10 agosto, 2011

Río Deva


Cauce del río Deva desde Potes hasta su nacimiento en Fuente Dé. Clic para ampliar.

Según más de uno, cae por aquí y no en África, Oriente Próximo, ni en ningún otro sitio del mundo, el lugar donde tuvo origen la Humanidad. Lo afirma, por ejemplo, con abundante y vehemente argumentación Jorge María Rivero San José en su libro Cantabria, cuna de la Humanidad. Esta zona cantábrica —desde parte de lo que hoy es Asturias hasta el extremo pirenaico del País Vasco, con sus rincones de relativo aislamiento histórico, la resistencia única de la lengua vasca a dejarse absorber ni contaminar y las leyendas sobre el carácter de sus gentes— ha alimentado con frecuencia tal tipo de especulaciones, a menudo explotadas políticamente o manipuladas por el nacionalismo de manera torcida. Pero no siempre aparecen tales intenciones. Por ejemplo, no es sospechoso de nada de esto el breve tratado que hemos leído estos días sobre un tema afín: en 1933 Lubicz Milosz defendía, como si hubiera recibido una revelación, los orígenes ibéricos del pueblo judío.


Vale la pena leer las lucubraciones lingüísticas de Oscar Wladislas de Lubicz Milosz (1877-1939, pariente, por cierto del futuro Nobel Czesław Milosz, 1911-2004). A partir de una serie de analogías fonéticas —pero también de religión comparada y esotéricas— llega a la conclusión de que el Paraíso del Génesis, con sus cuatro ríos, estaba en Iberia y la lengua vasca, vestigio de la ibérica, llegó, por lo visto, a fecundar en su expansión hasta la variante peruana del quechua.

Puente medieval sobre el Deva, en las inmediaciones del pueblo de Los Llanos.


El valle de Liébana solo tiene tres ríos. En las imágenes que ahora siguen subimos por el Deva deteniéndonos en algunos de los pueblos de sus márgenes, cuya ubicación puede verse en el mapa de arriba. El valle de este río, el más occidental de Liébana, también se conoce por el nombre de su municipio central, Camaleño, que agrupa treinta y tres núcleos habitados. Antiguamente se le llamaba asimismo Valdebaró.


Lon. Tiene una iglesia pequeña con un retablo barroco, con un frontón policromado sobre tabla, del s. XVIII, pero el sagrario es del s. XVI. Solemos encontrar las iglesias cerradas. Esta mañana, las únicas voces humanas que oímos salían de la posada, en cuyo balcón, a pesar de la llovizna, habían tendido a secar las sábanas.


Tanarrio. Al llegar a la iglesia de Tanarrio, silenciosa y un poco lejos del pueblo, había empezado la misa. Lo delataban los bastones dejados fuera, las luces encendidas y, acercándonos un poco más, la voz del cura que sube a oficiar desde Santo Toribio y que se oía claramente a través de la puerta abierta. Es una de las pocas iglesias a las que pudimos entrar y los cinco vecinos que había dentro nos la enseñaron con orgullo. Han restaurado el retablo y la conservan lo mejor que pueden. Su origen debe ser románico y saltan a la vista las múltiples modificaciones que ha sufrido, con una peculiar bóveda apuntada que descansa en un arco apoyado en gruesos capiteles, más antiguos. El muro lateral izquierdo lo preside un popular san Roque que nos muestra su bubón de peste en el muslo y va acompañado por el perro que le lleva un trozo de pan. Las laderas de los montes que rodean Tanarrio tienen espesos bosques de encinas y alcornoques, pero los osos ya hace tiempo que no se acercan.



Brez. En la ladera sur del macizo de Ándara, Brez parece brotar de la tierra con dificultad. La iglesia de san Cipriano aprovecha una escarpadura como muro lateral y se mantiene en pie con remiendos que aún revelan su origen románico. Una anciana nos ve rodear el edificio y nos cuenta enseguida su viaje a Mallorca con un grupo de pensionistas. En Liébana —dice— se come mejor, más abundante y muchísimo más barato. No volverá a salir de aquí. Si acaso, a Santander.



Desde Besoy, abajo en la margen derecha del Deva, se ve arriba, al otro lado del río, la iglesia y el cementerio de Llaves. Un poco más adentro aún, el sendero de Llaves acaba en el pueblo de Vallejo.


Mogrovejo. Se distingue por su torre almenada, alta y en ruinas, con una hiedra que la sostiene y la destruye por igual. Al acercarnos, encontramos en su base una cuadra para un caballo, el único ser vivo que hemos visto aparte de varios perros adormilados. Edificó la torre en el s. XIII Pedro Ruiz de Mogrovejo, de cuya familia fue santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima en el s. XVI. La torre tiene adosada una gran casa solariega, tampoco muy cuidada, pero que por lo visto conserva varios cuadros importantes y una capilla con un retablo barroco de carácter popular. La iglesia, del s. XVII, guarda una de las mejores imágenes de la Virgen en toda Cantabria, quizá procedente de Flandes, datable a fines del s. XV.

Mogrovejo, c. 1945


Treviño. La gran casona dieciochesca de los Condes de la Cortina, que hicieron fortuna en ultramar, es hoy posada. Más allá de este edificio, con su jardín, sus escudos y sus árboles imponentes, otras casas languidecen y esperan con gesto resignado, como la que se ve a la izquierda, a que alguien se ocupe de ellas.


Espinama. Casi llegando a Fuente Dé —donde acaba la carretera y funciona un teleférico que salva un desnivel de 753 metros colgado sobre un hayedo—, Espinama se extiende a los lados del arroyo donde nace el Deva. Aquí corre el agua y su ruido llena el pueblo. Lo primero que vemos es este cartelón donde un particular expresa su desacuerdo con el obispado. Por lo que oímos, no es el único caso, últimamente, en que la Iglesia busca hacer negocios con bienes cuya propiedad es dudosa.


Si aún cupieran dudas acerca del bravo e indomable carácter cántabro, bastaría ver lo que se les ocurrió hacer a estos dos vecinos de Espinama hacia 1964, cuando aún estaban instalando los cables del teleférico de Fuente Dé. Esto lo explica todo.

07 agosto, 2011

En alas de la Fama



Acabamos de saber que nuestros lectores han calificado la versión en húngaro de nuestro blog hermano Poemas de Río Wang para el premio del Blog de Oro 2011 de Hungría, y como esto no tiene vuelta atrás tenemos que encarar el desafío con honor. Invitamos a todos los que lo deseen a expresar su aprecio yendo, desde el avatar propio de Facebook, a la página de Elección del Blog de Oro, y allí, en la segunda columna, («Kult-szórakozás», es decir, «Cultura y Entretenimiento» – miscuit utile dulci) podrán marcar la casilla de “a wang folyó versei”, el nombre magiar del hermano gemelo de nuestro viajado y cosmopolita Río Wang. Se puede votar hasta el 21 de agosto. Muchas gracias por el honor que ya hemos recibido.

04 agosto, 2011

El Petöfi rus



Fa quatre dies que es compliren cent seixanta-dos anys des de que Sándor Petőfi, el famós poeta romàntic hongarès va ser vist per últim cop. Era el 31 de juliol de 1849 a les sis en punt del capvespre. Fugia a peu de la batalla de Segesvár (Sighişoara) —perduda pels rebels hongaresos contra l'exèrcit del Tsar Nicolau I— cap al poble saxó transilvà de Teufelsdorf (Vânători), i quatre soldats de la cavalleria russa galopaven darrere d’ell encalçant-lo.

Què va passar llavors és incert. El cos de Petőfi no va ser identificat entre els morts. Un mite d’esperança va néixer aleshores, i es va difondre que va ser agafat presoner pels russos, portat a Sibèria on va fundar un poble d'exiliats, va seduir la filla d'un general rus, o va treballar en una mina «però tothom sabia qui era, perquè en el seu barret va penjar una cinta amb els colors nacionals, i al damunt va escriure ‘Alexander Petrovich’…»


Feia molt de temps que Alexander Petrovich era mort quan Sándor Petőfi va arribar a Rússia. Això va passar dins l’any 1939, i va ser el futur guanyador del premi Nobel, el poeta Borís Pasternak, qui el va introduir dins la vida literària russa, on el van acollir  fervorosament. A. Pozdnyakov el descriu així en el seu estudi sobre les traduccions de Pasternak (2010):

«Pel que fa a la poesia hongaresa, Pasternak va traduir gairebé quatre mil versos de l’obra de Sándor Petőfi. Va conèixer els textos del poeta hongarès el 1939 per primer cop, i llavors va traduir el poema "Al final de setembre", tantes vegades citat en les antologies, originalment escrit només deu mesos abans de la mort del poeta al camp de batalla de Segesvár. Pasternak digué que ja aquest primer encontre amb la poesia de Petőfi va aixecar un viu interès cap a ell. "Primer em deixava fred, però aviat vaig descobrir alguna cosa dins d'ell que m’era propera i que em va estimular. Jo havia estat interessat en Lenau, i estava sota la seva influència, i aquest hongarès d'alguna manera em va recordar a Lenau, a Franz Liszt i d’altres, potser a través de l'origen i la cultura comunes, no sé, però en qualsevol cas va ser un plaer entrar en contacte amb ell. He recollit les millors traduccions meves dels seus poemes al llarg dels darrers anys, i aquí les publico” — va escriure en la postdata a les seves traduccions selectes, l’any 1991. Les seves primeres traduccions de Petőfi s’havien publicat al volum de Traduccions Selectes, el 1940.»


És important qui tradueix un poeta per primer cop a una llengua. El geni de Pasternak certament ha contribuït a que els russos sentin Petőfi com un autor propi. Voliem incloure aquí una declamació russa de «Al final de setembre» com a il·lustració, però no vam ser capaços de trobar-la a la xarxa russa (si algú coneix una font li quedarem molt agraïts). El poema «Si ets una flor» és l'únic d'entre les traduccions de Pasternak del qual tenim una versió d'àudio. (Re-llegint-lo ara a la llum de l'aniversari, hom no pot evitar notar com el darrer, blasfem, vers concorda amb el nom del poble saxó on va ser vist per última vegada).


Petőfi: Если ты цветок…

Fa leszek, ha fának vagy virága.
Ha harmat vagy: én virág leszek.
Harmat leszek, ha te napsugár vagy
Csak hogy lényink egyesüljenek.

Ha, leányka, te vagy a mennyország:
Akkor én csillagá változom.
Ha, leányka, te vagy a pokol: (hogy
Egyesüljünk) én elkárhozom.
Если ты цветок — я буду стеблем,
Если ты роса — цветами ввысь
Потянусь, росинками колеблем, —
Только души наши бы слились.

Если ты, души моей отрада,
Высь небес — я превращусь в звезду.
Если ж ты, мой ангел, бездна ада —
Согрешу и в бездну попаду.
Jo seré un arbre si ets les seves flors,
o seré jo la flor si tu ets rosada;
o rosada seré, si ets raig de sol,
només per estar sempre unit a tu.

La meva nina, si ets el cel
seré l'estel que més s'enfila.
La meva nina, si ets foc de l'infern,
moriré condemnat per estar amb tu.


Una de les edicions russes més populars dels poemes selectes de Petőfi va ser publicada el 1969 a Moscou, per l’editor Художественная Литература, amb els dibuixos del ben conegut trio d'il·lustradors G. A. V. Traugot. Fa molt de temps vam trobar una versió escannejada del llibre en la xarxa russa, i pensàrem que un dia publicaríem l'emocionant dedicatòria que l'acompanya. Avui és un bon moment per fer-ho.

«Cadascú de nosaltres té un poeta favorit, de vegades més d'un. I sovint hi ha un poeta que va amb tu al llarg de tota la vida, mai l’oblides, i tens un sentiment especial cap a ell, com la persona més a prop teu i que més estimes. A vegades no notes que compares moltes de les teves accions, pensaments i fins i tot alguns períodes crítics de la teva vida amb aquests poemes i el seu creador. Mai no us ha passat a vosaltres? A mi sí. Vaig conèixer aquest volum quan va ser publicat, temps enrere, en el llunyà 1969. Jo tenia poc més de vint anys. Em vaig enamorar d’aquests poemes i més tard del seu autor, del qual he llegit tot el que s’ha publicat en rus. Hi ha hagut períodes, anys, en els quals no obria aquest llibre, però mai he oblidat els seus poemes. Tot el que hi ha en aquest volum ho sé de cor… Després d'un retard llarg vaig decidir escannejar-lo i publicar aquest llibre, que estim tant—precisament aquest, tot i que tenc també un volum amb la seva poesia completa en la meva biblioteca. No sé per què vaig esperar tant de temps. Potser temia que algú trobàs ridícula la meva afició a aquest poeta, o que aquesta poesia no tornarà mai més a estar de moda. Però ara es troba finalment en línia, i jo m’he decidit a escannejar i publicar també en un futur pròxim el gran llibre escrit sobre Petőfi pel reconegut autor hongarès Gyula Illyés. I fixau-vos també en els noms dels traductors: Borís Pasternak, Leonid Martinov, Vilhelm Levik, Nikolai Chukovsky, Vera Inber, Nikolai Tikhonov.»

Petőfi, certament, no va morir a Rússia.

01 agosto, 2011

Leópolis



Lwów, Львів, Lemberg, לעמבערג (escrito como lemberg pero en la práctica pronunciado lemberik), Լվովի, Львов, Liov, Ľvov, Lvov, Лвов, Lavov, Leopolis, Léopol, Leopoli, Ilyvó. Pocas ciudades europeas –Venecia, Roma, París, Londres– comparten el privilegio de oír su nombre en tantos idiomas distintos y de ocupar un lugar de tanto privilegio en el mapa mental de tantos pueblos. En verdad eso fue hace tiempo. Esta ciudad, que durante seis siglos fue una de las principales puertas de Europa hacia el Este –para los tártaros, rusos y rumanos, Crimea y el Cáucaso, los turcos– y donde diez naciones y otras tantas confesiones convivían, fue engullida por el Imperio en septiembre de 1939, y al paso que los judíos, alemanes, polacos, armenios y otros desaparecían de allí, Europa olvidaba hasta su simple existencia. Ahora, cuando Ucrania experimenta una tímida apertura, la ciudad revive de nuevo como una puerta hacia Europa desde el Este, buscando explorar y explotar la antigua presencia de una variopinta cultura occidental, el «legado de Galitzia».

En español nos resulta muy difícil decidirnos por un nombre u otro. Hoy, como ciudad ucraniana, es Lviv en el idioma del país. Los rusos la siguen llamando Lvov, y las traducciones recientes de las obras literarias que la nombran, así como en las noticias de los diarios y en otros lugares españoles se decantan por esta última forma. A nosotros nos resulta extraña esta elección. También es forzado utilizar nuestro Leópolis, aunque la Real Academia Española recomiende usar el topónimo español, si existe, antes que la forma local. ¿Cuántos hablantes de español saben dónde está Leópolis? Serán solo unos pocos más, ciertamente, quienes sepan poner el dedo sobre Lvov, o Lviv. Así pues, Lwów, el nombre polaco de la ciudad, es el que nosotros preferimos, porque es en la raíz polaca, en aquella ciudad capital de Galitzia, donde reside buena parte de los aspectos que más nos atraen y desde donde vemos mejor la perspectiva, el núcleo quimérico de una comunidad diversa e imposible. En las entradas donde la nombremos, la ciudad será, pues, Lwów, pero intentaremos mantener las denominaciones coherentes con la circunstancia histórica de que estemos tratando.


Pasé mi infancia en una fea ciudad industrial. Me llevaron allá cuando apenas tenía cuatro meses de vida y luego, durante años, me hablaron de la ciudad excepcionalmente hermosa, Lwów, que mi familia tuvo que abandonar. Así, no es extraño que contemplara los edificios y las calles reales con un conmiserativo aire de superioridad, ni que de aquella realidad tomara solo lo que resultaba absolutamente imprescindible para vivir.
Adam Zagajewski: Dos ciudades


Es sorprendente que al forzar mi memoria contra el fluir del tiempo puedo recuperar la inocencia de nombres de calles como  Janow, Zmesienie, Piaski y Lackiego, que se empaparon de significados tan malos durante los años 1941 y 1942, cuando la ciudad quedó en un solo día vacía desde la calle Bernstein hasta el teatro, el Sloneczna y más allá, y luego se transformó en un barrio silencioso y muerto, con ventanas abiertas de par en par y cortinas ondeando al viento. No quedó ni un alma en los patios ni en las galerías. Solo unos pocos edificios dispersos se mantuvieron en las afueras, y después las ruinas fueron cubiertas por la hierba.
Stanisław Lem: El castillo alto


Mucho se ha escrito sobre los cafés de Lwów, y lugares como el «Café Szkocka», El «Atlas» o el «George» tienen a sus propios y devotos bardos. La historia de las posadas de Lwów ha pasado ya hace tiempo al terreno de la leyenda, una suerte de «texto de Lwów» ... Los polacos, ucranianos, judíos, armenios, alemanes todos ellos rezan cada uno en su casa de oración, pero pasan el tiempo juntos en los bares: al menos allí se toleran unos a otros.
Bogusław Bakuła: Palco, carnaval, revolución


Con este mapa comenzamos la reconstrucción de la ciudad perdida: queremos averiguar mediante las fotos de los visitantes de hoy qué resta de la antigua Lwów. Empezamos en el centro histórico de la ciudad, pero enseguida desplegaremos los mapas de los suburbios e iremos incrementando paso a paso el número de fotos. Los puntos grises indican una imagen que no ha podido ser localizada con exactitud, y si un punto se vuelve posteriormente rojo significará que ha merecido una entrada individual. El repaso al estado actual se complementará con la recopilación de viejas postales, otras fotos antiguas, dibujos y memorias. No tardéis mucho en volver por aquí.



Lwów, un otoño (1939)
Cracovia-Lemberg
Patios de Lwów
Timbres