco con grandes iniciales, alternando los colores rojo y azul.
Este procedimiento, según la magnífica Histoire de la lecture dans le monde occidental editada por Chartier y Cavallo —que tuvimos el honor de traducir al húngaro— ya presagiaba el método de trabajo del libro impreso, donde las hojas individuales podían ser preparadas por diferentes componedores y luego —al menos en las primeras décadas de la imprenta— un miniaturista rellenaba a mano los espacios dejados para las iniciales. Pero este sistema también dejó entrar —como veremos ahora— a un abuelo del diablo de la imprenta, a casi doscientos años de distancia del nacimiento de la propia imprenta.
En principio, este método presuponía que los miniaturistas conocieran el texto y pintaran en el blanco la inicial justa. Sin embargo, no era siempre así. El miniaturista podía echar una fugaz ojeada al texto y pintar corriendo la letra que le parecía más lógica, aunque a veces no fuera ésta la que le pedía el texto sacro.
Así ocurrió, por ejemplo, en el fol. 264r (Heb 2:7), donde el artista echó un vistazo y completó la primera palabra del versículo como «Innuisti» (consentiste). Inmediatamente después, no obstante, se debió apercibir del error al iniciar correctamente el comentario, a la derecha, con un «Minuisti» (disminuiste).
En algunos casos recaía sobre el stationarius —el bibliotecario encargado de la distribución de los pliegos y de revisar las copias— la responsabilidad de la corrección final. Así pasó, por ejemplo, en el fol. 233v (2Cor 16:21), donde el miniaturista erró tanto en el versículo como en el comentario la inicial de «...alutatio» porque había entendido «Laudatio» –voz tan frecuente en los textos litúrgicos–, dando lugar a una imposible «Lalutatio». En último extremo, el corrector logró escribir la 'S' en negro en medio de la 'L' roja resucitando la «Salutatio» original.
Lo mismo hizo en el fol. 286r (Heb 10:7), donde tuvo que colar una pequeña 'T' negra en medio de la 'N' roja del comentario (y también entre los arabescos de la inicial) para cambiar la errada «Nunc» (ahora) en «Tunc» (entonces).
Pero en ocasiones también la atención del corrector andaba floja. Es el caso del fol. 247v (2Tim 1:16), donde el miniaturista imaginó, y creó, un «Sed» (pero) en lugar de un relativamente más raro «Det» (dé). Este ejemplo, junto con la anterior lectura equivocada de «...alutatio» como «Laudatio» nos permite arriesgar la hipótesis de que quizá el miniaturista no fuera muy sensible a la diferencia entre los fonemas 't' y 'd'.
Y, finalmente, un caso más sutil (que la crítica textual definiría como de intercambio de pericopas). En el fol. 292r (Heb 11:22), a la derecha del versículo que empieza por «Fide Ioseph», la palabra inicial del comentario fue completada como «Mosep» en lugar de «Iosep». ¿Por qué?
En este pasaje de la Epístola a los Hebreos, el Apóstol enumera ejemplos de fe desde el patriarca a los profetas. El versículo que empieza por «Fide Ioseph moriens» va precedido —en la página anterior— por un versículo de inicio muy similar: «Fide Iacob moriens», que también menciona a «Ioseph», y le sucede otro que empieza por «Fide Moyses». Quizá el miniaturista, al llegar a la línea «Fide Ioseph», se despistó por un momento y, recordando que ya había pintado una inicial para esta frase en la página anterior, competó la inicial «...osep» del comentario como un «Mosep» que casi correspondía a la palabra inicial del versículo siguiente. Más tarde, esta letra también sería corregida con una pequeña 'J' negra entre las patas de la gran 'M' roja.
¿La moraleja? Pues, quizás, que errare era tan humanum hace ochocientos años como hoy. Y esto, por descontado, tampoco será de otro modo en nuestra edición. Solo queda esperar que los errores de hoy no le causen demasiado enojo al Benevolente Lector del futuro, y que los acoja con el mismo ánimo sereno con que nosotros hemos señalado los de aquellos copistas.
02 febrero, 2008
Espacios en blanco
En una vieja arca llena de papeles familiares acabamos de encontrar un pequeño legajo con tres documentos manuscritos firmados en el pueblo de Canales de la Sierra, dos de ellos son escrituras públicas fechadas en 1683 y otro, de carácter eclesiástico, en 1763; y hay también otro documento eclesiástico fechado en Pamplona en 1688 pero con asuntos relativos asimismo a la villa de Canales. Ignoramos completamente cómo llegaron hasta nuestra casa y qué relación guarda aquella lejana zona con nuestros antepasados. Intentaremos averiguarlo.
Pero el legajo, además, guarda un impreso curioso. Se trata de una «Carta de Esclavitud» o declaración de ingreso en la Cofradía de los Esclavos de la Virgen. Aún hoy, en ese hermoso pueblo de Canales, en el que solo quedan unos 80 habitantes censados, se celebran fiestas a su patrona, la Virgen de la Soledad, el último sábado de agosto. El eje de la celebración es la romería a la Ermita de La Soledad, allí donde debió haberse firmado el documento que reproducimos y que por su aspecto parece de inicios del siglo XVIII. Quizá alguno de nuestros ancestros se sintió atraído por la Cofradía y acarició en sus manos este papel cuyos blancos tenía que rellenar con su nombre, el de los santos de su devoción, y luego fecharlo y rubricarlo. No lo hizo. El papel quedó olvidado en un arca que por casualidad hoy hemos abierto. Un pequeño misterio entre tantos. Como decía la buena de Dorotea en el capítulo 30 de la primera parte del Quijote: «Todo es milagro y misterio el discurso de mi vida».

Pero el legajo, además, guarda un impreso curioso. Se trata de una «Carta de Esclavitud» o declaración de ingreso en la Cofradía de los Esclavos de la Virgen. Aún hoy, en ese hermoso pueblo de Canales, en el que solo quedan unos 80 habitantes censados, se celebran fiestas a su patrona, la Virgen de la Soledad, el último sábado de agosto. El eje de la celebración es la romería a la Ermita de La Soledad, allí donde debió haberse firmado el documento que reproducimos y que por su aspecto parece de inicios del siglo XVIII. Quizá alguno de nuestros ancestros se sintió atraído por la Cofradía y acarició en sus manos este papel cuyos blancos tenía que rellenar con su nombre, el de los santos de su devoción, y luego fecharlo y rubricarlo. No lo hizo. El papel quedó olvidado en un arca que por casualidad hoy hemos abierto. Un pequeño misterio entre tantos. Como decía la buena de Dorotea en el capítulo 30 de la primera parte del Quijote: «Todo es milagro y misterio el discurso de mi vida».
23 enero, 2008
Saturación
Las paredes de la ciudad están llenas de mensajes. La mayoría van implícitos en la propia estructura, en los materiales constructivos, en las decisiones arquitectónicas o en los detalles estéticos que revelan el pensamiento y la forma de vida de quienes han intervenido. Otros mensajes son completamente explícitos: textos, grafitis, anuncios, marcas. Textos sobre el espacio urbano que se ofrecen como motes de un gigantesco emblema tridimensional, infinitamente circulable en sus significados complementarios. Barcelona es una ciudad cargada de los mensajes de ambos tipos que la historia ha ido depositando. Y a ellos hay que añadir las intervenciones «artísticas» promovidas por los políticos, que así adornan su propio currículum con alguna nota presuntamente cultural. ¿Es posible que el habitante urbano se sature? Aquí, al menos hemos encontrado una huella de incomodidad, una protesta tímida pero con aire de cierta desesperación, temblorosa, voluntariamente ajena a todo énfasis de visibilidad pero rotunda y que no deja lugar a la duda, casi como escrita con sangre.
19 enero, 2008
Satisfacción plena
La vida sonreía de oreja a oreja al autor de este dístico que se encuentra en la última página del ejemplar del Fasciculus temporum (1495) de la Biblioteca del Monasterio de la Real. En unas pocas semanas entregaremos el catálogo de los incunables de esa biblioteca, que hemos realizado junto con las imágenes digitalizadas de los libros.

Si la fortuna más tuviera: más me diera
Si más recibir pudiera: la fortuna más me diera
Si más recibir pudiera: la fortuna más me diera
09 enero, 2008
Labore et Constantia
Y con trabajo y perseverancia, Bárbara Skinfill Nogal, desde México va publicando, en colaboración con un activo grupo dedicado a la literatura simbólica, libros útiles, hermosos e inteligentes. Como si el proyecto Mundus Symbolicus, con su foco principal en la traducción al español de la inmensa obra de Filipo Picinelli non sufficit, ahora, con Claudia Raya Lemus y Suhey Morales León empiezan una serie nueva: el «Proyecto Iconográfico de marcas de Impresores y Editores», y ofrecen como primera entrega el libro Marcas de Impresores y Editores del Siglo XVI. Muestrario Iconográfico del Fondo Antiguo de la Biblioteca Pública Universitaria de Morelia. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (Michoacán: Centro de producción artística y desarrollo cultural de Michoacán, 2007).
A continuación de los prólogos de Claudia Raya y Bárbara Skinfill, precisos y sintetizadores de la gran cantidad de conocimiento sobre el tema que han ido acumulando durante años, encontramos la descripción de 50 marcas de impresores. A la reproducción de cada marca, sigue una ficha analítica y otra con informaciones sobre el impresor (en la ficha analítica nos alegra mucho comprobar cómo nuestra Enciclopedia de Emblemas Españoles Ilustrados todavía es útil). Y cierra la obra una serie de apéndices e índices completísimos. Es una pequeña joya de trabajo bien hecho y animamos a Bárbara y su equipo a seguir dándonos más «muestrarios» de su labor y constancia. Ved una página del libro.
07 enero, 2008
La Ruta de la Seda
Confesamos guardar aún la música que hizo Kitaro para la memorable serie de la televisión japonesa La Ruta de la Seda. Y seguro que no fuimos los únicos en contemplar con devoción todos los episodios. No hemos vuelto a verlos desde principios de los 80. Entonces nos deslumbró la justa suma de información y espectacularidad de las imágenes. Con todo, ahora preferimos escuchar, por ejemplo, los dos CDs publicados por el sello Accords Croisés, La Route Musical de la Soie. También hemos acabado leyendo bastante sobre estos asuntos y con el tiempo, en Studiolum, nos hemos visto involucrados en trabajos relacionados en algún grado con aquel inmenso recorrido.
En España generalmente se presta poca atención a esa parte del mundo. De hecho, hay lugares que en España tienen una presencia informativa terriblemente menguada. Para tropezar con uno de ellos no hace falta salir de Europa: basta mirar hacia Hungría. Pongamos un ejemplo. Recibimos regularmente el boletín del Instituto Cervantes y ya es la norma que, frente a otros centros muy promocionados, no aparezca ninguna información sobre el centro de Budapest que, sin embargo, existe y está generosamente dotado. A día de hoy, las páginas de Internet del Instituto Cervantes húngaro, en la calle Vörösmarty 22, están en situación de práctico abandono. La memoria de actividades es deprimente o, mejor, ni siquiera llega a deprimirnos porque lo único que vemos es un pdf casi vacío que se refiere al curso 2004-2005 (!). La página de futuras actividades culturales programadas devuelve el patético mensaje: «no hay actividades programadas» («Nincsenek meghirdetett programok»). Y lo mismo ocurre en los enlaces «programación del mes» y «calendario cultural»: «no hay actividades disponibles». Casi nunca hay noticias en diarios y otros medios de información españoles sobre lo que pasa en Hungría, aunque los acontecimientos sean en sí mismos tan importantes como las manifestaciones y revueltas populares de 2007 contra el gobierno. Cierto que la fuerza internacional del húngaro no es la de otros idiomas, pero esta justificación no vale mucho.
Anoche leíamos unas reflexiones interesantes en el libro de James O'Donell, Avatares de la palabra (Barcelona: Paidós, 2000), y aunque un poco largas, nos gustaría copiarlas aquí:
A diferencia de España, enmarañada casi siempre en mezquinos debates, Hungría es un país que se pregunta de manera compacta y perseverante sobre su historia, sus orígenes y su articulación en la zona del mundo en la que esa historia la ha colocado. La búsqueda en el Este de los orígenes de la gente y la lengua de Hungría ha dado notables investigadores orientalistas. Ahí es donde —volviendo al principio de esta entrada— hemos trabajado desde nuestra editorial, colaborando con la Academia Húngara de Ciencias para exponer la peripecia exploradora y las aventuras de conocimiento que protagonizaron Sándor Csoma de Körös y Aurel Stein. Hace dos días dedicábamos una entrada del blog al primero. Hoy damos el enlace a las páginas del segundo: Aurel Stein (1862-1943). Los tesoros ocultos de La Ruta de la Seda. La lectura de estos dos trabajos, realizados con los fondos materiales y documentales de la Academia, ilustra sobre el vehemente impulso humano de ensanchar los horizontes para conocerse a sí mismo. Quizá al final estos dos hombres no se conocieran más a sí mismos que de no haber salido de su pueblo natal y, ciertamente, no aportaron datos decisivos sobre los orígenes remotos de lo húngaro, pero exploraron, descubrieron y pusieron ante nuestros ojos de manera organizada un mundo que también nos pertenece y que, desde su trabajo, ya no podemos dejar de conocer para saber quiénes somos nosotros, españoles, húngaros o chinos. Vale la pena dedicarles un rato.
En España generalmente se presta poca atención a esa parte del mundo. De hecho, hay lugares que en España tienen una presencia informativa terriblemente menguada. Para tropezar con uno de ellos no hace falta salir de Europa: basta mirar hacia Hungría. Pongamos un ejemplo. Recibimos regularmente el boletín del Instituto Cervantes y ya es la norma que, frente a otros centros muy promocionados, no aparezca ninguna información sobre el centro de Budapest que, sin embargo, existe y está generosamente dotado. A día de hoy, las páginas de Internet del Instituto Cervantes húngaro, en la calle Vörösmarty 22, están en situación de práctico abandono. La memoria de actividades es deprimente o, mejor, ni siquiera llega a deprimirnos porque lo único que vemos es un pdf casi vacío que se refiere al curso 2004-2005 (!). La página de futuras actividades culturales programadas devuelve el patético mensaje: «no hay actividades programadas» («Nincsenek meghirdetett programok»). Y lo mismo ocurre en los enlaces «programación del mes» y «calendario cultural»: «no hay actividades disponibles». Casi nunca hay noticias en diarios y otros medios de información españoles sobre lo que pasa en Hungría, aunque los acontecimientos sean en sí mismos tan importantes como las manifestaciones y revueltas populares de 2007 contra el gobierno. Cierto que la fuerza internacional del húngaro no es la de otros idiomas, pero esta justificación no vale mucho.
Anoche leíamos unas reflexiones interesantes en el libro de James O'Donell, Avatares de la palabra (Barcelona: Paidós, 2000), y aunque un poco largas, nos gustaría copiarlas aquí:
En el otro extremo de Europa, ¿cómo se entiende la historia de Matías Corvino Hunyadi, rey de Hungría (muerto en 1490)? Fue un héroe indudable en la línea de los príncipes del Renacimiento. Poderoso triunfador en las guerras, conformador de una Hungría unida e independiente, también fue uno de los mecenas literarios más intensamente productivos. Su biblioteca era la maravilla de Europa por su brillante colección de manuscritos iluminados que cautivan a cualquiera. Ahora esparcidos a los cuatro vientos, estos manuscritos ponen inmediatamente de manifiesto, incluso por separado, el nivel artístico y cultural de su corte.
Pero Matías Corvino cayó en el olvido. No tuvo fortuna con sus descendientes que no tuvieron suerte con su mundo. Ya en vida sufrió la presión de los turcos otomanos desde el sudeste y, después de su muerte, el Danubio medio se convirtió en el campo de batalla entre la cristiandad y el islam, con grandes descalabros para Hungría. El territorio que él había unido se fragmentó de nuevo y terminó en poder de los Habsburgos de Viena y los turcos de Estambul, y Hungría no llegó a ser la fuerza dominante en Europa Central que los contemporáneos de Corvino podían razonablemente haber esperado que fuera. Además, Corvino es un enigma de estudio para los occidentales; no hay un libro satisfactorio sobre él en inglés y las dificultades de escribir uno se han multiplicado por la variedad de idiomas (como mínimo, latín, alemán, italiano, húngaro, serbocroata y turco) requeridos para estudiar las fuentes.
La historia de Corvino nos enseña mucho sobre la creación de Europa y nos recuerda que uno podría ser un gran príncipe del Renacimiento y no serlo en los libros de historia a pesar suyo. Se ensalza a otros príncipes del Renacimiento descuidados cuyo esplendor nos llega por sus triunfos mundanos y militares y los de sus descendientes. Olvidamos que las narraciones lineales que presentan un triunfo tras otro hacen poco por recordarnos los riesgos y la variedad de la experiencia humana. Este hecho sorprendente enriquece nuestro sentido de la historia, al tiempo que nos recuerda convenientemente las limitaciones de ésta.
Nuestras instituciones educativas personifican nuestra propia imagen más presuntuosa. Cuando las usamos para enseñar "contenidos", para impartir "ideas", me temo que les hacemos poco bien a nuestros estudiantes. Los habituamos a los mitos de la tribu y quizás impartamos algunas habilidades de poco provecho, pero apenas activamos su inteligencia. El estudio de los clásicos griegos y latinos y el estudio de la civilización occidental a los que se otorga un papel principal es valioso no si produce un estudiante que se sabe "los reyes de Inglaterra y puede citar las batallas históricas, desde Maratón a Waterloo de memoria", como el general en Pirates of Penzance. Es valioso si proporciona un punto de referencia, en algunos sentidos reconocible y en otros ajeno y extraño para contemplar el presente.
A diferencia de España, enmarañada casi siempre en mezquinos debates, Hungría es un país que se pregunta de manera compacta y perseverante sobre su historia, sus orígenes y su articulación en la zona del mundo en la que esa historia la ha colocado. La búsqueda en el Este de los orígenes de la gente y la lengua de Hungría ha dado notables investigadores orientalistas. Ahí es donde —volviendo al principio de esta entrada— hemos trabajado desde nuestra editorial, colaborando con la Academia Húngara de Ciencias para exponer la peripecia exploradora y las aventuras de conocimiento que protagonizaron Sándor Csoma de Körös y Aurel Stein. Hace dos días dedicábamos una entrada del blog al primero. Hoy damos el enlace a las páginas del segundo: Aurel Stein (1862-1943). Los tesoros ocultos de La Ruta de la Seda. La lectura de estos dos trabajos, realizados con los fondos materiales y documentales de la Academia, ilustra sobre el vehemente impulso humano de ensanchar los horizontes para conocerse a sí mismo. Quizá al final estos dos hombres no se conocieran más a sí mismos que de no haber salido de su pueblo natal y, ciertamente, no aportaron datos decisivos sobre los orígenes remotos de lo húngaro, pero exploraron, descubrieron y pusieron ante nuestros ojos de manera organizada un mundo que también nos pertenece y que, desde su trabajo, ya no podemos dejar de conocer para saber quiénes somos nosotros, españoles, húngaros o chinos. Vale la pena dedicarles un rato.
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05 enero, 2008
Alexander Csoma de Kőrös
In 2006, on the 222th anniversary of the birth of Alexander Csoma de Kőrös, the founder of Tibetan studies we have published on the internet in Hungarian, English and Spanish, in the collaboration of Studiolum and the Oriental Collection of the Hungarian Academy of Sciences, the legacy of Csoma preserved in the Collection. This date is memorable in the history of Tibetan studies for another reason as well, since the Hungarian Ministry of Education in this year announced, with reference to the all-time high budget deficit, the suppression of several university departments, including that of Tibetan philology. Therefore on the frontispiece of our web publication we have also displayed, out of solidarity, together with the commemoration of Csoma’s anniversary that it was prepared “in memory of the Tibetan studies in Hungary, abolished in this year,” until the management of the collections made us cancel this reference in fear of retorsion. Accidentally, this happened in the weeks of the municipal elections in which the governing parties – the authors of the above deficit – led their campaign with the slogan “Budapest, the city of liberty and solidarity.”This little East-European absurd is, however, absolutely not alien to the path of life of Csoma. It was already a miracle that this boy who was born in the Carpathian frontier zone of Transylvania obtained exemption from the life-long service of border-warden, compulsory there at that time, and could go to learn at the academies of Nagyenyed (Ajud) and Göttingen instead. But it is even more characteristic that when learning there about the tentative theories of affinity between the Hungarian and Uyghur languages, he decided to verify them on the spot, by reaching on foot from Hungary as far as Uyghuristan in China. At this time the “Great Game” was developing between the Russians and the British in Central Asia, inciting bloody wars between every people living along the fault line running from Turkey to China – but in the middle of the wars and epidemics Csoma safely reached the Indian-Tibetan border. And here another miracle followed. For, in spite of his astounding talents – he perfectly spoke twenty languages – Csoma arrived too early. Comparative linguistics in these decades was just in the first phase of the elaboration of the scientific methodology of linguistic affinity, so Csoma’s comparative research was foredoomed to failure. However, by a special grace of God, on the road leading to Tibet he met a commissary of the British government who was just in need of such a person for the exploration of the Tibetan language, completely unknown to Europeans at that time, but indispensable to the expansion of the British. In the thereafter following fifteen years Csoma has completely accomplished this task. Living in the austere monasteries of Tibet, he mastered both the language and the religion, composed the first Tibetan dictionary and grammar (1834), and gave such detailed description of the Buddhist religion – only obscurely known in Europe – and of the Tibetan literary canon that nothing essential has been added to it since then. And Buddhists from Tibet to Japan venerate him as the only European boddhisatva. He nevertheless only regarded this as a detour, or in the best case a preliminary study to the research of the Uyghur. However, he never reached the Uyghur.
The list of Zsolt Sütő from the Transylvanian Marosvásárhely (Târgu Mureş) is the most complete collection of the information to be found about Csoma on the internet. We are on the distinguished fourth place on it. Zsolt himself has followed through the path of Csoma in India and Tibet, from where he brought home wonderful photos like this one above. He published them on his page with the title „Himalaya Blue” accompanied with his diary notes. In one of these notes he describes how difficult it is to explain to others what Csoma means to people grown up in this world of the absurd.
Today I went to Thiksey with an American couple, Farkas, with some Hungarian roots. It is extremely difficult, if not impossible, to recount the Csoma story in such a usual and superficial touristy conversation. I tell them that he had come here two hundred years ago, on foot. Ah, yeah, a traveler. Yes, but eventually he made the first good Tibetan-English Dictionay, among others. Ooh, yeah? I didn’t know that. And then still how far we are from his original purpose, from his Transylvanian and Göttingen years, from the Sanskrit-Tibetan-English dictionary... I’m more and more skeptical as far as it concerns the understanding of the essentials of the Hungarian raison d’être by foreigners. Not to speak about the Transylvanian raison d’être, which is not even understood by the Hungarians. The good God has imposed an interesting fable on our shoulders.
From a more fortunate place, let us say from America it is in fact difficult to understand what makes this story so remarkable. One accomplishes the respective academic studies, goes to a given place, and with the respective methodology and institutional support he composes the dictionary of the given language. A large number of American anthropologists are indeed doing so all over the world, and Franz Boas has even established a special school for this purpose. In our part of the world, however, in the eternal lack of background, institutions, network and support, and even accompanied by the suspicion, jealousy and hostility of the political and scientific potentates it is a must that a talent should either be lost or raise an outstanding achievement by a heroic effort and in solitude. Like Ryszard Kapuściński, Bohumil Hrabal and Csoma did.
This is why it is a special joy if someone nevertheless grasps something from this. On ‘flickr’ we have come across the photo gallery “chambre-noire” by summergreen from the UK who has published this photo montage with the portrait of Alexander Csoma de Kőrös and a leaf of his Tibetan manuscripts, referring to the English version of our biography of Csoma as a source of the original images. Our gratitude for it.
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