26 julio, 2014

Un cementerio a orillas del Vltava




La familia más poderosa de la aristocracia bohemia durante el Renacimiento, los Rosenberg, asentó su poder a lo largo del curso superior del río Vltava, al sur del país. Desde Český Krumlov, una de sus residencias familiares, la carretera sube serpenteando hacia el sur en dirección al castillo de Rožmberk, la otra residencia de la familia, y desde allí llega a Vyšší Brod, el magnífico monasterio cisterciense que ellos fundaron. Entre las copas del espeso bosque de pinos que flanquea la carretera se adivina el río Vltava, aquí tan solo un estrecho torrente de montaña que salta ruidoso, brillando al sol y recogiendo al paso otros pequeños arroyos en los que rafters y canoas ponen a prueba su pericia.


Si el viajero busca variedad, justo pasado Krumlov, en Větřní, puede girar a la derecha, ya en la montaña, avanzar por unas carreteritas sinuosas y nada más dejar atrás el pueblo de Bohdalovice verá abrirse ante él una hermosa meseta. Trigales maduros y campos de flores con un aroma fuerte y cargado medran en las laderas amablemente onduladas, hileras de sauces en el valle que excava el arroyo, pinares en las colinas y, a lo lejos, más allá del Vltava, los 900 metros de altura de las cumbres de la cordillera de Poluška. Ni una aldea, ni una granja hasta donde alcanza la vista.


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A trechos, las revueltas del camino entre los campos solo permiten el paso de de un coche pero no veremos ninguno hasta descender, en paralelo al arroyo Strážný, de nuevo al Vltava. Justo al otro lado del río, en la parte alta de una empinada colina, se alza una iglesia gótica blanca como la nieve: la iglesia parroquial de Zátoň, u Ottau en alemán, consagrada a san Juan Bautista.


El pueblo, hoy con solo nueve habitantes, lo describió el cisterciense Valentin Schmidt en su estudio de 1915, Die Benediktinerpropstei Ottau in Südböhmen, como el asentamiento más antiguo documentado al sur de Bohemia. Aquí, unos pocos cientos de metros más arriba de la iglesia, un cómodo paso permite cruzar el Vltava que ahora, con la actual sequía, se puede también vadear en coche. A su lado se instala hoy el último gran camping para los amantes del rafting antes de llegar al de Český Krumlov, con unos extraordinarios restaurantes de pescado. En la colina de la iglesia se edificó también un castillo que vigilaba el vado. En 1037 fue donado por el príncipe Břetislav I a los benedictinos de Ostrov. Antes de 1310 el castillo fue reemplazado por un priorato benedictino que, a su vez, fue destruido en 1430 durante las guerras husitas. Posteriormente el lugar fue adquirido –al parecer con documentos falsos– por los Rosenberg, quienes alrededor de 1510 construyeron sobre las ruinas del priorato la actual iglesia de estilo gótico tardío, con una hermosa bóveda lierne, así como la casa parroquial. Su divisa heráldica, la rosa de cinco pétalos, que se puede ver en casi todas las ciudades del sur de Bohemia, adorna el ábside de la iglesia.


Al ingresar en el patio del templo al viajero le sorprende un cementerio extraño. Unas piedras truncadas se alinean en filas bien disciplinadas pero sin inscripciones que las identifiquen. La parte superior de alguna está más o menos intacta, con un muñón de hierro que sobresale. Son los pedestales de las cruces que antes marcaban las tumbas. Las cruces de hierro con el paso del tiempo debieron reutilizarse como chatarra. Las pocas que están en pie sobre alguno de los bloques –claramente colocadas de nuevo más tarde– ostentan nombres alemanes.


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Detrás de la iglesia y al otro lado, frente a la tapia del cementerio, varias cruces y lápidas han permanecido más o menos intactas. Probablemente esta parte quedó cubierta de matorrales al poco de la expulsión de la población alemana y, en consecuencia, no convirtieron las cruces en chatarra como ocurrió con las de la zona más accesible. Solo los esmaltes fotográficos que llevaban fueron eliminados durante los años siguientes.


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Al extremo de las dos filas de peanas mutiladas ante la entrada, hay una placa de granito gris de nueva factura con una inscripción en checo y alemán.



Zum Gedenken an alle Menschen, die hier auf diesem Friedhof ihre letzte Ruhe fanden, und deren Gräber größtenteils nicht mer existieren.

Bis zum Jahre 1946 lebten in der Pfarrei Ottau mit seinen damals 14 Pfarrorten mehrheitlich deutschsprachige Bewohner, denen der Böhmerwald seit Jahrhunderten Heimat war.

Die 14 Pfarrorte waren:
En memoria de todos aquellos que encontraron su última morada en este cementerio, y cuyas tumbas en su mayor parte ya no existen.

Hasta 1946 la parroquia de Ottau y los 14 asentamientos que se le adscribían tuvieron habitantes principalmente de habla alemana, para quienes el Bosque de Bohemia fue su patria por muchos siglos.

Los 14 asentamientos de la parroquia eran:

Ottau – Zátoň, Schömern – Všeměry, Stubau – Dubova, Lobiesching – Lověšice, Lobieschinger Ruben – Lověšické Rovné, Stömnitz – Jistebník, Wieles – Běleň, Kropsdorf – Zábraní, Pramies – Branná, Hochdorf (teilweise) – Nahořany (část), Ebenau – Zátoňské Dvory, Hoschlowitz – Hašlovice, Zistl – Dobrné, Luschne – Lužná

Gestiftet im Jahre 2010 von der Pfarrgemeinschaft Ottau im Namen der ehemals 1400 Pfarrangehörigen.Erigido en 2010 por la comunidad parroquial de Ottau, en nombre de los 1400 miembros de la antigua comunidad.


En la puerta de la iglesia de Ottau y, abajo, volviendo a casa de la misa del Domingo de Ramos de 1920. Fotos del fotógrafo Josef Seidel de Krumau / Český Krumlov, de quien hablaremos en otra entrada.



Según Reinhold Fink en Zerstörte Böhmerwaldorte (Los pueblos destruidos del Bosque de Bohemia, 2006), que incluye los datos de 801 pueblos alemanes del sur de Bohemia desaparecidos, en 1930 había en Ottau 48 alemanes y 9 checos; en 2005 quedaban 9 habitantes en total. En Schömern, en 1930, 71 alemanes y 9 checos; para el año 2005 el pueblo había desaparecido. En Stubau en 1930, 70 alemanes y 6 checos; en 2005, 7 habitantes y solo dos casas de la antigua aldea permanecían en pie. En Lobiesching, en 1930, desaparecieron 112 alemanes. En Ruben, en 1930, desaparecieron 69 alemanes. En Stömnitz, en 1930, 96 alemanes y 3 checos; en 2005, quedaban 8 habitantes, con sólo 5 casas en pie de las 25 que tenía. En Wieles, en 1930, 83 alemanes y 4 checos; en 2005, 8 habitantes y 3 de las 16 casas. En Kropsdorf, en 1930, 72 alemanes desaparecieron. En Pramies, en 1930, 42 alemanes. En Hochdorf, en 1930, 143 alemanes y 1 checo, de los que en en 2005 quedaban solo 21 habitantes y 10 de las 29 casas. En Hoschlowitz, en 1930, había 158 alemanes y 7 checos; en 2005, 38 habitantes y 13 de las 31 casas. En Luschne, en 1930, 122 alemanes y 22 checos; en 2005 quedaban 30 habitantes en las 7 casas de las 11 que hubo. En Zistl, en 1930, 94 alemanes y 1 checo; en 2005 se habían reducido a 50 habitantes y había 15 de las 17 casas. La población relativamente grande de los últimos cuatro asentamientos se puede explicar por el hecho de que se sitúan a la orilla del río Vltava, a lo largo de la carretera muy transitada que lleva a Český Krumlov y sus casas parecen haber sido construidas en gran parte en los últimos 15 o 20 años.

Los 14 nombres no incluyen las varias granjas y núcleos de casas con topónimo propio, como el Ziehensackmühle o el molino de Hauber (Haubermühle, Hauberův mlýn), dos kilómetros más abajo de Ottau, en la orilla del Vltava, cuyos habitantes también fueron deportados sin excepción en 1946 y sus asentamientos destruidos.

El molinero Hauber y su esposa, de aquí.

En Mapire, que proyecta sobre Google Maps los mapas de la tercera inspección militar austro-húngara (realizada en Bohemia entre 1877 y 1880), se ve claramente que en el siglo XIX aún había varias aldeas, granjas, capillas, y edificios solitarios que salpicaban la zona, de los que hoy se puede encontrar sólo Slubice / Schlumnitz con sus tres casas y cinco habitantes. Esta es la región montañosa, hermosa, fértil y desierta, sobre el cual sólo hemos estado de paso yendo a Zátoň.

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En las montañas del sur de Bohemia, de población casi puramente alemana –llamadas en alemán Böhmerwald, en checo Šumava y en español Selva o Bosque de Bohemia–, solo en contados lugares hubo alrededor de 1945 el mismo tipo de pogromos sangrientos ejercidos más al norte contra los pobladores alemanes en zonas de población mixta. Fueron cometidos por el ejército checo y por las turbas alentadas por dos fervorosos discursos del presidente Beneš pronunciados en mayo de 1945, día 12 en Brno y día 16 en Praga. En ellos instaba a «la liquidación sin compromiso» de todos los alemanes y húngaros de Checoslovaquia. Aun así, hasta otoño de ese mismo año, unos ochocientos mil alemanes fueron «expulsados ​​súbitamente» («divoký odsun») de sus hogares. Los Decretos Beneš de 25 de octubre privaron a la población alemana de todas sus propiedades, y la Asamblea Nacional del 8 de mayo de 1946 proclamó una amnistía para cualquier delito perpetrado contra ellos hasta el 28 de octubre. Los alemanes que aún quedaban en Bohemia –hasta un total de tres millones de personas, junto con los expulsados ​​anteriormente– fueron reunidos sin previo aviso en enero de 1946 y deportados a Alemania y, en menor medida, a Austria. Durante los desplazamientos, más de doscientos mil alemanes perdieron la vida. Mientras que los pueblos alemanes del norte de Bohemia agonizaban a manos de campesinos checos sin tierra, de jornaleros forzosos húngaros y checos –como el protagonista de Yo serví al rey de Inglaterra, de Hrabal– o de gitanos asentados allí, los del sur de Bohemia fueron simplemente abandonados por el gobierno comunista debido a su proximidad al Telón de Acero, promoviendo así que se despoblaran o incluso, cuando se consideró necesario, enviando a los militares a que los arrasaran.

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En la inscripción de la lápida conmemorativa, el término «Comunidad parroquial de Ottau» merece atención. No se refiere a la comunidad de la parroquia actual de Zátoň, donde los católicos han desaparecido hasta el punto de que, según la ficha de la diócesis de České Budějovice, ya ni se celebra misa en la iglesia parroquial. La «Pfarrgemeinschaft von Ottau» fue devuelta a la vida en 1984 en Hitzhofen de Baviera por Hans Puritscher, oriundo de la cercana Ruben, como una asociación de alemanes desplazados de todos los asentamientos de la antigua parroquia. La Kirta, como se le llama en el dialecto local, ya celebró una sesión festiva en la casa parroquial de Zátoň el 1 de septiembre de 1991, poco después de la Revolución de Terciopelo. Desde entonces han estado restaurando gradualmente la iglesia y el cementerio a su costa, al igual que hacen otras comunidades eclesiásticas expoliadas del Bosque de Bohemia –por ejemplo en la iglesia de peregrinación de Kájov / Gojau– que se recuperan financiadas en gran parte por los alemanes expulsados de los respectivos pueblos. La publicación y la página web del «Förderkreis St. Johannes Enthauptung, Ottau», abierta con este fin, proporciona información regular sobre la evolución de los trabajos.

Anuncio en checo y alemán sobre una lápida: «Para los familiares de la tumba Klampfl. Nosotros, hermanos y hermanas de Herbert y Erich Klampfl, nacidos en Ebenau, estaríamos encantados de recibir noticias acerca de otros miembros de la familia Klampfl. Si es por teléfono, por favor, solo en alemán. (Número telefónico, correo electrónico)

Una tormenta se acerca desde el Vltava. Dejamos el cementerio a fin de llegar secos a Rosenberg a través de las montañas. Una última foto de la iglesia con las nubes de tormenta. Justo ahora me fijo en los dos edificios laterales abandonados. A la izquierda, la antigua casa parroquial, que fue adquirida y convertida en el «Hotel Fara» (Hotel de la Parroquia») de tres estrellas por un particular durante la fiebre de privatizaciones de 1990. En 1991 la Kirta celebró aquí su primer encuentro. Desde entonces está cerrado y solo sobrevive su sitio web en ruso (!).


El edificio de dos pisos y siete ventanas a la derecha parece haber desempeñado en algún tiempo un papel importante en la vida de la comunidad, tal vez como tienda, casa de un campesino rico o edificio administrativo. Ahora está completamente abandonado, implorando un comprador alemán.








Estamos sentados en Český Krumlov, donde el Vltava entra en la ciudad, en la terraza de madera del hostal ubicado sobre del río. Despunta el día. Mientras escribo, oigo a mis pies el bullir continuo del Vltava, el alboroto de las dos cascadas. Escucho con los auriculares el Vltava de Smetana. En mi mente las imágenes se conjuran con la música mientras el río vive enlazando las gotas de agua, los manantiales, los pequeños arroyos de montaña de la Böhmerwald, juntando el Vltava Frío y el Vltava Caliente. El motivo de Vltava resuena con las danzas de boda de los campesinos checos, las torres imponentes de los antiguos castillos de los caballeros y el río nos dan la bienvenida en la vieja Praga Dorada con el motivo sonando ahora en tono mayor antes de fundirse majestuosamente con el río Elba. El glorioso Vltava checo. Y en la pantalla del ordenador leo ahora el texto del deutschböhmisch Vltava, el himno no oficial de los alemanes expulsados​​.


Bendřich Smetana: Vltava (Mi país, 2º movimiento). Karajan & Orquesta Filarmónica de Berlín

Af d’Wulda, af d’Wulda
scheint d’Sunn a so gulda
geh i über d’Bruck.

Furt schwimman die Scheida
tolaus ullweil weida
und koans kimmt mehr zruck.
Sobre el Vltava, sobre el Vltava
el sol brilla como el oro
mientras voy cruzando el puente

Los troncos bajan flotando
fuera del valle, cada vez más lejos,
y ninguno vuelve nunca más.



21 julio, 2014

Bibliae pauperum



Abajo: Columna para imágenes sagradas —le faltan las imágenes—, característica de la región de los Alpes. Superviviente de la segunda mitad del siglo XV.
Encima de la columna: «Radio del pueblo», * característica de la Europa del Este —le falta el cable—. Superviviente de la segunda mitad del siglo XX.

(Český Krumlov, Plaza de Plešivec, en el centro del antiguo barrio pobre.)

24 junio, 2014

Vueltos hacia el mar



Pequeños guijarros sobre las tumbas.
Juguetes de una niña, juguetes de piedra.
Un tren, un avión, un coche. Niza, fin de trayecto. Nice, Nizza, Nica, Nissa, Ніцца, Ηίκαια, Nicea, Nicaea, Nisa, Ницца. Soñaban con la Riviera y un día les entregan el pasaporte, obtienen el visado, ya pueden comprar el billete y, sin más, agarrar a los niños, la niñera, la abuela, las tías solteras, el tío tísico, el perro, el loro, la criada. Se trasladan a Francia, mandan a los niños al colegio, trabajan, trabajan más, consiguen la nacionalidad, hacen el servicio militar, mueren por Francia.

Mueren.
El cementerio judío de Niza se extiende desde hace casi un siglo y medio sobre la colina del castillo, justo en frente del mar.
Sobre las tumbas, viejas fotos roídas por el sol, borrosas, lavadas, caras sonrientes o pensativas o serias u orgullosas.

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Nacieron en Kiev, en Varsovia, en Kishinev, Mariupol, Kherson, Odesa o Nikolajev, en Kaunas,  Berlín, San Petersburgo, Leópolis, Radautz en Bucovina, hoy Rădăuți en Rumanía, tambien en Argelia, en Orán o en Constantino, en Taganrog, en Constantinopla y en Londres, y también en Rangoon en Birmania, o en El Cairo. En Johannesburg.


Han muerto en Niza, o en Mentone, o más lejos, pero su familia los ha devuelto a su lugar. El sol sobre el mar.

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En los años negros, que aquí iban a ser menos negros que en otros sitios, algunos murieron muy lejos, en el Este. De ellos no quedan sino unas breves líneas en su memoria.



Algunas lápidas nos sorprenden con su tipografía arcaica. En efecto, se trajeron aquí las antiguas piedras del anterior cementerio judío que estaba al pie de la colina. La lápida más antigua data de 1540. Sobre otras, las letras de bronce verde reflejan la multitud de lenguas en otro tiempo vivas: francés, hebreo, polaco, italiano, ruso con la vieja ortografía previa a 1918, inglés, alemán. Y esculpidas en la piedra hay muchas letras borradas, palabras olvidadas.

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Poco a poco las lápidas desaparecen bajo los pies de los paseantes. Abajo, más allá de los árboles, el azul del mar.

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