15 marzo, 2015

Un cronista del Cáucaso

La Tiflis de Ermakov: La plaza del mercado (Maidan) de la ciudad vieja con la mezquita chií y el antiguo puente sobre el Kura


Esta historia suele empezar a contarse donde empiezan otras grandes historias: a orillas del Nilo y en Tierra Santa, con aquellos fotógrafos que, desde 1840 en adelante, en sus álbumes proporcionaban una visión popular del Oriente próximo al público europeo, pronto ampliada con las postales de los participantes en el Grand Tour victoriano y sus imágenes de las atracciones locales. De esto hablaremos más adelante. Pero nosotros partiremos de Rusia en un recorrido menos divulgado, de la mano de unos maestros que empezaron a tomar fotos en el Cáucaso y en Asia Central, y llegaron a Persia y Anatolia. Entre ellos —quizás no el primero pero uno de los más influyentes— estaba el fotógrafo Dmitri Ermakov, de Tiflis (1846-1916).


Tiflis (Tbilisi a partir de 1936), «la joya del Cáucaso», que había girado durante siglos en la órbita de la cultura persa y quedó bajo soberanía rusa sólo en 1801, con su mezcla de armenios, azeríes, georgianos, persas, rusos, alemanes, franceses, fue un puente cultural, político y comercial único —hasta una fecha tan relativamente próxima como 1917— entre Rusia, Europa Occidental y el Medio Oriente. Hemos mencionado que la revista satírica Molla Nasreddin que inspiró a un gran número de publicaciones similares desde Teherán a Bucarest, fue fundada por un editor en jefe iraní de Azerbaiyán, ilustrada por dos dibujantes alemanes locales y dirigida, en turco (azerí) y a veces en ruso, por un consejo internacional en Tiflis entre 1906 y 1917. Las raíces de Ermakov eran igualmente complejas. Su padre, Luigi Cambaggio fue un arquitecto italiano y su madre una pianista muy afamada de una familia austro-georgiana que más tarde adoptó, junto con su hijo Dmitri, el nombre ruso de su segundo marido

Molinos de agua en la ribera del Kura, en la crecida de 1893. Abajo: un detalle de la imagen. Otros detalles aquí


Ermakov se graduó en la academia topográfica militar de Ananuri, a un centenar de kilómetros al norte de Tiflis. Allí hizo su primera incursión en la fotografía, que en la década de 1860 ya formaba parte regular de los planes de estudios de las academias militares. Poco después, a principios de los años 70 abría su estudio fotográfico particular en Tiflis, en la Dvortsovaya que para entonces se había convertido en la calle de los fotógrafos. Fue aquí donde en 1846, sólo siete años después de la invención de la fotografía, Henrik Haupt dispuso el primer estudio de Georgia, y aquí funcionó también el estudio «Rembrandt» del mayor fotógrafo contemporáneo georgiano, A. Roinashvili. Es muy probable que Ermakov  se hiciera cargo también de otro estudio que ya estaba instalado antes, el de Ivanitsky, inaugurado en 1863.

La Dvortsovaya en la década de 1870. Foto de Ermakov

Poco después de la apertura del estudio, Ermakov se convirtió en miembro de la Société Française de Photographie, por entonces la más prestigiosa. No sabemos quien lo promocionó como miembro de esta sociedad que tiene una estricta política de admisión. Lo seguro es que ya envió 17 imágenes a la Bienal de París de 1874, todas ellas de la ciudad de la costa del Mar Negro, Trebisonda (Trabzon), en Turquía. Por entonces parece seguro que tuviera también allí un estudio, pues han sobrevivido un montón de fotos suyas de la región en este período.

Un mulá persa de Batumi

A finales de los años 70 fue ampliamente reconocido como fotógrafo de categoría. Ganó premios en numerosas exposiciones en Moscú, Italia, Turquía y Persia. Su presencia en este último país le llevó a tomar regularmente fotos de la corte persa y de muchas familias aristocráticas hasta serle concedido el título de fotógrafo de corte del Sha.

Zeli-Sultan, hijo del Sha de Persia, en uniforme austro-húngaro  (!)

«En la galería de la corte del Sha de Persia hay un gran número de pinturas que representan al propio Sha: en su mayoría, obras mediocres. En estos días, sin embargo, tuvimos ocasión de ver un gran retrato de medio cuerpo del Sha, pintado por el artista de Tiflis Sr. Kolchin tomando modelo de una fotografía del Sr. Ermakov. Quien haya visto anteriormente algún retrato del Sr. Kolchin, Shishkov, Korganov o Penchinsky, no se sorprenderá por la brillante calidad de este retrato. Pronto, este cuadro será entregado a la corte de Teherán, donde, al parecer, esta será el primer objeto de arte ruso».

— Escribía en 1884 el periódico de Tiflis Kavkaz. Esta noticia arroja una luz interesante sobre una aplicación de la fotografía típica de finales del siglo XIX: servir de modelo para retratos pintados, ahorrando así las largas horas de pose del modelo. Ermakov incluso tuvo por un tiempo un taller compartido con Pyotr Kolchin en Tiflis; y uno de los más grandes fotógrafos de Estambul, Pascal Sébah hacía fotos de modelo para el pintor de moda otomano Osman Hamdi Bey.

Derviche persa

La reputación y el entrenamiento militar de Ermakov le ganaron el nombramiento de fotógrafo oficial del frente del Cáucaso en la guerra ruso-turca de 1877-1878. En tanto que sus fotos fueron consideradas documentación militar no han estado disponibles.

Médicos y enfermeras, y (abajo) oficiales georgianos tomando un respiro en la guerra ruso-turca


La pasión y especialidad de Ermakov, sin embargo, era la fotografía etnográfica. Hizo largos viajes a los valles más remotos de la región del Cáucaso, en Asia Central y Anatolia, donde fue el primero en tomar fotos de los habitantes de pueblos de diferentes nacionalidades.

Hombres y mujeres de las montañas georgianas


Teniendo en cuenta las necesidades de la tecnología disponible entonces, la enorme cámara, las grandes —por lo general de 50 × 60 cm— placas de negativos de vidrio utilizadas preferentemente por Ermakov, y el cuarto oscuro portátil, estas excursiones eran verdaderas expediciones con caravanas de mulas y tiendas de campaña. Y además, en su mayoría, por terrenos montañosos donde ni siquiera era tarea sencilla organizar expediciones militares.

Una foto de la serie de carreteras militares georgianas

La fotografía etnográfica no era tan sólo una pasión, también significaba una buena inversión para la empresa de Ermakov. Para los círculos sociales de San Petersburgo y Moscú, el Cáucaso era desde Pushkin y Lermontov el exótico Oriente, la tierra de una intacta, noble sencillez y de un misterioso atractivo, al igual que el norte de África lo era para el artista europeo occidental contemporáneo. La inimaginable diversidad étnica del Cáucaso se puso difundió desde el principio del siglo en un gran número de álbumes grabados y litografías para el público culto. Con los años, Ermakov publicó ciento noventa y dos álbumes similares con sus propias fotos sobre las etnias, pueblos y ciudades, las carreteras y los monumentos de la región del Cáucaso. En su catálogo impreso se promocionaba, ya en el cambio de siglo, con un asombroso stock de 25.000 fotos.

Catálogo de Ermakov, 1901

Comerciantes de gorros de piel en el bazar de Tiflis

Sin embargo, lo que capta el espectador de hoy en la mayoría de fotos de Ermakov es su atención al modelo no como curiosidad etnográfica, sino como persona; una atención que elimina la distancia en tiempo y cultura y crea una relación entre nosotros y el modelo; una sensibilidad que es privilegio de muy pocos fotógrafos, entonces y ahora.

Hombre turco

Princesa Lazareva en vestido tártaro

Hombre persa

Al morir Ermakov en 1916 el conjunto de su enorme material fotográfico fue comprado por la Universidad de Tiflis, de donde más tarde llegó al Museo Estatal de Tbilisi. Las décadas que siguieron no fueron favorables a su publicación. Hasta donde hemos podido averiguar, no se hizo álbum, monografía o exposición importante alguna. Algunas de las fotos vendidas por él a Occidente fueron finalmente exhibidas en la década de 1990, pero no conocemos ningún catálogo. Sus álbumes originales son una rareza incluso en las grandes bibliotecas. Sólo tenemos noticia de algunos cientos de fotos de un legado de muchos miles. Si alguna vez se hacen públicas, será un acontecimiento muy importante.

El viejo puente del Maidan y porteadores de agua con sus caballos

El hijo de Ermakov, primer psicoanalista ruso, murió preso en 1941, víctima de las purgas estalinistas. Un bisnieto de Ermakov vive hoy en Moscú. Es diseñador y fotógrafo, un buen fotógrafo por cierto. En su blog de vez en cuando publica alguna foto escaneada de la herencia de su bisabuelo. Él es una de las fuentes más abundantes de las imágenes que reproducimos aquí.

Dama georgiana

Otra fuente importante es la colección de la Biblioteca Pública de Nueva York, en concreto el legado de George Kennan que ellos digitalizaron. George Kennan fue el primer estadounidense, en la década de 1870, en viajar a través del Cáucaso, donde compró montones de imágenes de fotógrafos locales. Entre ellas figuran algunas de Ermakov. Lo sabemos porque a veces así anotó su nombre el propio Kennan, o por los títulos característicos del autor impresos en minúsculas cirílicas. Es muy probable que otros legados contemporáneos también incluyan fotos compradas a Ermakov.

Casa de Tiflis

Una tercera fuente es el sitio web de Rolf Bruto que en la década de 1980 dio una conferencia en Tbilisi. Al ser amigo del director del museo, recibió algunas pruebas de impresión de fotos de Ermakov hechas para exposiciones y calendarios locales, que de otro modo habrían acabado en la papelera. Ahora, pasados veinte años, las ha publicado en Internet. Una parte ya era bien conocida, pero hay una veintena de fotografías publicadas aquí por primera vez.

La calle que conduce al Jardín Botanico, con la mezquita suní

Hemos intentado poner en el siguiente mapa de la región del Cáucaso las casi trescientas fotos de Ermakov que hemos logrado recopilar, pero es más un fondo evocador que la localización precisa, pues la mayoría de imágenes disponibles son de Tiflis. Es seguro que as escenas representadas en la mayoría de ellas ya no existen. El bazar, la mezquita chií, el famoso puente del Maidan, los edificios más bellos y característicos de la antigua Tiflis se destruyeron todos. Hoy día solo se puede respirar el ambiente de las fotos de Ermakov en el barrio Avlabari, del cual no tenemos muchas fotos suyas. Del antiguo Tiflis, sin embargo, tenemos una gran colección de fotos tanto de Ermakov como de otros fotógrafos. Queremos publicarlas vinculándolas al punto correspondiente de algún mapa de fin-de-siècle de la ciudad respectiva, reconstruyendo así  la antigua Tiflis perdida.

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J. Grassl: Karte des Kaukasischen Isthmus, 1856. • Vista rápida (5 MB)Original (21 MB)

Mujer armenia con un niño, de Shusha

Después de publicada esta entrada ha aparecido otra serie de fotos de Ermakov. Ya no las sumaremos al mapa de arriba, sino que las dispondremos en forma de mosaicos con los que iremos ampliando gradualmente esta colección para ofrecerla a los interesados.

Judío de Akhaltsikhe, al sur de Georgia

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Territorio kubán, aúl de Biberdov, mujeres abjazas

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Akhtani, entrada a la iglesia

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Tiflis, arrastre de una viga de 24 arshin con una yunta de bueyes

08 marzo, 2015

La Revolución del Día de la Mujer

«Los días de la revolución. Rellenando documentos policiales de viaje»

Todo el mundo sabe cuándo fue la Revolución de Octubre. En noviembre. Pero ¿cuándo fue la Revolución de Febrero que la precedió? En marzo, por supuesto. Exactamente el 8 de marzo, el Día de la Mujer.

Manifestación de las trabajadoras de la planta Putilov de Petrogrado (hoy San Petersburgo) el 8 de marzo de 1917 (según el calendario juliano, 22 de febrero). Las pancartas dicen: «¡Alimentad a los hijos de los defensores de la patria!» «¡Subid el sueldo a las familias de los soldados – defensores de la libertad y la paz mundial!»

El Día de la Mujer se celebró por primera vez el 8 de marzo de hace exactamente 101 años, en 1914. A pesar de que las mujeres trabajadoras a lo largo de Estados Unidos y Europa lo celebraban desde 1908 en uno de los primeros domingos del mes de marzo, vinculándolo cada vez más al clamor por los derechos de voto de las mujeres, cayó el 8 de marzo por primera vez en 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, y por segunda vez en 1917, en vísperas de la revolución.

Aquel domingo casi cincuenta mil trabajadoras de Petrogrado —los puestos de los hombres reclutados los ocupaban principalmente las mujeres en la mayoría de fábricas— salieron a la calle, exigiendo pan y el final de la guerra. Las protestas continuaron al día siguiente, y al tercer día todos los trabajadores de la planta de Petrogrado se declararon en huelga. La Duma buscó en vano la ayuda del zar en el frente, quien sin percibir el peligro disolvió la Duma airadamente. Las tropas organizadas para defender la capital se mostraban cada vez más favorables a los manifestantes. El 13 de marzo, recordando la práctica de la revolución de 1905, se formaron consejos de trabajadores y soldados. A petición de los representantes de la Duma, el zar abandonó y se estableció un gobierno provisional. Y diez días después Alemania, para desestabilizar aún más la situación en Rusia, enviaba a casa desde el exilio suizo, con pasaportes alemanes y a expensas del Estado alemán, a Lenin y sus compañeros que en las tesis de abril proclamaron el mantenimiento de la revolución hasta la victoria final del comunismo.

«Los días de la revolución. El coche-trineo del antiguo zar»

Las siguientes cincuenta y cuatro fotos, que documentan los primeros, agitados días de la Revolución de Febrero, se han publicado solo recientemente en Internet. Los originales se conservan en el Museo Estatal Ruso de Historia Política, y según los escasos datos disponibles, provienen de la colección de Ion Dicescu.

«23 de marzo. Funeral por las víctimas de la revolución. Visión del total de las pancartas»

Ion Dicescu, de nombre ruso Ivan Osipovich Dik (1893-1938), era hijo de un pintor de brocha gorda de Bucarest. A los dieciocho años ingresó en el Partido Socialdemócrata y se convirtió en reportero del periódico del partido. En 1916, cuando Rumania entró en la Primera Guerra Mundial, luchó en Transilvania. Fue herido durante la retirada y lo atendieron en uno de los hospitales de campaña rumanos establecidos en la aliada Rusia. A principios de 1917 fue trasladado a San Petersburgo donde entró en contacto con el Partido Bolchevique. En abril se unió al partido, y se convirtió en periodista de Pravda. Desde la Revolución de Octubre luchó con los guardias rojos. En 1924, junto con otros comunistas rumanos en el exilio, redactó una propuesta formal para el establecimiento de la República Socialista Soviética de Moldavia, que en ese momento era sólo una estrecha franja —aproximadamente la actual República de Transdnistria—, en previsión de la re-anexión de la  Besarabia rumana. En 1938, fue ejecutado por cargos de espionaje.

Las fotos que se conservan en la llamada Colección Dicescu no fueron probablemente tomadas por él mismo. Sus excelentes composiciones apuntan a fotógrafos de prensa de primera categoría, de los cuales —como veremos más adelante— había más de uno en San Petersburgo a principios de siglo. Las leyendas que acompañan a las imágenes podrían sugerir que son duplicados editoriales de fotos de prensa producidas por o vendidas a Pravda. Valdría la pena comprobar si se publicaron en Pravda o en otros diarios. Es cierto que después de la Revolución de Octubre algunas de ellas fueron publicadas en formato de tarjeta postal.

«Los días de la revolución. Avenida Nevsky»

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«23 de marzo. Funeral por las víctimas de la revolución. Cortejo fúnebre en la Avenida Nevsky. La pancarta dice: «Cayeron víctimas en el combate mortal», versículo de inicio de la marcha fúnebre de los trabajadores. Para sus diferentes versiones, ver nuestra entrada anterior. en «Poemas del río Wang»

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«Los días de la revolución. Barricadas en la Avenida Liteyny»

04 marzo, 2015

Propaganda revolucionaria

«¡Ei! He dejado mi sotana, a pesar de todos mis parientes. Que Dios me condene si alguna vez
la recojo. ¡Ei! Que se haga cura quien así lo quiera.

Las revoluciones y las contrarrevoluciones han usado por igual la propaganda. Vale para sus fines todo tipo de textos e imágenes, y cada grupo social o ideológico, como hemos visto en la entrada anterior, los recicla de la manera que considera más eficaz.

Hoy tenemos aquí cinco grabados nacidos alrededor de la Revolución Francesa, de 1789 a 1795.


Marco Beasley, Accordone – Marcia delle truppe Sanfediste. Del CD Fra Diavolo: La musica nelle strade del Regno di Napoli (2010)
Versión contrarrevolucionaria de La Carmagnole, cantada en 1799 por los Sanfedisti, movimiento popular contrario a la República de Nápoles, que movilizó a los campesinos y los bandidos con el apoyo de la Iglesia. El movimiento se levantó en Calabria, bajo el mando del cardenal Ruffo y dio lugar a disturbios contra los franceses.

Los revolucionarios organizaron asambleas donde eran libres de decir lo que querían. Este
enigmático grabado (1790) muestra un club como escenario teatral. Los actores
representan un simulacro burlesco del régimen, sobre todo de la duplicidad
del rey (de ahí la referencia a Hechos 23 y al hipócrita sanedrín), con el
baile del rey en la cuerda floja asistido por un sacerdote (la Iglesia)
que sostiene la Constitución al revés. Los personajes que bailan en la
escena podrían ser ciertos aristócratas disfrazados. La mujer bien
vestida, tal vez Theroigne de Méricourt, dirige la orquesta con
ayuda de dos asistentes. El público, cautivado,
aguarda el desenlace.

Después de 1792, las guerras —tanto civil como externa— que siguieron
a la Revolución crearon un nuevo tipo de francés, al menos en la
propaganda revolucionaria: «La muerte a las ratas» — 
Distintos decretos revolucionarios adornan su pica.

En 1793 el diablo enfermó de un empacho de sans-culottes. Parece simbolizar una facción
moderada que había tratado de suprimir a la más radical, pero el intento fue demasiado
pesado de digerir, y más fuerte que el mismo diablo. Se da por vencido y huye a la
«Société des Frères et Amis» –Sociedad de Hermanos y Amigos–, una de las
sociedades de izquierda radical durante el reinado del terror. Al fondo,
un carro está esperando para llevar a la guillotina a los convictos
que el diablo ha devuelto en su vómito.

Tras el Terror, este grabado muestra a un jacobino, un partidario de Robespierre,
fraternizando con la Discordia ante los despojos de una aldea en llamas.

Y la última palabra la tiene esta auténtica «Guillotina Ordinaria»:
«¡Una buena ayuda para la libertad!», ciertamente.

02 marzo, 2015

Disolución: la serpiente

Luciano Ramo: ¡Atención, la serpiente alemana está atrapada! Ahora debemos
arrancarle los colmillos venenosos! Brescia, F.lli Geroldi 1916. (¿Alguien
puede interpretar la manera en que la mano
agarra el cuello de la serpiente?)

Otto von Kursell: ¡Abajo el bolchevismo! El bolchevismo trae guerra y destrucción, hambre y muerte. 1919

La muerte de la mentira, ca. 1932-1933. Inscripciones: Marxismo, Plutocracia


Sergei Igumnov: Destruyamos a los espías y a los divergentes,
agentes Trotskistas-Bujarinistas del Fascismo 1937.
(El confuso título refleja la propia confusión de la ideología oficial. A pesar de que la serpiente
lleve un monóculo nazi, los alemanes son en este momento aliados potenciales, y muy pronto
efectivos, de los soviéticos. Por eso hay que hablar de otros enemigos en el cartel: trotskistas,
bujarinistas, o incluso fascistas, tal como se llamará todavía a los nazis
en el mundo post-soviético.
)

John Heartfield (nacido Helmut Herzfeld, escenógrafo de Bertold Brecht):
Exigimos la prohibición de las armas nucleares, 1955

¡Derrotaremos al alcoholismo! Póster soviético de la campaña por la sobriedad de los años 60.