29 mayo, 2024

San Jorge armenio

San Jorge no solo es el veneradísimo patrón de los georgianos, también lo es de los armenios. Su cuerpo, además, fue primero sepultado en una iglesia armenia, en Mughni, de donde en el siglo XIII se trasladó a la iglesia del monasterio armenio de San Jorge de Mughni, en Tiflis. O, al menos, su cráneo. Es cierto que el cuerpo del santo también es venerado en la iglesia de Lydda en Tierra Santa y tiene repartidas reliquias en otras iglesias, pero lo importante para los armenios era poder mantener el orgullo de tenerlo en su país. Algo parecido ocurre con San Bartolomé Apóstol: uno de sus cuerpos se conserva en una iglesia armenia de Irán y el otro en Roma, en la Isla Tiberina.

Iglesia de san Jorge de Mughni, Tiflis a fines del s. XIX. Foto de Dmitry Yermakov

San Jorge también preside, junto con sus dos santos colegas jinetes, san Teodoro y san Sarkis, uno de los monasterios armenios más famosos, Akhtamar en la isla del Lago Van, sede del arzobispado armenio desde su fundación hasta 1915. Aunque, como escribí, San Jorge empieza a montar a caballo en la Georgia del siglo X para derrotar al enemigo –primero el emperador perseguidor de cristianos y solo después el dragón devorador de hombres–, la representación visual más temprana como jinete figura en la pared exterior norte de la iglesia armenia en Akhtamar, construida entre 915 y 921.

Y san Jorge también protege la puerta de un tercer monasterio armenio, el famoso Msho Arakelots, es decir, la Iglesia de los Santos Apóstoles en Mush. Según la tradición, el monasterio fue fundado en 312 por San Gregorio el Iluminador, el apóstol que evangelizó a los armenios. Allí se guardaban las reliquias de tres apóstoles –san Pedro, san Pablo y san Andrés–, de ahí el plural de su nombre. Los terratenientes de la zona, la antigua familia aristocrática armenia Tornikian, reconstruyeron el monasterio en 1125. Su puerta, una pieza sobresaliente del arte medieval armenio, también fue construida alrededor de esa época y, según indica su inscripción, la fundieron Toros, Grikor y Ghugas en 1134.

Los dos metros de altura del marco de la puerta están cuajados de figuras humanas y animales, y sus dos hojas de motivos geométricos y palmas. Estos motivos provienen claramente de las iluminaciones de los manuscritos armenios. Dado que los armenios, como monofisitas, consideraban problemática teológicamente la representación pública de efigies humanas, su arte figurativo tuvo que florecer en las páginas ocultas de los manuscritos, y de allí pasaría en ocasiones excepcionales a superficies públicas, iconos, tallas de madera y piedra, como lo comentaremos en otra entrada. Buenos ejemplos de esto son los animales fantásticos del marco de esta puerta, cuyo medio ambiente habitual es el margen de los manuscritos.

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Más o menos en el centro del marco superior San Jorge cabalga derribando a un dragón que se enrosca. Su nombre se inscribe a la derecha de su cabeza para distinguirlo de otros santos a caballo, Teodoro, Sarkis o Demeter: ՍԲ Գ[ե]ՈՐԳ, Sb. G[e]org. Una sangrienta escena de batalla se desarrolla a su alrededor. A la izquierda, un soldado armenio sopla la trompa, y un soldado montado galopa tras otro al que atraviesa con su espada. A la derecha, un soldado en su montura representa al ejército del cual el soldado victorioso avanza en vanguardia.

Este soldado vencedor es David de Sasún (Davit Sasunc’i), y la escena dibuja uno de los clímax heroicos de la épica popular armenia del siglo VIII. En este relato los conquistadores árabes del siglo VII llegan hasta el Lago Van pero el rey de la provincia armenia de Vaspurakan los rechaza después de una dura contienda. Aquí David de Sasún desempeña un rol decisivo al matar con sus propias manos al Sultán egipcio Melik, líder de los árabes. Además de la bravura de David también la intercesión divina se suma a la victoria sobre los infieles. Esto aparece simbolizado en la figura de san Jorge integrada en la escena de batalla –o más bien proyectada en una capa de comentario trascendente de la escena–, prometiendo así una ayuda futura en situaciones similares de angustia que puedan sufrir los armenios.

El monasterio de Msho Arakelots fue reconstruido en circunstancias parecidas. En 1064, los turcos selyúcidas tomaron el reino armenio de Bagratuni y en su territorio establecieron varios emiratos. Uno de estos, Shah-Arman, se ubicaba al norte del Lago Van. Su centro era Ahlat, que aún se jacta de tener miles de hermosas lápidas hechas por canteros armenios para los musulmanes. Los terratenientes cristianos no fueron expulsados inicialmente y trataron de contrarrestar la creciente islamización fundando monasterios e iglesias. Entre ellos estaba la rama Tornikian del clan Mamikonian, que había representado un papel heroico en la protección del pueblo y la religión armenia durante mil años. Eran los señores de la localidad de Taron, ahora Muş. En 1125 renovaron y ampliaron el monasterio de Msho Arakelots, fundado en 312. Entre los siglos XI y XIII el monasterio creció como uno de los centros más prominentes de la cultura y la educación armenia. De aquí procede el gigantesco manuscrito ilustrado de los “Sermones de Mush” que después de una carrera azarosa se conserva en el Museo de Manuscritos de Ereván. Y no es por casualidad que la puerta de madera encargada por aquel clan en 1134 se decorara con elementos clave de la defensa de la nación armenia, David de Sasún y san Jorge.

Colofón de los Sermones de Mush. El manuscrito, que pesa 28 kg, fue elaborado entre 1200 y 1202 usando la piel de 600 terneros en el monasterio de Avag cerca de Erzincan, destruido en 1915. Fue escrito por Vardan Karnetsi e ilustrado por el monje Stepanos por encargo de un cierto comerciante Astavtsur. Astavtsur murió un año después, durante la invasión mongola, y el manuscrito fue robado por el juez turco de la ciudad de Ahlat, quien lo ofreció para su compra. Los monjes del monasterio de Msho Arakelots reunieron el dinero exigido, 4,000 piezas de plata (aproximadamente 20 kg de plata pura), entre los fieles armenios y añadieron la historia de la adquisición al manuscrito comprado. En 1915, después del saqueo turco del monasterio, dos mujeres armenias en fuga llegaron aquí para pasar la noche y encontraron el manuscrito. Lo cortaron por la mitad y cada una se llevó una parte. Una de ellas llegó pronto a Etchmiadzin, donde entregó su mitad al monasterio. La otra, sin embargo, murió mientras huía, en Erzincan, pero tuvo tiempo de enterrar su mitad en el jardín del monasterio local. Allí fue encontrado por Nikolai de Goberti, un oficial de la avanzadilla del ejército ruso, quien lo llevó a Tiflis y lo donó al museo armenio local. Los dos pedazos se encontraron solo catorce años después en Etchmiadzin. Hoy se conserva en el Museo de Manuscritos Matenadaran en Ereván, aunque diecisiete páginas acabaron en el monasterio armenio de San Lazzaro en Venecia, y una más en la Biblioteca Nacional de Viena

El cementerio del monasterio de Msho Arakelots antes de 1915. De una publicación mequitarista de 1953, Viena

En 1915, el ataque directo contra los armenios comenzó el Día de San Jorge. Esa noche las autoridades otomanas arrestaron a casi trescientos líderes intelectuales armenios en Constantinopla, impidiendo así la coordinación central de cualquier resistencia. La mayoría de los arrestados fueron luego asesinados.

El ejército turco ocupó el monasterio de Msho Arakelots en mayo de 1915. Los monjes y el abad Yovhannes Vardapet Muratian fueron ejecutados y el monasterio saqueado y quemado. Los edificios que aún quedaron casi intactos fueron volados en 1960 por el entonces gobernador de Muş. Hoy solo quedan en pie los restos de la parte central de la iglesia principal dedicada a San Tadeo, primer apóstol de Armenia, en la árida colina cerca de Muş, sin vereda alguna que conduzca a ella. El monasterio vive solo en el recuerdo de los refugiados, como en la historia de Vigen Galstyan, donde la tía Angin después de mucho insistir desgrana con voz desprovista de emoción toda su vida.

“... habló de una familia próspera que vivía en un gran pueblo cerca de Mush no lejos del lago Van en una casa de piedra de dos plantas donde crecieron cinco hermanos jugando en un olivar después de regresar de la escuela que les enseñaba aritmética y costura para formar a las niñas como inteligentes amas de casa al igual que la madre que tejía alfombras y organizaba grandes fiestas cuando la familia iba al monasterio de Msho Arakelots durante las festividades donde los aldeanos cantaban y bailaban juntos hasta que un día en 1915 empaquetaron lo que pudieron en un carro y huyeron bajo la cobertura de la noche del ejército turco que los perseguía por las montañas peladas donde la madre de Angin tuvo que dejar a su recién nacido bajo una roca para que no los atraparan y de algún modo llegaron a Bagdad para encontrar refugio en huertos de palmeras datileras en los que dos de los niños murieron de fiebre antes de que el padre los llevara de nuevo de camino con otros sobrevivientes moviéndose de Irak a Irán hasta que su caravana llegó a Armenia Soviética en 1922 para reconstruir sus vidas destrozadas al otro lado de la Montaña Sagrada...”

Las ruinas de la iglesia de san Tadeo de Msho Arakelots, hoy

El monasterio de Aghtamar también fue asaltado en mayo de 1915 por el ejército turco y por saqueadores kurdos. Los monjes fueron masacrados. A partir de entonces la isla fue usada como campo de tiro y los relieves externos y los frescos del interior fueron irreversiblemente dañados. En 1951 solo Yaşar Kemal, el escritor kurdo-turco nominado al premio Nobel, logró evitar la inminente demolición de la iglesia. Más tarde, en 2010, el estado turco tuvo la idea de restaurar la iglesia de manera grandilocuente, para enfatizar la tolerancia étnica y religiosa de los turcos y su respeto por los monumentos, cosa de la que pueden dar fe, aparte de los miles de pueblos e iglesias armenias, griegas y siríacas arrasados, tantos pueblos antiguos de nuestra Hungría. Varias entidades armenias y turcas han denunciado la naturaleza tendenciosa de esta restauración. Algunos relieves fueron completamente tallados de nuevo, pero los rostros  de san Jorge y sus caballeros adláteres aún ilustran bien el tratamiento especial que recibieron estos monumentos armenios.

La reliquia del cráneo de san Jorge desapareció de la iglesia de san Jorge de Mughni en Tiflis en 1921, tras la entrada de los bolcheviques. Pero los armenios de Tiflis seguían venerando el templo y después de la independencia de Georgia, cuando la Iglesia georgiana reclamó todas las iglesias de Tiflis, se negaron a entregarla. La iglesia fue devastada por vándalos a principios de los 2000 y, como si esto no bastara, su cúpula fue alcanzada por un rayo en 2009. Aún así, allí sigue. Abierta como un cráneo partido en dos de un mandoble. Un bosque de árboles de zumaque brota de la hendidura.

A pesar de la destrucción del monasterio de Msho Arakelots, la puerta no pasó inadvertida a los arqueólogos alemanes que, como aliados del imperio otomano, permanecían en el país. Solicitaron permiso para llevársela a Berlín, al igual que treinta años después los buenos vecinos cristianos de los judíos deportados pedían permiso para encargarse de custodiar sus pianos. Sin embargo, la puerta solo llegó a Bitlis –en armenio, Baghesh–. La ofensiva del ejército ruso alcanzó la ciudad y los soldados turcos que habían saqueado el monasterio huyeron. La puerta quedó en la ciudad y junto con el botín fue encontrada por el destacado historiador y arqueólogo armenio Smbat Ter-Avetisian, quien acompañaba al ejército ruso para salvar el patrimonio cultural armenio que aún no había sido destruido. La transportó a Tiflis para un futuro museo armenio, y de allí fue en 1925 a Ereván, donde este museo al final quedó establecido.

«Salvó a otros, pero no pudo salvarse a sí mismo», se burlan de Jesús colgado del madero de la cruz en el Evangelio. San Jorge, entronizado triunfalmente en la puerta de madera de Msho Arakelots, no pudo salvar a otros, pero sí pudo salvarse a sí mismo. La puerta está hoy en la sección Armenia Occidental del Museo de Historia de Ereván.

01 enero, 2024

El pan de Año Nuevo

Yuval Harari escribe en Sapiens que el verdadero último gran invento de los hombres fue la agricultura, que transformó por completo la sociedad humana. Es bien sabido: hace ocho mil años, durante el proceso que se ha llamado la Revolución Neolítica, la humanidad pasaría de ser una red dispersa de cazadores libres a una compleja organización de producción, cuya eficiencia en la obtención de calorías aumentó enormemente pero cuyo mantenimiento exigía a la vez toda la energía disponible

El principal resultado y emblema de esta nueva situación es el pan, que, además de su función primaria de aportar energía y nutrir, fue pronto el símbolo más completo de la actividad propiamente humana por excelencia: la comunicación. Lo ha contado de manera admirable Predrag Matvejević. Donar y ofrecer pan, y recibirlo, acompaña los momentos más significativos de la interacción humana y divina. Y desde el Neolítico en adelante encontraremos miles de sellos que refuerzan este papel comunicativo del pan según diversos patrones.

En la mayoría de las culturas europeas, panes, tortas, hogazas, obleas o pasteles con estos sellos y figuras han ido desapareciendo. Pero en Cerdeña, donde otros aspectos neolíticos aún alientan en la vida cotidiana y persiste su presencia en miles de imponentes edificios de piedra, la ofrenda y entrega de panes decorados –su coccoi pintau– sigue siendo parte importante de la fiesta. Y sus diseños a menudo recuerdan los motivos neolíticos.

Las fotos de los panes y las otras de archivo provienen de la exposición del Museo Etnográfico de Nuoro

Los panes festivos suelen consagrarse en la iglesia antes de regalarlos. En tales casos, el sacerdote y los pobres de la comunidad también recibirán su parte. Cervantes usa en varias ocasiones la expresión «son tortas y pan pintado» para indicar algo que ha sido fácil de conseguir (p.e. Quijote II, 2). El origen de esta expresión es oscuro y poco aclarado por los anotadores cervantinos. ¿Tendrá relación con lo que aquí vemos y contamos del pan pintau sardo?

Una de las ocasiones festivas por antonomasia es, desde luego, una boda. En los tres días previos, las parientes femeninas –sas manus bellas, «las manos bellas»– se reúnen en casa de la novia para preparar juntas el pan nupcial. El trabajo suele ir acompañado de música y baile, por lo que también se puede considerar una especie de despedida de soltera. Los invitados recibirán los preciosos panes que se reparten en la casa donde se celebra la fiesta. Y se suelen guardar como recuerdo colocándolos bien visibles en la pared o en una vitrina. Visité el hogar de una anciana sarda cuya pared principal estaba cubierta con esos panes y era capaz de relatar toda su vida a partir de los recuerdos que cada pan tenía encadenados.

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Un pan en forma de niño se suele entregar como regalo de bautismo.

A veces –como en otros lugares de Europa– se hornean huevos junto con el pan de Pascua, símbolos de la fertilidad y riqueza deseadas.

El Día de los Muertos y en otras ocasiones en que se visite el cementerio, los difuntos también reciben un pan festivo como símbolo de unidad familiar. El valor alimenticio de este pan, por tanto, ha cedido completamente al simbólico y su decoración es aún más acusada puesto que permanecerá en la tumba durante cierto tiempo expuesto a la mirada crítica de los otros visitantes.

¿Es este un pan de alguien que falleció de covid? No, es un pan de bodas

Una de las ocasiones más importantes para ofrecer el pan festivo es el Día de san Marcos, el 25 de abril, cuando los rebaños son llevados a los pastos de montaña. Este día los pastores, sus familiares y los dueños de los rebaños se reúnen en una misa de despedida en las aisladas iglesias de pastores próximas a los pueblos. Los panes festivos se colocan en platos alrededor del altar y cada pastor llevará consigo un trozo del pan bendito a la montaña.

San Mauro shepherd church near Sorgono

Finalmente, la decoración del pan propia del Año Nuevo representa la riqueza y la prosperidad que se desea. Las simbolizan las figuras de animales domésticos, gallinas, ovejas, cabras. O, de hecho, el mismo pan, en forma de otros muchos pequeños panes, espigas de maíz y grano colocadas sobre el pan decorado como el principal símbolo de abundancia.

El «pan hermoso» en Cerdeña


17 julio, 2019

Juan de Valdés y las «fake news» en 1527


En efecto, las noticias falsas arrojadas desde los puestos más altos y autorizados sobre las desorientadas cabezas del vulgo –hoy una eficaz arma política que hemos dado en designar con el inglés fake news– tienen larga tradición. Los predicadores de nuestro Siglo de Oro, claro está, fueron bien conscientes de la fuerza de su palabra sobre el oyente devoto o ingenuo. Sabían que de las patrañas lanzadas desde el púlpito algo quedaría siempre rodando de boca en boca. Y no solo desde el púlpito: los inverificables «me han contado que…», «he oído decir…» o «sé de buena fuente que…» alcanzan vida eterna en calles y plazas, engordando a veces las más temibles reacciones.

El humanista Juan de Valdés (1505-1541) escribió una aguda carta al gran Erasmo de Rotterdam donde le revelaba una curiosa fake new que corría acerca de su esforzado traductor al español, el palentino Alonso Fernández de Madrid, más conocido como el Arcediano de Alcor (1474-1559), a quien Valdés tenía en gran estima («…el Enquiridión de Erasmo que romançó el Arcidiano del Alcor, que a mi parecer puede competir con el latino, quanto al estilo...», Diálogo de la lengua).

Enquiridión. Edición de Zaragoza, Jorge Coci, 1529

Vale la pena recordar la misiva, otra muestra más de la vivísima comunicación de aquellos humanistas, miembros de una República de las Letras que quisieron construir como un espacio superior de debate y convivencia (aunque no siempre pacífica). La carta está escrita en el momento en que las hostilidades hacia la obra de Erasmo se empiezan a declarar con virulencia en España y atacaban ahora a este Enquiridión o manual del caballero cristiano (1ª ed. 1526) que iba ganando una gran divulgación. Atendemos a la actitud crítica de Juan de Valdés, pero sobre todo nos atrapa su sentido de la realidad y su forma abierta, llena de inteligente humor, de enfocar los conflictos por encima de los manejos de aquella «gente oscura», como la llamaba el propio Erasmo (en la anécdota de esta carta interviene un franciscano. Léase luego la equilibrada ironía, siempre unida a serias observaciones, que dedica a esta orden el diálogo erasmiano Mendicantes ricos. Los franciscanos –Colloquia, 1ª ed., 1524–). He aquí el texto de Juan de Valdés:
A Erasmo
[Palencia, 23 de diciembre de 1527]

Opinor tibi esse auditum Archidiaconi Alcori nomen qui Enchiridion Hispanum fecit. Hoc quantum invidiae et autori et interpreti conflarit nec pueri ignorant, nisi qui nondum aere lavantur. Nec dubito, si liceret, quin utrumque monachi deglutirent. Ex his unus aliquis Ordinis divi Francisci habebat concionem in oppido quodam Palantiae proximo. Post illa publica verba quae ab istis in concionibus dici solent, coepit in Erasmi nomen debacchari: quod monachis non est novum. Atque hoc commento homines ab Erasmnica lectione deterrere conabatur. «Ecquid» inquit «isti expectant qui Erasmi Cherrion aut Chicharron prae manibus habet? qui in conciliabulis et viis publicis assidue legunt? quum elapsis diebus Archidiaconus del Alcor, ille, inquam, qui Eras. Enchiridion vertit, subito terrae hiatu fuerit absorptus». Omnes siquidem credebant rem vere accidisse. Aderat forte quidam qui habuit illac iter, quaestor diplomatum: qui Franciscani commentum in publica concione sic explanavit: «Verissimum est» inquit «terram subito hiatu Archidiaconum Alcor devorasse, it eum a monachis, pessimo hominum genere, separaret. Sed tamen revomuit Palantiae, ubi ego heri illum sanum et salvum vidi».

Traducción

Pienso que habrás oído el nombre del Arcediano de Alcor que españolizó el Enquiridión de Erasmo. Ni siquiera los muchachos ignoran cuánta odiosidad suscitó contra el autor y el intérprete. No dudo que si los frailes pudieran devorarían al uno y al otro. Uno de estos, religioso de la Orden de San Francisco, predicaba en una población cerca de Palencia. A continuación de aquellas palabras que esta gente acostumbra decir en sus sermones, empezó a desatinar furiosamente contra el nombre de Erasmo, cosa que no es nueva en los púlpitos ni en los claustros. Con esa invención suya, se proponía ajenar el espíritu de los oyentes de la lectura de las obras de Erasmo. «¿Qué esperan estos que no dejan caer de sus manos ese Cherrión o Chicharrón, que lo leen continuamente en reuniones y calles públicas, cuando uno de los pasados días la tierra se abrió y tragó al Arcediano de Alcor, aquél, digo, que tradujo el Enquiridión de Erasmo?». Todos creyeron en la realidad del hecho. Casualmente estaba allí de paso un recaudador de diplomas [bulas de la Cruzada], que dio, en el sermón mismo, esta referencia de la invención del franciscano: «Es verdad verdaderísima que la tierra se abrió repentinamente y se tragó al Arcediano de Alcor, pero fue para separarlo de la mala compañía de los frailes, la más rahez del mundo. Pero, no obstante, lo ha vomitado en Palencia, donde yo, ayer mismo, lo vi sano y salvo».

Narratio regionum Indicarum per Hispanos quosdam deuastatarum verissima priùs quidem per episcopum Bartholemaeum Casaum, natione Hispanum Hispanicè conscripta, & anno 1551. Hispali, Hispanicè, anno verò hoc 1598 Latinè excusa. Francofurti. Sumptibus Theodori de Bry, & Ioannis Saute typis. Anno M.D.XCVIII. Nota: En este ámbito de las guerras de información, no podemos ignorar cómo está activa y aún llena de amargura la disputa ideológica alrededor de la «Leyenda Negra», con dos libros recientes, el segundo de hace pocos meses: Imperiofobia y Leyenda Negra. Roma, Rusia Estados Unidos y el Imperio español, de  M. E. Roca Barea, y la respuesta directa de J. L. Villacañas, Imperiofilia y el populismo nacional-católico.

Aunque sin hacer que se lo tragara la tierra, años más tarde Jonathan Swift también mató sobre el papel, con bastante éxito, a un contrincante ideológico. Bajo el pseudónimo de Isaac Bickerstaff, Swift predijo la muerte de John Partridge en un folleto titulado Predictions for the Year 1708 («He consultado la estrella de su natividad con mi propia regla, y va a morir sin duda alguna el próximo 29 de marzo, a las 11 de la noche aproximadamente, de una fiebre terrible»). Acontecimiento que confirmó después en un segundo panfleto, The Accomplishment of the first of Mr. Bickerstaff's Predictions. Being an Account of the Death of Mr. Partridge. La gente daba por la calle las condolencias a la irritada señora Partridge y un sacerdote fue a verla para proponerle preparar el funeral... Un efecto a distancia de esta maniobra de Swift fue que la Inquisición española ordenó quemar los libros de aquel Mr. Bickerstaff por brujería, dado su certero y sin duda demoníaco poder de profecía. No hace falta comentar lo que le costó a Partridge volver a la vida cuando hasta la Compañía de Impresores ya lo había borrado de su registro de autores en ejercicio.