20 julio, 2025

San Jorge y otros santos caballeros

Los protagonistas de esta entrada, los santos guerreros Jorge, Teodoro y Demetrio, ca. 1100.
San Petersburgo, Hermitage

Los santos caballeros fueron extremadamente populares en la cristiandad medieval, especialmente en su parte oriental. Muchos países los eligieron como patrones llegando incluso a relegar o reemplazar nombres como el de la Virgen María. Sus cultos, iglesias e imágenes se difundieron enormemente y aún hoy pueden encontrarse imágenes en la mayoría de hogares ortodoxos. Estas imágenes también lucieron pronto bordadas en banderas de muchos regimientos, y la más alta distinción del ejército ruso, la Orden de San Jorge, fundada en 1769, aún ostenta su efigie.

Viktor Vasnetsov: póster y sello recaudatorios para las víctimas de la guerra, 1914


¿Santos guerreros en el cristianismo? El concepto debería ser difícil de aceptar inicialmente pues la religión, de raíz pacifista en su origen, refuta en buena medida esos valores a lo largo de los dos mil años transcurridos. Para un cristiano primitivo la idea habría sido tan escandalosa como podría sonarnos hoy a nosotros el término «escuadrones budistas de la muerte», aunque hay pruebas de su implicación en el exterminio de los rohingya en Birmania. Y el tiempo todo lo cambia.

Jesús, en el Sermón de la Montaña, dice: «Habéis oído que se decía: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo os digo: no resistáis al malvado. Al que te golpee en la mejilla derecha, preséntale también la otra» (Mateo 5:38‑39). Por tanto, según los Padres de la Iglesia de los primeros siglos, un cristiano no puede matar a un hombre ni siquiera como soldado. San Basilio Magno afirma en su canon 13 que si un soldado cristiano mata a un hombre en guerra, no debe tomar la comunión hasta transcurridos tres años.

San Basilio Magno – irónicamente – entre dos soldados guerreros. Griego, s. XVIII.

Los primeros cristianos lograron mantener esta postura sin demasiada dificultad. Vivían dentro del marco de una sociedad gentil aceptando por recomendación de san Pablo (Romanos 13:4) su administración y su organización de la violencia, así como que dicha administración defendiera su imperio con las armas según su propia ética. Después de todo, decían, esto duraría solo un breve lapso y pronto Cristo iba a volver. Pero cuando cambiaron las tornas, y con la adopción del cristianismo y su conversión en religión de estado, los cristianos tuvieron que asumir la defensa nacional –y además en una situación extremadamente difícil, durante la época de las migraciones–. Entonces el problema se volvió acuciante. Muchos cristianos, si podían, optaban por el desarme, como hizo San Martín de Tours quien, aunque era oficial de la legión, se negó a tomar las armas por motivos de conciencia en vísperas de una batalla contra los germanos. Fue condenado a muerte como desertor pero pidió al emperador la gracia de una noche. Pasó aquella noche en oración y al día siguiente los germanos se rindieron sin combatir e imploraron la paz. El método cristiano fue así puesto a prueba y Martín quedó en libertad.

Simone Martini: San Martín rehúsa tomar las armas, 1312-17. Asís, Cappella di San Martino

No se sabe si todos los pueblos bárbaros se habrían rendido y ondeado la bandera blanca de haber visto a los soldados cristianos en masa bajar las armas y ponerse a rezar. El liderazgo del imperio no permitió este interesante experimento, así que los soldados cristianos también tuvieron que pelear, y la mayoría lo hizo a conciencia ya que defendían su patria. Y también porque en la sociedad romana todo ciudadano libre ocupaba un cargo civil o militar. La Iglesia, aunque no lo aprobara plenamente, acabó resignándose a esta disonancia cognitiva. Desde San Agustín, la Iglesia Occidental trató de establecer el concepto de «guerra justa», elaborado luego en detalle por Santo Tomás de Aquino y la escuela tomista de Salamanca. Esto hizo que la guerra fuera aceptable para el ciudadano cristiano pero con unas condiciones tan estrictas que, si todos los soldados y generales cristianos las cumplieran hoy, el mundo sería un lugar mucho más pacífico. La Iglesia Oriental no desarrolló un concepto similar, y aún hoy no aprueba la participación del cristiano en la guerra. Solo lo considera un «mal menor» en caso de ataque enemigo y exige arrepentimiento y recuperación espiritual del soldado cristiano si mata a un enemigo en la guerra.

Los santos guerreros se hicieron populares no por ser soldados, sino por ser mártires. Todos ellos comenzaron sus gloriosas vidas terrenales manteniéndose firmes en su fe durante las persecuciones, sufriendo torturas y martirio. El arranque de su biografía no suele ser especialmente relevante y se presenta con rasgos más o menos similares: nacieron en alguna provincia en los siglos II o III, luego se alistaron en el ejército o no (en efecto, muchos no fueron soldados), y en un momento determinado tienen que elegir si sacrificarse a los dioses que protegían al ejército o al emperador, considerado un dios. Su rechazo y el sufrimiento y muerte consiguientes se convierten así en el momento crucial de sus vidas, el stirb und werde que los transforma en ejemplos poderosos de martirio, en santos celestiales que moverán a multitud de peregrinos hacia sus tumbas. Es característico que, cuando aparecen por primera vez —en las actas de los mártires de los siglos IV y V o, en el caso de san Teodoro Tiro, en la alabanza de san Gregorio de Nisa—, no se menciona hazaña bélica alguna, solo su valentía como mártires. Y en las representaciones más antiguas no matan dragones ni gentiles, sino que simplemente aparecen como santos gloriosos, solos o junto al trono celestial de Dios.

San Teodoro Tiro y san Jorge en el trono de Jesús y la Virgen María, s. VI, c., Monasterio del Sinaí

Fue su popularidad como mártires lo que les convirtió en grandes santos guerreros siglos después de su muerte, cuando, durante el sitio de una ciudad, sus habitantes les rezaban fiados de su poder. Y si la ciudad sobrevivía al asedio, entonces resultaba evidente a quién se le debía la vida. Un buen ejemplo de esto es san Demetrio, el segundo santo guerrero más venerado junto a san Jorge. Vivió y sufrió el martirio en Sirmio (hoy Sremska Mitrovica, en Voivodina, Serbia), que por entonces era capital de la provincia romana de los Balcanes. Según sus actas de martirio ni siquiera fue soldado sino funcionario civil y diácono. Los godos pronto arrasaron la región, por lo que el centro provincial hubo de trasladarse a Tesalónica. Allí se construyó una basílica para el santo que más tarde ganó gran popularidad, y allí fue trasladado su cuerpo. Los eslavos que se agolpaban en los Balcanes sitiaron repetidamente Tesalónica, pero cada vez los defensores los rechazaron implorando la ayuda de San Demetrio, y algunos incluso tuvieron una visión clara del santo combatiendo revestido con armadura completa sobre un brioso caballo. Y en la batalla de Kulikovo de 1380, el ejército de Moscovia derrotó bajo su patrocinio a la Horda de Oro, convirtiéndolo también, de este modo, en otro santo guerrero ruso.

Christ and St. Demetrius. Greek, 18th c.

De manera parecida el apóstol de Cristo amante de la paz, Santiago, que reposa en Compostela, se convirtió en Santiago Matamoros, patrono de la Reconquista española, después de embestir a los moros desde un caballo blanco en la batalla de Clavijo (que nunca tuvo lugar).

Giovanni Battista Tiepolo: Santiago de Compostela derrotando a los moros, ca. 1750 Budapest, Museo de Arte

Después de convertirse en guerreros aquellos mártires siguieron apareciendo en los iconos, solos o en pareja, pero ahora armados. Con todo, si los iconos estaban enmarcados además por житие / vita, pequeñas imágenes biográficas, se elegían generalmente escenas de su martirio —y no de sus actos de guerra— para dar evidencia de su santidad.

San Teodoro Stratelates. Mitad s. XVI c. Novgorod, Museo

San Teodoro Tiro (o de Amasea). Detalle de la Anunciación de Novgorod, s. XIV-c.  publicado en una entrada previa. Novgorod, Museo

San Jorge, s. XIII c. Monasterio del Sinaí

Maestro Jovan (Ochrid y Macedonia Occidental): San Jorge, 1266-67

San Jorge, del Monasterio de San Jorge de Novgorod. Hoy en la catedral Uspensky de Moscú (ved la entrada previa)

San Jorge. Constantinopla, s. XII c.

San Demetrio. Constantinopla, s. X c. Nueva York, Metropolitan Museum

San Demetrio. Icono griego ofrecido por el cardenal griego Bessarion a Niccolò Perotti en el s. XV. Lleva un recipiente de aceite que contiene óleo sagrado del santo sepulcro, de Tesalónica. Sassoferrato, Museo Municipale

Santos Jorge y Demetrio. Kastoria, Iglesia de san Cosme y san Damián, 1180-1200

A partir del siglo IX, las representaciones de los santos guerreros se vuelven más vívidas. Esto obedeció por un lado al renacimiento de la pintura de iconos tras un siglo de iconoclasia, y por otro a que empezaron a incorporarse nuevas historias apócrifas a las leyendas de los santos. El proceso corrió en las dos direcciones: no solo los nuevos textos requerían representación, sino que las nuevas fórmulas visuales también inspiraban nuevas narraciones.

El cambio más notable fue que, de repente, cada guerrero empezó a montar a caballo y a atravesar algo maligno con su lanza: un enemigo malvado, un gobernante perseguidor de cristianos o un dragón. ¿De dónde surge este motivo visual?

San Demetrio mata al zar búlgaro Kaloyan. Frente a él, su discípulo Néstor. Kiev, s. XII c.

Una fuente visual muy extendida en la Antigüedad Tardía, que no solemos considerar aunque su uso era masivo en territorios romanos y bizantinos y hoy abundan en museos y subastas numismáticas en línea, son los amuletos apotropaicos y talismanes para protegerse del mal de ojo. Entre los siglos III y VI circulaba un manual concreto sobre ellos, el Testamento de Salomón, un libro mágico judeo-cristiano que ha llegado hasta nuestros días. Según el texto, el rey Salomón recibió unos conjuros mágicos y un sello del arcángel san Miguel contra los demonios, especialmente la demonio Lilith o Abyzou/Obyzouth, asesina de recién nacidos. En el sello, Salomón domina a un caballo encabritado mientras atraviesa a un ser maléfico tendido en el suelo –en muchas otras copias se ve la figura de una serpiente–.

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Fue gracias a este amuleto que la fórmula pictórica del «jinete sagrado» vencedor del mal se difundió ampliamente en la Antigüedad Tardía. Cuando, alrededor del siglo VIII o IX como muy tarde, el Testamento fue abandonado por los cristianos a causa a su origen judío y su contenido mágico, la fórmula visual aún extendida se vio necesitada de un nuevo contenido. Parece que aquí es cuando los santos guerreros vinieron a ocupar este espacio. Del siglo VI conservamos un icono cerámico macedonio en el que la serpiente es atravesada por dos santos guerreros, Jorge y Cristóbal —aunque sin caballo—.


Las primeras representaciones donde la fórmula pictórica es asumida por completo por un santo guerrero —i.e., montando un caballo encabritado y atacando con lanza a un ser maligno— surgen en la Georgia del siglo X. Es al parecer aquí, en los márgenes del imperio, donde antes sintieron la necesidad —y también la libertad— de llenar esa fórmula visual con un santo familiar. Y se trató de san Jorge, cuyo culto se desarrollaba alrededor de su tumba en Lydda (actual Lod, al sur de Tel Aviv) —culto respaldado por Constantino el Grande y centro de afluencia regular de peregrinos—, pero luego se trasladó a los monasterios sirios en las cuevas de Capadocia. Georgia mantenía contacto permanente con ambos centros de culto: fue cristianizada por monjes siríacos de Capadocia, y los peregrinos georgianos visitaban Jerusalén, donde también había un monasterio georgiano.

Ruinas de la iglesia del sepulcro de san Jorge, al lado de una mezquita en Lydda. Konrad von Grünenberg, Beschreibung der Reise von Konstanz nach Jerusalem, 1487, fol 33r

En estos iconos de plata dorada, típicos de la región minera del norte de Georgia, principalmente Svanetia, san Jorge ya no mata a un dragón, sino a un hombre. Y ese hombre no es sino el emperador Diocleciano. El temperamento georgiano no podía soportar que este emperador, perseguidor de cristianos, se saliera con la suya y se envió al gran mártir guerrero para acabar con él.








Pero cómo llegó a entrar el dragón en el cuadro.

La escena de la lanza atravesando un dragón, serpiente, culebra, o pez arcaico, considerada como símbolo de la subyugación del mal cósmico se convierte en motivo desde muy antiguo, vinculándose a la creación del mundo en la primera mitología mesopotámica. Ya hemos escrito, a propósito del «San Rafael cazador de ballenas» etíope, que en estos mitos la creación del mundo arranca con la caza o captura del gran pez primigenio —Tiamat, Leviatán u otros— que habita en las profundidades de las aguas. Este motivo también figuraba en la historia de la creación hebrea antes de que fuera omitido en las redacciones finales del siglo VI a. C., aunque sus vestigios permanecen esparcidos por los Salmos y el Libro de Job. 

Horus alanceando a Seth-cocodrilo. Detalle de un marco de ventana, s. IV c. AD. Louvre

El arcángel san Rafael (derecha) clava con su lanza a la ballena sobre la que se levantó el monasterio. En una de las puertas de la iglesia del monasterio de Ura Kidane Mihret, en el lago de Tana, Etiopía

No es de extrañar, pues, que en muchos amuletos aquel «jinete sagrado» del sello de Salomón clave su lanza en una serpiente o un dragón en lugar de un demonio en forma humana, o que el demonio adopte la forma de estos. Y tampoco nos extrañe que cuando el «jinete sagrado» sea reemplazado por un santo guerrero, este también atraviese con su lanza a una serpiente o a un dragón como símbolo del mal.

La primera matanza de un dragón conocida no está vinculada a san Jorge, sino a san Teodoro Tiro. En la entrada anterior vimos que, según su leyenda apócrifa del siglo IX, logró matar a un dragón que tenía cautiva a su madre. 

Nikifor Istomin Savin: San Teodoro Tiro mata al dragón que tiene a su madre cautiva y la conduce a su casa. Principios s. XVII c., Escuela de Stroganov, San Petersburgo, Museo Ruso

Por tanto, es san Teodoro el responsable de la primera matanza ecuestre de un dragón que conservamos. San Jorge, que aparece emparejado con él, seguía mientras tanto dándole duro a Diocleciano.

San Teodoro atravesando a una serpiente y san Jorge a un hombre con sendas lanzas, s. X c. Monasterio del Sinaí. Según Weitzmann, es obra de los monjes georgianos que vivían allí

San Teodoro (o Demetrio) y san Jorge cabalgando juntos y matando a un emperador y a una serpiente con sus lanzas. Fragmento de un icono georgiano, s. XII c. Mestia, Svaneti, Museo Nacional

Pero los roles de los santos guerreros fueron transfiriéndose entre ellos a manos de sus devotos, y así las representaciones de un san Jorge matador de dragones pronto se dejan ver.

Un icono esmaltado de san Jorge. Georgia, s. XII. Tiflis, Museo Nacional

San Teodoro y san Jorge liquidando juntos una serpiente. Capadocia, Yılanlı Kilise, s. X c.

La leyenda apócrifa de san Jorge matadragones nació en Georgia en el siglo XI. De allí llegó a Europa con los cruzados donde, hacia 1260, Jacopo de la Vorágine la incorporó en la Leyenda Dorada, la recopilación best-seller de leyendas de santos para la Europa medieval. Según allí se lee, la ciudad libia de Silene era asediada por un dragón que vivía en un lago cercano y exigía doncellas vírgenes como alimento. Cuando le llegó el turno a la hija del rey, ya escoltada hasta el lago y con el dragón apunto de devorarla, surgió san Jorge sobre un caballo blanco y mató al dragón con su lanza. Luego ordenó a la joven que atara al dragón con su cinto y lo arrastrara hasta la ciudad. El rey, agradecido, le dio al caballero una gran suma de dinero, que éste enseguida repartió entre los pobres antes de desaparecer. Las gentes de la ciudad, admiradas y agradecidas, se convirtieron al cristianismo.

Icono de san Jorge con vita, Novgorod, s. XIV c. San Petersburgo, Museo Ruso. El argumento principal, que flota como un cuento de hadas, aún aquí se ve rodeado por las necesarias escenas del martirio del santo

San Jorge, Novgorod, s. XV c. San Petersburgo, Museo Ruso. Este icono compuesto de manera magistral será el modelo de muchos otros posteriores con san Jorge u otros santos guerreros.

San Jorge. Creta, ca. 1500. Venecia, Istituto Ellenico

La composición de san Jorge matadragones se iría enriqueciendo luego con más detalles. Por ejemplo, en el siguiente icono ruso, acerquémonos un poco a la mano que sostiene la lanza:



Los dos dedos levantados indican claramente al iniciado que se trata de un icono de los Viejos Creyentes (staroobryadtsi, raskolniki). Eran los ortodoxos que no aceptaron las reformas rituales introducidas en 1652 por el patriarca de Moscú Nikon (que buscaban esencialmente armonizar los ritos ruso y griego). Desde aquel momento fueron objeto de severas persecuciones. Muchos de ellos emigraron a las regiones fronterizas del imperio, donde se les dejaba vivir más o menos en paz. Hemos escrito sobre el cementerio de una de estas comunidades. Uno de sus signos distintivos era estos dos dedos levantados, ya que los seguidores de la reforma hacían la señal de la cruz con tres dedos, mientras que los seguidores de los antiguos ritos lo hacían con dos. También se mantenían más fieles a los iconos tradicionales, mientras que los reformadores adoptaban novedades del arte occidental.

Vasily Surikov: Secuestro de la Vieja Creyente Boyarina Morozova, 1887. Galería Tretyakov. La boyarina levanta obstinadamente sus dos dedos, gesto correspondido por algunos de los circunstantes

Otro motivo es el del niño pequeño sentado en la silla de montar detrás del caballero. Se trata de un niño griego que había sido secuestrado por los turcos en Mitilene precisamente el día de san Jorge y vendido a un pachá. Él y su madre rezaban constantemente por su liberación y al año siguiente, el día de san Jorge, a la misma hora exacta en que fue raptado, el santo irrumpió en el patio del pachá sobre un caballo blanco, agarró al niño —que en ese momento estaba sirviéndole café o vino— y voló con él de regreso al lugar donde había sido secuestrado. Por eso el niño sostiene la cafetera o la copa de vino que ni siquiera tuvo tiempo de dejar sobre la mesa.




La imagen de los otros santos guerreros también se adapta a la fórmula del «jinete sagrado», y por lo general adoptan la postura ya consagrada de san Jorge. San Demetrio, por ejemplo, desarrolla asimismo su propia leyenda de la lanza: en 1207, durante otro sitio de Tesalónica, cabalgó hasta el campamento búlgaro y en medio de él mató personalmente al zar búlgaro Kaloyan.

San Demetrio de Solun. Rostov, s. XVI c.

San Demetrio en un icono ruso de cobre, s. XIX c.

San Demetrio, con san Jorge y san Mercurio. Griego, s. XVI c.

En muchos iconos los santos guerreros realizan juntos sus milagros, reforzando mutuamente su poder y repitiendo el motivo común de los antiguos Dióscuros y de los jinetes gemelos indoeuropeos.

San jorge y san. Demetrio. Bulgaria, Perushtitsa, s. XVIII c. Sofía, Galería Nacional

San Jorge y san Demetrio. Sachkhere, Georgia, s. XII c.

Unas versiones particularmente bellas, coloridas y emocionantes de san Jorge son los iconos y frescos etíopes, como estos siguientes, procedentes de los monasterios del lago Tana y de la catedral de Gondar. Escribiremos más adelante sobre su peculiar iconografía.







06 febrero, 2025

Disolución: el corazón de la máquina


Brooke DiDonato, «Growing Distant», de Take a Picture, It Will Last Longer, 2023, 44


Guillaume de la Perrière, Morosophie, Lyon: Macé Bonhomme, 1553, 97

TETRASTICHON

Cur cordis medio radix? Cur tramite caeco
 / Truncus in alta ruens fructibus ora replet?
 / An quia (quodcunque est) cor nostrum concipit omne, / 
Illius & mentem lingua diserta refert. 

[¿Por qué la raíz en mitad del corazón? ¿Por qué, corriendo a lo alto por un camino oculto, el tronco llena la boca de frutos? ¿No será porque nuestro corazón concibe todo, cualquier cosa, y la elocuente lengua expresa el pensamiento?]
QUATRAIN

Regarde & voy, que l’arbre de sagesse / 
(Duquel convient que l’homme soit instruit) / 
Prent sa racine au coeur, & tant se dresse,
 / Que par la bouche il fait sortir le fruit.

[Mira y ve que el árbol de la sabiduría, del cual es necesario que el hombre sea instruido, prende su raíz en el corazón y tanto se eleva que por la boca hace salir el fruto.]


Ben Zank, del libro Nothing to see here

29 diciembre, 2024

Primera nieve en Szeged

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02 septiembre, 2024

Sa Galera

Hay edificios que acumulan desde sus cimientos hasta la azotea las distintas capas de la historia de una ciudad, con sus necesidades, desgracias, conquistas, modas. No hablamos de grandes monumentos, sino de aquellos rincones que pasan desapercibidos y a los que la propia ciudad observa de reojo porque complican la vida a los urbanistas y especuladores inmobiliarios. Esto ocurre, por ejemplo, en este bloque de Estambul, que hace unos meses todavía estaba en venta.

Quizá aún pueda comprarlo Sir Norman Foster
y añadirle una terraza high-tech

Pero si estas cuatro plantas, una sobre otra, mantienen viva a una criatura de 1.800 años, en el islote de Sa Galera que mencionamos hace unas semanas, en mitad de la bahía de Palma, late agazapado un organismo de más de 4.000 años que ha visto prácticamente toda la historia de Mallorca.

Vista cenital del islote de Sa Galera, con los restos de las construcciones y los pozos


Es increíble que la densidad de esta balsa de piedra haya pasado inadvertida hasta casi ahora mismo. Primero tuvo que dejar de utilizarse como diana en los ejercicios militares de la batería antiaérea del Carnatge, a principios de los años 60, para que algunos arqueólogos se acercaran tímidamente.

En 1967, casi al azar, se encontró allí este pequeño molde talayótico de fundición de objetos de bronce. Pero hace tan solo unos diez veranos que un equipo entusiasta de investigadores va desvelando, poco a poco, un microcosmos fascinante

El islote de Sa Galera, en mitad de la foto, a la izquierda, ante la pequeña ensenada de Son Caios (c. 1920). Seguramente toda la zona guardaba gran cantidad de restos históricos, pero la voraz urbanización de la costa, impulsada por el turismo, los sepultó definitivamente.
La ciudad de Palma queda al fondo.

Cualquier asentamiento humano, por un simple principio de economía, tiende a la consolidación de lo construido. El sueño de una ciudad es de orden, crecimiento y beneficio intra muros. Pero un islote rocoso a la entrada a una pequeña cala que, a su vez, es una puerta al interior de otra isla, se convierte en un punto de advertencia donde clavar una señal que alerte al navegante que llega del exterior: «cuidado, esta tierra tiene propietarios». Y también ha de exhibir la identidad del territorio, sea con una construcción fortificada o con un templo bien visible. La violencia, por tanto, y el miedo están en su raíz —como ocurre en todas las fronteras— y afloran a la menor crisis. La sedimentación y el crecimiento es difícil. Mirando al mar abierto hacia el sur, más allá de la bahía de Palma, de donde vienen las naves que generalmente traen invasiones y solo raramente impulsos civilizadores o ánforas de vino, la historia del pequeño islote de Sa Galera empieza con los primeros pobladores de Mallorca y contienen todos estos ingredientes.

Cueva funeraria pretalayótica –a la izquierda– de planta circular con nicho, puerta y corredor de acceso




Primer homínido en que se documentan
lesiones sufridas por la agresión
de un semejante (Atapuerca,
c. 430.000 años)

Mallorca es una de las islas del Mediterráneo que más tardaron en albergar una población humana mínimamente estable. Las fechas que se tenían por ciertas cubrían un intervalo inicial que va desde hace 4600 hasta hace 4200 años. Sin embargo, algunos descubrimientos muy recientes –concretamente en la llamada Cova Genovesa o d'en Bessó, cerca de las turísticas Coves del Drac– retrasarían este lapso hasta hace unos 5.600 o 6.000 años. En todo caso, aquella población primeriza tuvo que ser muy escasa y solo a partir del 2.200 a.C. empezamos a documentar asentamientos firmes de pobladores procedentes, al parecer –por similitudes entre las construcciones navetiformes– del golfo de León. De ahí también llega la cerámica campaniforme tardía, propia de esta zona del Mediterráneo y relacionada con la difusión de la metalurgia del Bronce Antiguo (2.250-1.900 a.C.). Es decir, Mallorca se puebla claramente en el Calcolítico final, momento en que, según A. González Ruibal (en su apasionante Tierra arrasada. Un viaje por la violencia del Paleolítico al siglo XXI) podemos ya utilizar con propiedad el término «guerra» –con sus normas, ritos y panoplia de armas– para definir una de las instituciones favoritas de nuestra especie.

Cerámica calcolítica o navetiforme de Sa Galera. Son los fragmentos más antiguos del islote, de unos 3000 años de antigüedad, hallados cerca de los restos de una construcción de planta oblonga de  la misma época, apenas visible por quedar bajo una esquina de las construcciones púnicas del s. III a.C.







En un día ventoso y de nubes raras, desafié a Lord Byron cruzando el Helesponto y salvé a nado los 4.000 años que separan los antiguos vestigios de Sa Galera de la reciente urbanización en la calita más cercana (Caló de Son Caios). La mención explícita más antigua del islote se encuentra en la Descripció particular de l'Illa de Mallorca e viles, de Joan Binimelis (1595). Y después apenas suele decirse nada de él. En cambio, si atendemos a la representación cartográfica, llama la atención que se le dé una importancia visual desproporcionada en relación a su tamaño real y a su aparición en las fuentes escritas. La bahía de Palma y otros puntos de la costa mallorquina contienen un buen número de islotes más extensos, de mejores condiciones o de cierta relevancia histórica y, sin embargo, están peor representados. Los islotes de Illetes (que pueden ser las Menariae romanas o el puerto que denomina Rodum el Liber maiolichinus..., donde se narra la devastadora razia pisano-catalana de 1113-14), los Malgrats, Portals..., y hacia el sur, en la zona de las salinas tan frecuentada por fenicios y romanos, los importantes islotes de na Moltona y na Guardis, frente a Cabrera, aparecen con frecuencia infrarrepresentados respecto a Sa Galera. Nos preguntamos, pues, si esto es debido a una transmisión cartográfica velada, algo así como un recuerdo o reconocimiento tácito de su peso siglos atrás. Valgan estas pocas imágenes:

Keulen, Nieuwe afteekening van het eyland Maiorca, 1680 (detalle). Sa Galera aparece claramente sobredimensionada, mientras que en Illetas no vemos los islotes, mucho mayores en la realidad

 
Insula Maioricae - D. Vicentius Mut deli., 1683 (detalle)
 
 
Baleares seu Gymnesiae et Pityvsae insulae, dictae Maiorca, Minorca et Yvica... – auctae a R. et I. Ottens, 1720 (detalle)

Homann Erben & J-N Bellin, Carte des isles de Maiorque, Minorque et Yvice, 1823 (detalle)


 Su uso funerario más primitivo atestigua un carácter sagrado que debió durar en época talayótica conviviendo –como ocurre en otros islotes, señaladamente en el de Na Guardis– con su uso como punto de encuentro e intercambio entre los comerciantes púnicos de Ibóshim (la ciudad de Bes: Ibiza) y la población local. 

Moneda púnica ebusitana hallada, junto con otras siete, en el islote y muy escasas en Mallorca. Representa al dios Bes, con faldellín y penacho de plumas, una maza en la mano derecha y una serpiente en la izquierda. En la otra cara un toro embiste hacia la izquierda. Corresponde al último cuarto del s. III a.C., el período de la II Guerra Púnica. El dios Bes, un ser protector a pesar de su grotesca figura, corrió amonedado o en amuletos y estatuillas por todo el Mediterráneo, desde Egipto y Persia hasta la cercana Cerdeña

De este momento inicial son una serie de cabañas de madera que al final los púnicos destruirán para levantar un templo. A su alrededor, desde un depósito y por medio de una serie de tres cisternas rituales, unas canalizaciones hacían correr el agua. A partir de ahora el islote adquiere el carácter de santuario con una presencia púnica continuada.

Estado del templo durante los trabajos de excavación

El registro estratigráfico cuenta la agitadísima historia de este templo, destruido y reconstruido numerosas veces. La primera en el contexto de la Primera Guerra Púnica (264 a.C.), para luego rehacerlo no mucho más tarde, con más medios y de manera que fuera más visible, levantando una alta torre cuadrada con sillares extraídos de la piedra del propio islote (en la zona sur se ve la huella de la cantera, como un gran mordisco). 

Hueco dejado por la cantera de donde se extrajeron los sillares para la construcción del templo

En todo este tramo de costa vemos canteras de marés usadas durante siglos. Al fondo, Sa Galera

Ligadas a este templo se excavaron un par de tumbas, con restos incinerados. Cerca de la puerta oeste se sitúan estos espacios de cremación. Los restos humanos se sepultaron en vasijas cerámicas. Uno de estos pozos lo ahondaron en la roca hasta casi dos metros y colocaron los huesos en una jarra ebusitana. Pero esta sólida torre –la única edificación púnica conocida en toda la bahía de Palma y seguramente la marca orgullosa del poder cartaginés en Mallorca– también fue arrasada antes del 241 a.C. No más allá del 225, el templo se reconstruye aún mayor. El espacio sagrado y la torre central se encierran ahora con un muro de diez por diez metros, adosados al cual, en el interior, quedan restos de algunos altares.
 
Cisterna votiva púnica de la primera mitad del s. III a.C.. Detrás, el templo



Y todavía será destruido dos veces más hasta el 200 a.C. No sabemos las causas de la primera pero los responsables de la segunda sin duda fueron los romanos, ahora durante la Segunda Guerra Púnica (218 a.C.). Son especialmente numerosos y excepcionales los restos cerámicos hallados tal como quedaron tras esta destrucción del templo.

Punta romana probablemente de una catapulta de escorpión, de la II Guerra Púnica


La conocida tenacidad de los púnicos ibicencos todavía les hará levantar el templo una última vez, ya en el s. II a.C., y durante unos años seguirán haciendo aquí ofrendas y enterramientos. De este último período tenemos restos cerámicos importantes.

Askos púnico ebusitano, votivo, decorado con dos ojos en el cuello. Se halló dentro de una cisterna.
Es de un tipo bastante escaso, incluso en Ibiza 


Guttus ebusitano con embocadura en forma de cabeza de león


Cuenco ebusitano con una roseta estampillada en el centro. Buen ejemplo, junto a los anteriores, de la gran cantidad de cerámica y otros objetos dejados tras el abandono posterior a la II Guerra Púnica

Tras la Tercera Guerra Púnica, ahora ya sí (Carthago delenda est, había repetido hasta el aburrimiento Catón el Viejo), el templo se abandona y aprovechando sus piedras los baleáricos, antes de la conquista romana de Mallorca el 123 a.C., edifican un recinto defensivo que ofrece ciertas condiciones de habitabilidad permanente, horno, hogar de fuego..., con un torreón desde donde vigilar el acceso a la playa y el puerto de son Caios. Se han encontrado restos destruidos de una cabaña de madera del s. I d.C. –posteriores a la conquista romana– ligados a la muerte al parecer violenta de diez personas, hombres, mujeres y niños, probablemente familiares, dejados luego sin enterrar de manera regular.
 
Esqueleto de una mujer embarazada que fue arrojada dentro de una de las cisternas

Esquina sureste del recinto


Después de la agitadísima historia antigua del islote, sobre todo durante su uso por parte de los visitantes púnicos como pequeña colonia a las puertas de Mallorca, pasarán siglos de relativa paz. Los conquistadores romanos a las órdenes de Cecilio Metelo no parecen estar interesados en mantener la edificación de Sa Galera. El motivo principal de Roma para controlar Mallorca y Menorca era someter a unos habitantes calificados por el propio Metelo como «homines feros atque silvestres» (en palabras de Floro, que recogerá también Paulo Orosio). Aparte de incorporar al ejército romano a los temidos honderos, antes del lado púnico (unos 2.000 acompañaban a Aníbal), básicamente se trataba de mitigar la intensa piratería que infestaba el Mar Balear –aunque para Estrabón esos piratas no eran los propios baleares, sino gente externa–. Tampoco la ocupación musulmana dejó huellas de construcción aunque hay fragmentos cerámicos de esta época que obedecerían a ocupaciones ocasionales. Algo parecido ocurrirá durante el medievo cristiano, si bien de esta época se puede distinguir algún menor movimiento de tierra y fragmentos de cerámica pisana del s. XII (también, luego, del XVII –marmorizzata– y XVIII), levantina del XIV y catalana del XV. Medio real de Felipe V es el resto más notable del s. XVIII, junto con fragmentos de cerámica vidriada y loza italiana. Cuando el antiguo puertecito de son Caios deja de tener utilidad, el islote que le hace de puerta pierde interés. El siglo XX convierte toda esta zona de costa en teritorio militar, incluyendo Sa Galera. Esto favoreció la conservación de una parte del territorio, que quedó fuera de la actual urbanización turística salvaje. Pero también significó un uso destructivo durante décadas como zona de tiro y de ejercicios de artillería.


El trabajo del grupo de investigación que ha excavado el islote ha sido tenaz y de resultados extraordinarios. José Jorge Argüello Menéndez, el alma de este proyecto, me ha pasado muy amablemente la mayoría de las imágenes reproducidas. ¡Gracias! Quien quiera conocer hasta los menores detalles de la vida del islote deberá consultar obligatoriamente su estudio «Las fases cronológicas del yacimiento de Sa Galera. Una lectura estratigráfica» (en el magnífico volumen Sa Galera. Más de 4000 años de historia, Palma, 2020). Por mi parte, he vuelto unas cuantas veces este verano a ver el islote, ahora remando sobre una tabla. He aprendido mucho. Invito a venir conmigo a quien quiera acompañarme antes de que vuelva a crecer la maleza sobre los viejos sillares.



24 agosto, 2024

Los acaloramientos barrocos y el puro calor

XIV signo del Apocalipsis: la tierra y el
cielo consumidos por el fuego. Livre de la Vigne
de Nostre Seigneur 
(1450-70)
. Ms.
Douce 134, Bodleian Library, Londres
  En el inicio justo del verano tradujimos un soneto de Bartolomeo Dotti –de quien dimos también allí un repaso a su malaventurada vida y peor carácter (Brescia, 1651 - Venecia, 1713)–. Lo hicimos como anticipo de una antología de aquellos poemas dedicados al calor del estío que, llamativamente, surgen con tanta abundancia en los poetas italianos del siglo XVII. La estamos preparando. Mientras tanto –more symmetrico–, ahora que la canícula empieza a remitir y se notan unos tímidos golpes de aire fresco, publicamos otro soneto del mismo autor. Éste, más galante que el moralismo escatológico con que entonces nos aleccionaba una sandía parlanchina, se queja de que la frialdad de la hermosa amada ha absorbido todo átomo de aire fresco que pudiera quedar en la atmósfera veraniega. Así son los poemas del Barroco.

Trattenedosi bella donna su la sera
in un giardino a prender aria

 Sorgea la notte, e per gli adriaci liti
parea l'aria sgroppar tremoli accenti,
che del sol moribondo eran lamenti,
o de gli astri nascenti eran vagiti;

quando cercava entro sentier fioriti
a l'estivo calor soffi clementi,
e spiriti di gel volea dai venti,
colei che chiude in petto i ghiacci sciti.

Ma de l'arida està l'atroce arsura
accresceano quaggiù di Sirio i rai,
né de le brame altrui prendeansi cura.

 Allora: – O bella, o cruda, – io le gridai
–se non ritrovi gel, non è sventura:
 l'aure non l'han; ché tutto in sen tu l'hai.
Deteniéndose a la tarde en un jardín una hermosa a tomar aire

 El Adriático engulle el día ido,
duda en el aire un tembloroso acento,
que del sol moribundo es el lamento
o de estrellas que nacen el vagido,

cuando se adentra en un jardín florido,
a aliviar el calor, tomar aliento
y rogarle de frío un soplo al viento
quien hielo escita alberga en pecho ocluido.

Mas los rayos de Sirio son tizones
que el verano abrasante aviva aquí
sin atender de nadie las pasiones.

Así que «oh bella, oh cruda –le advertí–,
no por azar no hay frío. La razón es:
nada en los aires queda, todo en ti».

Giuseppe Arcimboldo, Fuego (1566), de la serie Los cuatro elementos

En el mundo real, el calor sigue. Y ya ha pasado el día de san Bernardo. En Mallorca era antes cierto un refrán bien conocido: «Per sant Bernat, tapau-li es cap» para señalar el fin de los calores más severos; o aquel otro que responsabilizaba a santa Margarita y san Bernardo del intervalo exacto de ardor canicular: «Sa monja l'encén i es frare l'apaga» (20 de julio a 20 de agosto). Desde hace años las cosas ya no van así y el verano se extiende como una mancha de aceite. O de sudor. Cubre ahora, como mínimo, el período en que antiguamente los carboneros de la Serra de Tramuntana se emboscaban en los encinares y cuidaban de las sitges o carboneras, es decir, desde la semana después de Pascua hasta el día de san Mateo (21 de septiembre), sin apenas bajadas al pueblo. Solo en los bosques de la zona de Planícia, cerca de donde vivo, se contaban más de ciento cincuenta rotlles de sitja (la plataforma circular con un perímetro de piedras donde se apilaba y ardía la leña de la carbonera). Había muchas cancioncillas y glosses:

 – Carboner, bon carboner,
què duis en aquest sarró?
– Jo hi duc sa meva suor
d'onze dies de sitger.
 – Carbonero, oh carbonero,
¿que lleváis en el zurrón?
– Yo llevo aquí mi sudor
de once días de sitger.

Ahí sí que nos habría gustado ver al bueno de Bartolomeo Dotti haciendo galanuras.


En esta grabación de Alan Lomax (Sóller, 6 de julio de 1952), entremezclada con los compases mucho
más famosos de «Sa ximbomba», pueden oírse dos fragmentos de la canción «Es carboner» (1'50-2'46
y 3'32-4'02). Leed la letra y valorad el elogio idealizado que hace el carbonero de su vida de
privaciones, contento en su cabaña de piedra con su mujer y su pequeño hijo. También
aquí podemos acercarnos más a la realidad viendo la extraordinaria película
Tasio (1984), de Montxo Armendáriz, o su Nafarrako Ikaskinak (1981)
sobre los carboneros de los montes de Urbasa (Navarra), donde
el calor, por cierto, no azota como en Mallorca. 

Familia de sitgers de la Serra de Tramuntana (c. 1915)