25 septiembre, 2018

La escalera


El monje griego empuja las dos hojas de la puerta. La primera luz del sol acaricia la fachada del Templo del Santo Sepulcro en Jerusalén. El atrio aún está vacío. En pocas horas se va a llenar de grupos de peregrinos, peruanos y africanos con ropas coloridas, uigures de largas túnicas blancas, monjes sirios con gorras bordadas… de todas las naciones bajo el cielo.


La Iglesia del Santo Sepulcro se levanta en el centro de Jerusalén como un olivo milenario podado una y otra vez, como un viejo elefante lleno de costras. La nave de la antigua basílica del siglo IV, que abarcaba la roca del Gólgota y la tumba de Jesús, llegaba hasta la calle principal de la ciudad orientada norte-sur, el cardo, hoy Suq Khan ez-Zeit o Beit Habad, la calle de los paños del bazar. Sin embargo, tras devastaciones de siglos, se ha ido convirtiendo en un robusto edificio de solo la mitad de su primera longitud, pero también expandido en multiples apéndices. Su fachada principal, frente a la plaza, es de hecho la antigua entrada del lado sur, que adquirió su forma actual por mor de las destrucciones de los califas fatimíes en 1009 y las reconstrucciones de los cruzados cien años más tarde (así es como se veía antiguamente, en un grabado de la guía de Tierra Santa de Bernhard von Breidenbach, de 1486, sobre la que ya hemos escrito).

El complejo de la Iglesia del Santo Sepulcro y, frente a ella, la Cisterna de Ezequías, visto desde la fortaleza otomana llamada Torre de David. El complejo está dominado por la Rotonda (o Anastasis, es decir, el lugar de la Resurrección) que se eleva sobre la tumba de Jesús, y el campanario truncado, de la era de las Cruzadas, a la izquierda de la entrada principal.

La estructura del complejo de la Iglesia del Santo Sepulcro, hoy (arriba) y en el siglo IV (abajo). A la antigua basílica se accede a través del propileo y el atrio oriental, ahora ocupado por el bazar. La entrada del lado sur, a la izquierda de la roca del Gólgota, se expandió posteriormente hacia la actual fachada principal.


El Templo del Santo Sepulcro, en la ed. de Bernhard von Breidenbach, Mainz, 1486

La fachada de la iglessia en un photochrome de la Detroit Publishing Company (ca. 1890-1900)

La fachada principal de la iglesia no cambió mucho durante cinco siglos. La puerta derecha fue amurallada por el sultán Saladino, al igual que la capilla de los francos, a la derecha de la misma, a la cual se accedía por las escaleras y ofrecía la única entrada directa a la roca del Gólgota. Pero la ventana doble de la capilla armenia en el primer piso todavía está abierta, al igual que la ventana más pequeña de la capilla del Gólgota Latino, a la derecha. Sobre la cornisa superior podemos ver la cúpula inferior de la iglesia. El último piso del campanario con su cúpula fue víctima de un terremoto, y desde 1890 también se cubrió con un techo casi plano. Un solo detalle interesante hay que no consta todavía en la xilografía de Breidenbach pero sí en las fotos de 1890 y posteriores: una escalera de madera bajo la ventana de la derecha, de pie sobre la cornisa.

La doble ventana, hacia 1890…

…y en la Navidad de 2017.

La escalera parece estar apoyada casualmente contra la pared, quizás para proceder a alguna reparación, siempre de manera provisional. Pero bien sabemos que las cosas provisionales a menudo son las más duraderas. La escalera aparece en todas las fotos anteriores a 1890. E incluso la vemos antes de la irrupción de la técnica fotográfica, como en la portada del álbum  de 1839, Holy Land, del orientalista David Roberts.

Procesión del Domingo de Ramos, ca. 1900. Biblioteca del Congreso

Foto de la Colonia Americana, entre 1898 y 1914. Washington, Biblioteca del Congreso.



Foto de 1895, de aquí.

En otra versión de la Detroit Publisher Company, entre 1890 y 1900.

Illustrerad verldshistoria, tredje delen, Estocolmo, 1892, 240.

Picturesque Palestine, Sinai and Egypt, New York, 1881-1884


Dibujo de Josiah Wood Whymper, que ilustró libros sobre Palestina, publicado en 1874 y 1878

Félix Bonfils: Mercaderes a la puerta de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén, ca 1865

Foto de James McDonalds, 1864


6 de abril de 1862. Journey of the Prince of Wales to the Middle East, 1862, Parte 1ª.

Foto de James Robertson, 1857

Foto de Auguste Salzmann, 1854

The Holy Land… from drawings made on the spot by David Roberts, 1839.


Adrien Egron, La Terre-Sainte et les lieux illustrés par les apôtres: Vues pittoresques, Paris 1837. El prólogo está fechado en 1836, el dibujo debe ser de hacia 1832.

En una foto de 1958 perteneciente a la famosa familia de fotógrafos armenios Kahvedjian, es visible incluso detrás del andamio de la fachada que está en restauración, y no desaparece tampoco después de las obras. Así pues, ha sido parte integrante del complejo de este edificio durante al menos ciento ochenta años.



El problema de la escalera «abandonada» lo estudió por primera vezr James E. Lancaster en un trabajo de 1998 luego ampliado varias veces. Desde entonces otros autores han ido aclarando múltiples detalles.

Las iglesias de Tierra Santa, construidas sobre los puntos principales de la vida de Jesús, son los lugares más sagrados para cada denominación cristiana. El problema es, por tanto, cómo compartirlos entre todos los grupos. Desde la conquista turca de Tierra Santa, esto fue regulado por la Puerta y las autoridades otomanas, cuyo interés fundamental era sembrar división entre las denominaciones cristianas,  fomentar su rivalidad por los lugares sagrados y fortalecer así su dependencia del poder otomano. La Puerta apoyó principalmente las demandas de las iglesias griega y armenia, consideradas súbditas otomanas. El cuidado espiritual de los peregrinos católicos lo proveía la orden franciscana, tolerada por los turcos, y también apoyada por la embajada de Francia en Constantinopla, que se consideraba representante de toda la población católica en el imperio otomano. Y también estaban las denominaciones menores, los siriacos jacobitas y nestorianos, los maronitas, los georgianos, los egipcios coptos y los etíopes ortodoxos, cuyos derechos siempre dependían de la medida en que podían sobornar a las autoridades otomanas.

“Y en mi angustia invoqué a Yahvé... / Él oyó mi voz desde su palacio” (Salmos 18:6-7). Monje copto en la Iglesia del Santo Sepulcro

Desde la década de 1750, el interés de las grandes potencias europeas giró cada vez más ávidamente hacia el debilitado imperio otomano, y el apoyo de las minorías cristianas se convirtió en una de las herramientas para ganar influencia. El Imperio Ruso actuaba como representante de los creyentes ortodoxos, que por lo tanto comenzaron a exigir una mayor participación en los lugares santos. Por esta razón, en 1757 la Puerta proclamará un status quo, es decir, la inmutabilidad de la ratio de propiedad entre las denominaciones en los lugares cristianos más sagrados. Y cien años después, en 1853, cuando el avance ruso se vea contrarrestado por la creciente influencia de los franceses en el Imperio Otomano con el consiguiente fortalecimiento de los católicos, apoyados por ellos —eran las vísperas de la Guerra de Crimea, que fue resultado de este conflicto—, entonces el Sultán reafirmará el status quo con un nuevo decreto. A pesar de los muchos cambios posteriores de poder político en Tierra Santa, este status quo se ha mantenido esencialmente en vigor, con las denominaciones más poderosas como celosos guardianes. Hasta hoy hay frecuentes enfrentamientos verbales, e incluso físicos, debido a abusos presuntos o reales en la atribución de competencias. En 2004, durante la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz, los monjes griegos y los frailes franciscanos se enzarzaron por una puerta abierta por error. En 2002, un monje copto empujó su silla del sol a la sombra, hacia territorio etíope y once monjes tuvieron que ser hospitalizados.

Pelea de monjes griegos y frailes franciscanos delante de la Iglesia del Santo Sepulcro. Dibujo de Fortunino Matania en L’Illustrazione Italiana 1901/48, 1 de diciembre. La historia, de la misma revista aquí

Los dos edictos del sultán, de 1757 y 1853, simplemente declaraban que todo debe permanecer como está. Pero cómo está exactamente y cómo ha de conseguir respetarse tal cosa no queda nada claro. Y cada denominación tiene sus ideas al respecto. La historia, el derecho consuetudinario y los problemas del status quo en los nueve lugares sagrados más importantes los resumió por vez primera en 1929  LGA Cust para el gobernador británico de Palestina, en el memorando The Status Quo in the Holy Places. Sigue siendo el mejor compendio de la cuestión. La descripción de la división de la Iglesia del Santo Sepulcro entre las denominaciones y los conflictos resultantes abarca veintitrés páginas, incluidas notas a pie de página. Para ilustrar la naturaleza de estos conflictos, vale la pena citar entera la descripción introductoria de este capítulo mencionado.

Relaciones de propiedad actuales entre las denominaciones en la Iglesia del Santo Sepulcro

“Como en los otros Santos Lugares, se considera que solo los tres Patriarcados de Jerusalén tienen derechos posesorios en la Iglesia, con la excepción de la pequeña Capilla en posesión de los coptos. Solo ellos tienen el derecho de exigir que se abra la puerta de entrada en su nombre, que ingresen a la procesión religiosa y oficien regularmente a su voluntad. Como es el caso en otras partes, de las órdenes latinas solo los franciscanos de la Custodia di Terra Santa tienen derecho a oficiar de manera independiente. Los coptos después de un largo período de penetración lograron establecer un punto de apoyo independiente en el siglo XVI, pero no tienen una residencia formal. No tienen servicios diarios pero tienen el derecho de censar en las capillas: de manera similar, los jacobitas sirios no tienen residencia formal y ofician solo en los días santos. Ni los coptos ni los sirios jacobitas pueden celebrar procesiones a menos que estén en compañía de los armenios, con la excepción de que el Viernes Santo por la tarde cada uno realizará una procesión independiente, después de dar una notificación previa a los ortodoxos y los latinos. Los abisinios no tienen residencia ni alojamiento de ningún tipo y no tienen oficinas dentro de los recintos del Santo Sepulcro, a excepción de sus servicios de Pascua en el techo de la Capilla de Santa Elena, alrededor de la cual residen.

En las diversas partes que componen la Iglesia, la posición en el momento presente se puede resumir de la siguiente manera:

(1) La Entrada y la Fachada, la Piedra de la Unción, la explanada de la Rotonda, el gran Domo y el Edículo son de propiedad común. Los tres ritos permiten dividir los costos de cualquier trabajo de reparación entre ellos en igual proporción. El Patio de entrada es de uso común, pero solo los ortodoxos tienen derecho a limpiarlo.

(2) Los ortodoxos afirman que la Cúpula del Katholikon está bajo su exclusiva jurisdicción. Las otras Comunidades no reconocen esto, sostienen que es parte del tejido general de la Iglesia y exigen una participación en los costos de reparación. Los ortodoxos, sin embargo, se niegan a compartir el pago con cualquier otra comunidad. Las mismas condiciones se aplican mutatis mutandis a la Capilla de Helena, reclamada por los armenios, y la Capilla de la Invención de la Cruz reclamada por los latinos.

(3) La propiedad de los Siete Arcos de la Virgen está en disputa entre los Latinos y los Ortodoxos, de la Capilla de San Nicodemo entre los Armenios y los Jacobitas Sirios, y la del Deir al Sultán entre los coptos y los abisinios. En estos casos, ninguna de las partes aceptará que el otro realice un trabajo de reparación o que divida los costes.

(4) La Capilla de la Aparición, las Capillas del Calvario y los santuarios conmemorativos están en posesión exclusiva de uno u otro de los ritos, pero los otros disfrutan de ciertos derechos de oficina allí. Cualquier innovación proyectada o trabajo de reparación debe ser notificada a los otros ritos.

(5) El Katholikon, las Galerías y las Capillas del Patio (que no sean las Capillas Ortodoxas del Oeste) están bajo jurisdicción exclusiva de uno u otro de los ritos, pero están sujetas a los principios fundamentales del status quo por estar dentro del conjunto del Santo Sepulcro.

Los tres Patriarcados de Jerusalén están representados por un Superior y un clérigo que residen permanentemente dentro de los recintos de la Iglesia, y ningún otro rito tiene derecho a ser representado de esta manera.”


Clero y creyentes del Templo del Santo Sepulcro. Escenas cotidianas en postales de principio del s. XX




El memorándum también especifica en detalle acerca de la propiedad de la fachada. Las ventanas pertenecen a la Capilla Armenia de San Juan, pero el uso de la repisa inferior es controvertido. La cornisa en sí pertenece a los griegos, pero los armenios consideran suya la superficie, sobre la cual pueden descender desde la ventana con la escalera, y la utilizan como mirador en las grandes fiestas. Además de esta práctica, poco frecuente, la escalera sirve principalmente para publicitar visualmente la reclamación que hacen los armenios de algunos metros cuadrados más de lugar sagrado.

Ceremonia greco-ortodoxa del lavatorio de pies en la fachada principal a inicios de los años 1900, con observadores en la repisa bajo las ventanas de la capilla armenia. Dos versiones, probablemente de años distintos.



¿Pero cuándo colocaron la escalera bajo la ventana? Diríamos que fue cuando los monjes armenios descendieron por primera vez a esta cornisa para contemplar una ceremonia en la plaza frente a la iglesia. Pero ¿por qué no fueron entonces repelidos por los griegos, por lo demás tan belicosos, impidiendo así una posterior demanda? O podríamos decir, como supone Lancaster, que fue un albañil que arreglaba la fachada quien olvidó su escalera y con el tiempo se convirtió en parte del status quo, y por lo tanto inamovible. Pero quienquiera que haya trabajado con albañiles, sabe bien que no suelen olvidarse una escalera de cedro en ningún lugar. Por el contrario, es más probable que desaparezca también la del cliente.



La explicación nos la da la continuación del texto de Cust. Durante siglos, no solo las denominaciones cristianas, sino también los musulmanes, precisamente los guardianes musulmanes, eran parte del status quo del Santo Sepulcro. Cuando, en el año 637, el Califa Omar conquistó Jerusalén, generosamente no quiso rezar en la iglesia principal, evitando así que sus seguidores la convirtieran en mezquita, sino frente a ella, donde ahora se encuentra la mezquita de Omar que conmemora estos hechos. Devolvió la iglesia al patriarca Sofronio y la colocó bajo la protección de los guardianes musulmanes. Esta costumbre se ha mantenido durante siglos. Desde la conquista de 1289, la puerta fue custodiada por la familia El Insaibi, y después de la conquista otomana tuvieron que compartir este trabajo con la familia Judeh. Este último mantuvo la llave, y El Insaibi abría la puerta. Por supuesto, todo esto mueve dinero. Abrir una hoja de la puerta eran 80 mils, abrir ambas 180 mils que se repartían en proporción 1: 2 entre las familias de Judeh y El Insaibi. No es poca cosa. La moneda de 50 mils era de plata. Por tanto, tradicionalmente la iglesia no se abría muchas veces, tan solo en las grandes fiestas. De acuerdo con el status quo, por ejemplo, los ortodoxos pagaban por la apertura de la puerta el Jueves Santo, los católicos el Viernes Santo y los armenios el Sábado Santo.

Moneda de plata de cincuenta mils de tiempos del mandato británico. Con ella, una de las hojas de la puerta se abriría dos tercios.

La puerta de la iglesia, hoy, con inscripciones árabes


De lunes a viernes, sin embargo, escribe Aviva Bar-Am en Beyond the Walls: Churches in Jerusalem, 1998, no valía la pena que los monjes abrieran la puerta. No tenían que entrar y salir. Sin embargo, necesitaban comida y bebida. Esta es la razón por la cual los armenios descendían a la repisa bajo su ventana, desde donde subían con una cuerda la comida que les traían de la plaza. Antes del status quo, los griegos no podían protestar contra esto. Y el status quo quedó establecido con la escalera bajo la ventana, por lo que no pudieron decir una palabra en contra.

En las diversas fotos y dibujos también se puede ver que la cornisa, e incluso la escalera, se utilizaba para cultivar hortalizas en macetas. Aunque la escalera era inamovible, las macetas podían ubicarse libremente por allí encima, a ellas no se les aplicaba el status quo.

Una mirada cronológica a las fotografías de la fachada principal hace también evidente que, al menos desde 1854 hasta la década de 1890, la escalera estuvo sujeta con argollas de hierro y clavos a la pared. Por un lado, esto excluye la teoría del obrero olvidadizo. Por otro, sugiere que la escalera debía estar en uso en aquel momento y era importante asegurar el tráfico de subida y bajada, o para evitar que un mal movimiento la lanzara a la cabeza de los peregrinos y mercaderes de la plaza. Desde 1895, sin embargo, vemos aquí una escalera suelta. Y en los últimos diez años, la ventana se cerró con una celosía. De modo que la escalera siguió ahí con un propósito puramente representativo.

Ahora, la puerta de la iglesia se abre cada día. La escalera de pie en la fachada ha perdido cualquier función utilitaria. Solo simboliza unos derechos adquiridos, pero permanecerá allí hasta que no solo el cordero y el león, sino también el griego y el armenio se consideren hermanos.

Hay algo metafórico en este edificio que resulta de una basílica antes espaciosa e indivisa, donde seis denominaciones luchan a vida o muerte por unos metros cuadrados y por unas prioridades simbólicas sobre una tumba vacía y una roca invisible entre muros. Aún así, este enorme edificio, como un viejo y resistente olivo, como un elefante lleno de costras, ha estado elevándose durante dos mil años sobre la ciudad santa, guardando y exhibiendo su esencia, el recuerdo de la resurrección.

Cristo resucitado entre los apóstoles. Icono muy desgastado por los dedos de los creyentes, de la sacristía greco-ortodoxa de la Iglesia del Santo Sepulcro.

19 septiembre, 2018

Las sinagogas de Sarajevo


Si uno pregunta hoy en Sarajevo por la sinagoga, todos le señalarán un hermoso edificio de aire árabe con las cuatro esquinas coronadas de torres construido en 1902 para la comunidad ashkenazi que llegaba en gran número desde la Monarquía. Firmó la obra Karel Pařík, el maestro checo que diseñó los setenta edificios más importantes de la Bosnia austrohúngara. La razón es que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, esta es la única sinagoga activa en Bosnia, donde los tres mil judíos (hoy ya solo setecientos) que regresaron de los campos de exterminio rezan en bosnio, independientemente de su origen y lengua materna. Pero también influye el que a las otras antiguas casas de oración judías se las llame en la lengua de Sarajevo no «sinagoga», sino kal —kahal, comunidad religiosa—, con palabra tomada de los sefardíes / ladinos. De hecho, los judíos de Sarajevo hablaron en este idioma durante cuatrocientos años.

Esta postal fue escrita por Gizus a su amigo húngaro en Zalaegerszeg, en 1904, y es una muestra del enorme tráfico austro-húngaro en Sarajevo hasta aquel famoso tiro de pistola. El remitente de la segunda postal,
Alois Adamtschek, sin embargo, anduvo un poco despistado,
enviando una felicitación navideña con la imagen
de una sinagoga



En julio de 1492, cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judios, el Sultan Bayaceto II les envió de inmediato la flota turca, gobernada por Kemal Reis —tío y preceptor del gran cartógrafo Piri Reis— para conducirlos hacia las provincias del Imperio Otomano. «Llaman a Fernando sabio, y ha hecho que su país sea pobre y el mío rico», dijo entonces, supuestamente, el almirante a sus cortesanos. Y envió fermans (edictos) a los gobernadores de sus provincias, ordenando que aceptasen y dieran benevolente apoyo a los refugiados. Así los judíos llegaron también a Sarajevo, donde en verdad disfrutaron de una acogida amable. Janissary Agha Siyavush, gobernador de Bosnia y más tarde Gran Visir, que nació en una familia húngara en Nagykanizsa, trazó un distrito especial para ellos lindando con el bazar. Era el Gran Patio, en sefardí Il Kortizo, y en turco Čifuthana, es decir, el caravanserai judío donde vivían y negociaban sesenta familias y donde edificaron su primera sinagoga, Il Kal Vježu, (el call antic, diríamos también en catalán, aunque refiriéndonos más bien al barrio).

La Haggadah de Sarajevo, compuesta en 1315 en Barcelona, el mayor tesoro de los judíos de Sarajevo

El asentamiento de los judíos sefardíes se remonta tradicionalmente a 1565, y al parecer llegaron en varias oleadas y desde distintos lugares de las principales rutas comerciales que pasan por Sarajevo, desde Salónica, Estambul y Ragusa / Dubrovnik. La sinagoga del Kal Vježu fue construida no mucho después, en 1581, y a pesar de los grandes incendios y de toda la destrucción nazi, aún mantiene su estructura original. Es un gran templo de tres naves, con galerías para las mujeres en ambas naves laterales. Las sinagogas sefardíes, a diferencia de las asquenazíes, miran hacia el sur; la heklah, el arca de la Torá, está en el ábside meridional. Esta sinagoga, que hoy sirve como museo judío de Sarajevo, está rodeada por un alto muro: es cuanto queda del kortizo original.


Hay otros enlaces húngaros en la historia judía de Sarajevo. En 1686, tras la toma cristiana de Buda –descrita desde la perspectiva judía por Isaac Schulhof en su Crónica de Buda–, varios judíos sefarditas de allí llegaron con el ejército otomano que se batía en retirada. Entre ellos estaba Cevi Hirsh, cuya familia, al igual que la de Isaac Schulhof, había sucumbido en el asedio de Buda. Fue el segundo rabino de Sarajevo que conocemos por su nombre; el primero fue Samuel Baruh (1623-1640), que descansa bajo la lápida más antigua del cementerio judío, en el distrito de Kovačić (sobre el que escribiremos más adelante), y durante un siglo sus descendientes ocuparon este puesto. Su hijo Haham Ishak Cevi empezó Pinakes, una crónica minuciosa de los judíos de Sarajevo. El texto se perdió en 1941, pero el último gran rabino, Moritz Levy (1917-1941) utilizó gran parte del mismo para su monografía de 1912, Die Sephardim in Bosnien.

Niña sefardí (“Spaniolisches”) de Sarajevo en una postal de principios del s. XX


El edificio de la segunda sinagoga, el Kal Nuevo, ubicado a su lado, va asociado al nombre del rabino más venerado de Sarajevo, Mojsije Moshe Danon (1815-1830). Quizá sea esta la historia más sorprendente. Sucedió que un judío de Travnik, Moshe Havijo, se convirtió al Islam, se unió así a los derviches locales, practicó la profecía y la curación milagrosa, y no dejó de maldecir a sus ex-correligionarios. De pronto, en 1820, desapareció. El gobernador de Bosnia, Ruzhdi Bey, sospechaba que los judíos de Travnik lo habían matado, pero como eran pocos y no podía sacarles mucho dinero, responsabilizó a los judíos de Sarajevo. Ordenó entonces arrestar al rabino y a diez superiores de la sinagoga, y cuando los tuvo en su mano, junto con también algunos cristianos ricos, les pidió un rescate de quinientos mil groschens de plata, a pagar en dos días, si querían librarse de la horca.

Dado que la comunidad logró recolectar solo seis mil groschens en esos dos días, la última noche el prestamista Ruben Levi recurrió a los principales musulmanes de Sarajevo para intentar que ablandaran el corazón del gobernador. Lo intentaron, pero fue inútil. Al día siguiente, sin embargo, en el ocaso, después de la primera oración, tres mil hombres musulmanes rodearon el palacio del bajá, Begluk. Los guardias fueron desarmados, los rehenes liberados, y el bajá logró huir por los pelos. El kahal decidió entonces gastar el dinero que habían recaudado en la construcción de una segunda sinagoga. El Kal Nuevo fue erigido en 1821. Todavía es propiedad de la comunidad judía, que lo usa como galería de exposiciones temporales.

Otra anécdota de Sarajevo pide ser contada en este punto: Se preguntó una vez a una delegación bosnia en el congreso de Estambul quién fue su mejor gobernador. Ellos respondieron: uno que salió de Estambul, pero nunca llegó a Sarajevo.

A la izquierda el «viejo», y a la derecha el «nuevo» Kal

Pero la historia no acabó aquí. Diez años más tarde, el rabino Moshe convocó a los antiguos rehenes, los judíos y los cristianos también, y anunció que, de acuerdo con la costumbre de los rabinos de Sarajevo, iría a Jerusalén en peregrinaje para ser enterrado en suelo sagrado. Sin embargo, predijo que nunca llegaría a la ciudad santa, y también que cada uno de los presentes tendría un hijo dentro del término de un año. Les confió el cuidado de su sepultura. Mientras viajaba hacia Ragusa / Dubrovnik, se detuvo en Stolać. Allí se bañó, se vistió ropa limpia y murió mientras rezaba en la cafetería. Su tumba sigue siendo un lugar de peregrinación para los judíos de Bosnia, que se reúnen alrededor de ella y rezan el kadish el 20 de junio, su jarzeit.

Tumba de Mojsije Moshe Danon fuera de los límites de Stolać. Abajo: peregrinos de Sarajevo en la tumba, antes de la guerra


Por una extraña coincidencia Stolać es también un lugar con importantes lápidas sepulcrales bosnias medievales, stećaks (stećci); así, la lápida sepulcral del rabino fue tallada en estilo similar. Todo el complejo monumental que compone la aldea se ha propuesto para formar parte del Patrimonio Mundial. Y es aquí donde nació el poeta bosnio más importante del siglo XX, Mak Dizdar (1917-1971), con interesantes poemas inspirados en estas tallas y sus inscripciones. Vamos a escribir sobre eso más tarde

«Lápida de Bogumil», como se llamaban las stećci en época romántica, en el monte Trebović, sobre Sarajevo. Abajo: stećci de la necrópolis próxima a la tumba de Moshe Danon.


La buena relación entre judíos y musulmanes también la documenta este otro hecho. Parece que la comunidad judía no tenía su propia mikve, sino que usaban los baños turcos de las mezquitas cercanas para sus abluciones rituales. Desde 1767 en adelante, los libros de cuentas informan regularmente de que los hammams de los dos complejos de mezquitas más grandes, el de Isha Bey y el de Ghazi Husref Bey, se contrataban para el baño ritual previo a las bodas.

Mujeres sefardíes de Sarajevo en una postal de principios del s. XX

Como el distrito al sur de ambos Kals era el área del bazar y de población musulmana, la dirección natural de crecimiento de los judíos sefardíes en el siglo XIX fue hacia el norte. Construyeron elegantes edificios eclécticos y Art Nouveau a ambos lados de la carretera que sale del bazar hacia Ragusa / Dubrovnik, llamada primero Shalom Albahari, después Čemalusa, y ahora calle de Tito. Antes de la guerra, había seiscientas tiendas de propiedad judía a lo largo de la calle principal. En su inicio, donde la carretera del norte que rodea el bazar y Ferhadija, se acaba encontrando con esta calle, un empresario judío húngaro, Daniel A. Salom construyó en 1893 una elegante casa en chaflán, el Gran Hotel, también diseñado por Karel Pařík. A su lado, a finales del siglo XIX, se edificó una casa de oración llamada Kal di Kapon, por el nombre de su fundador, el refinadísmo Avraham A. Kapon, tesorero de la comunidad, escritor y editor. También se lo llamó Kal de Đajen por ser su director más conocido Sebatej Đajen, y también Kal de lus mudus, casa de oración de los mudos, ya que usaban un coro durante el servicio, mientras los creyentes rezaban en silencio. La sinagoga es hoy una vivienda. Esta tradición del coro la mantienen en la sinagoga Ashkenazi, que también ofrece el rito sefardí y, con frecuencia, conciertos con un repertorio de canciones laicas sefardíes.

Čemalusa y el Gran Hotel en 1917. En este año, el Gran Hotel ya es el Landesbank (¿quién iba a visitar Sarajevo durante la guerra?) y la calle lleva el nombre de Franz Ferdinand. No por mucho tiempo.


Sinagogas de Sarajevo. Click sobre los puntos rojos

La cima de la colina al norte de Čemalusa, Mejtaš, con sus calles serpenteantes también era considerado un barrio judío. En su centro, en la calle Mejtaš se construyó la casa de oración Mejtaš, que también ha sido transformada en vivienda, pero los medallones del primer piso con las menorahs y las estrellas de David atestiguan su origen. Su fundador, Avram Papo, descendía de una de las familias sefardíes más prominentes, eran los farmacéuticos de la ciudad –el antiguo instrumental de la farmacia está hoy en el museo judío– y cuentan entre sus parientes a Laura Papo Bohoreta (1891-1942), primera escritora sefardí y primera feminista de los Balcanes. Más adelante diremos también algo de su libro titulado (así, en sefardí): La mujer sefardí de Bosna (Bosnia).

La casa de oración de Mejtaš, hoy

Imagen de la farmacia Papo en el bazar

La última y mayor sinagoga de la ciudad tuvo una vida tan fugaz que se borró completamente de la memoria de Sarajevo. Ni siquiera se menciona en la mayoría de la documentación on-line judía pero sí se encuentra aún material en los sitios de subastas postales. Esta gran sinagoga sefardí, la más grande de los Balcanes, fue erigida entre 1926 y 1930 como respuesta a la sinagoga askenazi en la orilla opuesta del río, en el barrio Art Nouveau. Su constructor, Rudolf Lubinski, judío de Zagreb, fue uno de los mejores artistas croatas de Art Nouveau. El Kal Grande, por tanto, fue construido en el mismo estilo Art Nouveau que el askenazi, pero también con muchos detalles Art Deco, con una gran cúpula elíptica y un patio de entrada a imitación de la Alhambra. Su ábside, según la tradición sefardí, miraba hacia el sur, al río, mientras que la puerta principal se abría al norte.


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La sinagoga, capaz de acoger a dos mil personas, solo estuvo activa diez años. Los ustachas invadieron la ciudad en abril de 1941 y, mientras sus anfitriones nazis arrancaban del lugar del asesinato de Franz Ferdinand la placa conmemorativa yugoslava dedicada a Gavrilo Princip y se la mandaban como regalo de cumpleaños a un antiguo cabo del ejército austro-húngaro llamado Adolf Hitler, ellos destrozaban metódicamente la sinagoga y cuanto contenía, incluidos los archivos de una comunidad con documentación de cuatrocientos años atrás. Los tres mil judíos que regresaron a la ciudad de una comunidad que antes de la guerra tenía doce mil miembros (el 20% de la población total de Sarajevo antes de la guerra) acordaron usar la sinagoga ashkenazi y donaron el Kal Grande a la ciudad. Fue restaurada en 1965 y hasta el cambio de régimen acogió la Universidad de los Trabajadores de Đuro Đjakovic. Hoy es la Casa de la Cultura Bosnia. En su salón, una gran menorá de mármol conmemora el 400 aniversario del asentamiento de los judíos en Sarajevo.

Hitler contemplando la lápida conmemorativa dedicada a Gavrilo Princip que le mandaron por su cumpleaños el 20 de abril de 1941, en el Illustrierter Beobachter

Saqueo del Kal Grande por parte de los vecinos después de la destrucción de los ustachas

El Kal Grande tras el pillaje

Queremos volver a la historia y los recuerdos de los judíos de Sarajevo. De momento escuchamos esta canción sefardí, conocida también en Bosnia, que dio el título a la película de Vesna Ljubić de 2001 sobre los judíos de Sarajevo. Aún se canta aquí a menudo, como vemos en esta versión de Barimatango en Mostar, o la de la Banda de Flamenco de Bojana Marković. La siguiente versión proviene de cerca, del grupo macedonio Baklava, utilizada en la película La tercera mitad (Treto poluvreme, 2013), sobre las tribulaciones de los judíos sefardíes durante la guerra. También se puede mirar / escuchar junto con el tráiler de la película (vale la pena verla).


Adio kerida. Baklava Ensemble.

adio, adio kerida
no kiero la vida
me l’amargastes tú

tu madre kuando te parió
y te kitó al mundo
korasón eya no te dio
para amar segundo

va buškate otro amor
aharva otras puertas
aspera otra pasión
ke para mí sos muerta


Lápida del cementerio judío del distrito de Kovačić

17 septiembre, 2018

Atardecer


Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera.

Todo hombre está solo sobre el corazón de la tierra
punzado por un rayo de sol:
y en seguida es de noche.
Salvatore Quasimodo: Ed è subito sera

“Sombra de la tarde”. Estatuilla etrusca, s. III, Volterra. El nombre se lo puso Gabriele d’Annunzio


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13 septiembre, 2018

Disolución: larga marcha

Abbey Road, Londres. Foto de Ian Macmillan para el álbum de los Beatles Abbey Road. 8 de agosto de 1969,
justo antes de la ruptura de la banda

Carretera del Mar Negro, Yeisk, spa y ciudad de negocios a orillas del Mar de Azov. Década de 1910,
justo antes de la ruptura del imperio

Y ya que nos hemos sentado en la máquina del tiempo, vale la pena echar un vistazo a estas otras postales de Yeisk. Ampliadlas y veréis una encantadora pequeña ciudad que tenía tres anchas calles con hermosos edificios eclécticos y una tienda de máquinas de coser Singer, un puerto y una compañía de barcos de vapor, un gimnasio para chicas y un parque, y perforaron un pozo artesiano, hicieron llegar el tren y empezaron a construir el primer puente ferroviario justo antes de la disolución del imperio. El agua todavía mana en la calle principal. No era el momento aún de pintar un paso de cebra.

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10 septiembre, 2018

Todas las aves del cielo...


El portal Colossal publicó no hace mucho una hermosa entrada con fotos de Caner Cangül y un breve texto de Kate Sierzputowski sobre las «casas de pájaros» de época otomana que se tallaban remedando mezquitas o palacios en miniatura y se colocaban en las fachadas de los palacios y mezquitas reales de Estambul. Una versión más extensa y abundantemente ilustrada de esta misma entrada se encuentra en el blog personal de Caner Cangül, Istanbulium, y en general es un asunto muy presente en los blogs que tratan aspectos la ciudad. Los «palacios de gorriones», como se les llama en la calle, se erigían principalmente por inspiración religiosa, como una buena acción hacia las criaturas de Dios. Sin embargo, es algo que cuadra de suyo en el cariño hacia los animales que manifiestan en general los habitantes de Estambul. Suelen tener sus mascotas personales pero también cuidan de los gatos y perros públicos que pasean por la ciudad, como puede verse en el delicado documental Kedi – Gatos de Estambul.


En Europa, el cuidado de los pájaros tiene una base más bien laica que se manifiesta en ir a echar maíz a las palomas de las plazas o acomodar torres para las cigüeñas, y hasta en el Día de las Aves. Por ello tiene especial interés que en Sevilla, la ley 19-IX-1896 sobre Protección de los Pájaros considerara necesario añadir —al menos en su admonitoria exposición pública— una referencia al temor de Dios exigible a los muchachos, como se lee en estos azulejos colgados en la pared.


03 septiembre, 2018

Jueves Santo en Sete Cidades, Azores

Caldera volcánica de Sete Cidades, con su laguna doble: la Laguna Verde, más cerca, y la Laguna Azul al fondo. Vista desde el Cerrado das Freiras.

Por poco no estamos en la parroquia más occidental de Europa. Este título le correspondería a la de São José en la freguesía de Fajã Grande, en la azoriana Isla de Flores  —si aceptamos antes, claro está, que esta isla es Europa a pesar de asentarse sobre la placa americana—. Pero donde sí estamos ahora es en la parroquia más occidental de la Isla de San Miguel, es decir, a medio camino desde el Finis Terrae del viejo continente a las costas de Terranova. Exactamente ante la iglesia de San Nicolás, erigida el siglo XIX en una hoya volcánica especialmente hermosa que ostenta el populoso nombre de Sete Cidades. Aunque ciudades propiamente dichas aquí no hay ninguna; y gente, poca. El nombre le viene de la legendaria Isla de las Siete Ciudades, nunca encontrada pero viva en la literatura y las ensoñaciones de cartógrafos, marineros y exploradores del Atlántico, y contada a lo largo de los siglos con infinitas variantes.


Cualquier visita a estas islas, con el mar omnipresente y la dureza de las condiciones geográficas, pone sin remedio en nuestra imaginación el mundo de las ballenas y de los balleneros. Entre los hombres y mujeres que se congregaban este Jueves Santo en la iglesia de San Nicolás, pocos debía haber que no tuvieran un familiar que hubiera vivido de la caza de ballenas y cachalotes. Seguramente también la mayoría habrán tenido familiares que emigraron a América. Las dos cosas solían ir unidas, y llamaban «dar el salto» a subirse de noche, clandestinamente, a un ballenero norteamericano para tener trabajo y, sobre todo, por evitar el reclutamiento obligatorio para el servicio militar. Ayudados por la oscuridad, cuando sabían que algún barco ballenero americano estaba cerca, los hombres que deseaban una vida nueva encendían una hoguera en las rocas de la costa y a esta señal el capitán del barco botaba una chalupa para enrolarlos. Hasta en Moby Dick se recoge la presencia de balleneros azorianos (o, como se conocían en Nantucket y New Bedford, hombres de las Western Islands).


José Pecheco, Luís Silva: Canção de despedida. Del álbum Chants des baleiniers portugais de Faial, Açores (Canciones de los balleneros portugueses de Faial, Azores, 1958)

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Fue a partir de 1756, al avistarse la primera embarcación ballenera de Nueva Inglaterra rondando las Azores, cuando la caza se hizo presente en las islas. En 1880, un tercio de los 3.896 balleneros de la flota de New Bedford eran azorianos. También los propios isleños fueron desde entonces desarrollando una flota y una industria local. Relativamente débil, casi artesanal, porque nunca llegó allí capital suficiente como para competir con las embarcaciones de alta mar americanas. Solo durante unos pocos años, a partir de 1951, la caza de ballenas alcanzó un nivel industrial significativo (751 cachalotes y 16.000 barriles de aceite en ese mismo año, por ejemplo) pero fue muy efímero: en 1957, con la erupción destructora del Vulcão dos Capelinhos y la subsiguiente emigración masiva, empezó un rápido declive hasta el cese total el 21 de agosto de 1987. Ese día, un grupo de amigos cazó el último cachalote, un leviatán de 15 metros descuartizado en la Isla de Pico. Hablaremos de ello en una próxima entrada. Quedan ya muy pocos viejos balleneros, normalmente hombres de escasas palabras, testimonios de una forma de vida que, como tantas otras, es imposible que vuelva.