13 octubre, 2014

Aliens

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11 octubre, 2014

30 agosto, 2014

Lejos de la vista del mundo



Habíamos dejado el coche bajo los árboles, justo pasada la señal que dirige a la iglesia. Unos árboles grandes. Una reja. Piedras.
A la izquierda, una casa desde donde avanza un hombre joven.
You want to visit the church, maybe. I can open it for you.
Anda algo encorvado, el rostro enrojecido por el calor. Nos da la mano. Un joven en camiseta de un azul desvaído, calzón corto de flores y zapatillas de plástico azul.
I’m the priest, even if I don’t look like one.

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El pueblo de abajo está desierto, ni una cara en las ventanas, ni una sombra, ni una voz, ni un perro que ladre o venga a hacernos zalamerías. Un gato huye al acercarnos. Trenzas de ajos y cebollas oreándose en los porches, cántaras de leche vacías. Varias esquelas pegadas en un poste. Y, como por un repentino sortilegio, dos tractores se cruzan a toda velocidad ante nosotros antes de desaparecer, más allá.

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Caminamos detrás del sacerdote. Tenemos que subir unas escaleras, franquear la cancela en el muro de piedra seca, dejar atrás los pinos y los tilos que doblan sus ramas para encubrir lo que debe permanecer oculto. Durante siglos la iglesia de Borač se ha ocultado así al mundo, camuflada por el risco que se alza tras ella, piedra entre otras rocas.


¿Lo cree? Sí, dice, está seguro; había un pueblo allí arriba, una ciudad enorme, y esta iglesia era su catedral. Era una ciudad próspera, una ciudad pujante, como atestiguan los frescos que contiene — arcángeles con armadura, santos de cara adusta, Constantino y Elena mostrando la veracruz, un viejo del Apocalipsis y el Arca de Noé frente a frente, un Cristo Pantocrátor y un Cristo Emanuel a ambos lados de la puerta que separa el pequeño atrio de la capillita, y al final, el iconostasio con unas pinturas naïves.

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Pero ¿la ciudad dónde estaba?
— Up there, you see, all these rocks — the city was there.

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¿Que si hay ruinas ahí arriba? Duda.
Claro, ruinas, no hay más que ruinas, no se ve nada más. Sí; una vez subió a verlo, cuando llegó aquí.


Nos muestra una pila de rocas, cómo los acantilados recortan en el cielo la silueta de una fortaleza encantada, el deslizamiento de tierras que ha borrado el camino hacia la ciudad muerta; y pienso en todas esas ciudades engullidas por las aguas — la de Ys bajo el mar frente a la costa de Bretaña, Kitezh bajo el lago de Svetloyar, ciudades donde sólo las almas puras pueden oír aún sonar las campanas. Borač, en la Serbia central, una ciudad disuelta en el aire, convertida en roca a fines del siglo XIV, en medio del tumultuoso avance del ejército otomano, mientras toda la zona aledaña era abandonada por la población en fuga.
¿Lo cree así nuestro joven sacerdote, perdido en su desierto?
— The city was up there, see.

Teníamos que partir.
Al sentarnos de nuevo en el coche, una última mirada a nuestro alrededor, y allí, a nuestras espaldas, surge otra ciudad oculta por la hierba crecida. Ni una sola piedra de este cementerio que no se remonte a siglos pasados​​, ni una tumba que espere a los habitantes del pueblo de abajo, ni una cruz que no esté convirtiéndose ya en acantilado.

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06 agosto, 2014

Las cuatro letras de Dios


El nombre de Dios en vano… Frehling Santino, 1700

Un instructivo artículo apareció el último día de julio pasado en el portal de Nyelv és Tudomany (Ciencia y Lenguaje), salido del teclado de László Fejes. El artículo titulado «Honnan jött az isten?» –¿De dónde vino Dios?–. Trata de averiguar el origen de la palabra húngara Isten, ‘dios’, y la conclusión es que sólo Dios lo sabe. El TESz, es decir, el diccionario etimológico de la lengua húngara, como ya hemos señalado en otras ocasiones, marra también aquí lejos del blanco al relacionar el primer elemento is- con la palabra ős, ‘antiguo, antepasado’, cosa que suena poco probable fonéticamente. El historiador András Róna-Tas sugiere que podría provenir del nombre del dios solar hitita Ištanu, pero la brecha de 1800 años entre el origen hitita y su presunta recepción excluye la hipótesis. Y Károly Rédei en su artículo «Isten szavunk eredete» –El origen de nuestra palabra Isten, ‘Dios’– (Magyar Nyelv, XCV.1 (1999), 40-45) considera que es un préstamo iraní y lo deriva del iraní medio *ištān, ‘honrado’ (en plural).

Queremos contribuir a este pequeño zoco etimológico con una ligera pero atractiva mercancía que si bien puede no ser la más convincente, es sin duda la más antigua. Viene del diccionario de once lenguas de Calepino, publicado en 1590 en Basilea, que tenemos en nuestra estantería ;) Encontramos el voluminoso in-folio hará casi treinta años en un taller de papel reciclado, y lo compramos a peso por algo así como 1€ al cambio actual.

El monje agustino Ambrosius Calepinus (1440-1510) publicó en Reggio en 1502 su gran diccionario de latín donde junto a la definición de las palabras citaba ejemplos de su uso en autores clásicos. El diccionario de inmediato se hizo muy popular, con decenas de ediciones en los siglos siguientes que fueron incorporando cada vez más equivalentes de las palabras latinas en otras lenguas antiguas y modernas. La edición de 1590 de Basilea fue la que por primera vez incluyó traducciones húngaras e inglesas, por lo que puede ser considerada como el primer diccionario húngaro. Las palabras húngaras, como Kálmán Szily señaló («Ki volt Calepinus magyar tolmácsa?» –¿Quién fue el intérprete húngaro de Calepinus?– Értekezések a Nyelv- és Széptudományok köréből, XIII.8 (1886)), fueron añadidas por el jesuita transilvano Stephanus Arator, es decir, István Szántó en Roma. Y fue este mismo erudito quien amplió las consideraciones sobre las cuatro letras del nombre de Dios con un suplemento húngaro, con lo que también dio una etimología del Isten húngaro.


Dĕŭs, singular, masculino [en hebreo אלוח eloah, griego Θεός, francés Dieu, italiano Dio, Idio, alemán Gott, flamenco Godt, español Dios, polaco Bood, húngaro Isten o Ιςε * , inglés God].

Su origen se explica de varias maneras. Según algunos se trata de ἀπὸ τοῦ δέους, de 'miedo', porque consideraban (si se nos permite citar una frase tan impía) que los primeros dioses fueron inventados por el miedo. Papinius parece ser de esta opinión cuando dice: «Los primeros dioses fueron creados por el miedo en el mundo». Cicerón, Sobre las respuestas de los arúspices: «¿Quién es tan loco, que por lo menos cuando mira hacia el cielo, no sienta la existencia de los dioses?» Ídem, en el libro 1 de Las leyes: «Ninguna nación es tan zafia o salvaje, que incluso si no saben qué dios tienen, al menos saben que tienen uno».

Otros lo derivan de a dando, de ‘dar', porque todo viene de Dios, fuente de todos los bienes, y Él da a todo su existencia y subsistencia. Otros del griego δαίω, ‘saber’, porque Dios lo sabe todo y todo está desnudo ante sus ojos. Aún otros del nombre Θεός, sustituyendo el sonido sordo con uno sonoro y la o por u, y es por eso que decimos Deus en latín. Y todavía otros del nombre hebreo די Dai, ‘poderoso, suficiente’, de donde también viene el término Saddai, es decir, el Dios omnipotente o autosuficiente, ya que es bien sabido que Él es suficiente por Sí mismo, no necesita a nadie sino que el solo derrama abundancia para todos.

No es ocioso tener en cuenta que casi todos los pueblos y lenguas escriben el nombre de Dios con cuatro letras. De hecho, los hebreos Le llaman יחוח Yehova, con cuatro letras, los caldeos también con cuatro letras, אלוח Eloha, los sirios también אלוח Eloha; para los etíopes es אמלו Amlau, para los asirios אדעד Adad, para los griegos Θεός, para los egipcios Θωύθ, para los persas Σύρη, para los latinos Deus, para los italianos Idio, para los españoles Dios, para los franceses Dieu, para alemanes, flamencos e Ingleses Gott o Godt, para los [persas] magos Orsi, para los polacos Boog, de bog que significa ‘miedo’, para los dálmatas e ilirios Boga o Boog, para los los musulmanes más antiguos, a los que también llamamos sarracenos, Abgd, para los turcos que siguen a Mahoma, Alla, para los pueblos descubiertos en el mundo que llaman «nuevo», Zimi, para los valacos Zeul, para los gitanos Odel.

Para los húngaros, si nos fijamos en su origen, el nombre de Dios tiene también cuatro letras. Ellos le llaman con gran respeto Isten, que aunque parece tener cinco letras, si tenemos en cuenta su origen tiene sólo cuatro. De hecho, el término húngaro proviene del segundo aoristo del verbo griego «ser» ἴστημι, que suena ἐςὶν [ἐστὶν]: ‘Existo, soy por mí mismo', cuyo segundo aoristo se escribe con cuatro letras. La s y la t, escritas con dos letras en la palabra húngara, se engloban ambas en la única letra griega ς sigmatau. Por tanto, en virtud de su origen, el nombre húngaro también tiene que escribirse con cuatro letras, así: Ἴςεν [Ἴστεν]. De esta manera, el nombre de Dios es un τετραγράμματον [nombre de cuatro letras] para todos los pueblos, y creemos que Él es llamado así porque su esencia es una, pero dentro de su única esencia Él es tres personas realmente existentes y distintas».

[En otra ocasión hablaremos de la utilización peculiar que hace nuestro Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611) del Calepino y cómo en el caso de esta palabra remite al interesante repertorio del padre jesuita Juan Fernández, Divinarum Scripturarum iuxta sanctorum Patrum Sententias Locupletissimus Thesaurus (1594). Sobre el hebreo de Covarrubias es ya obligatorio consultar los artículos de György Sajó en los núms 307 y 308 (2013) del BRAE.]

László Fejes es probablemente de la misma opinión, pues en su artículo —sólo como ejemplo chusco– transcribe la palabra húngara Isten con cuatro letras hebreas. ;)


En definitiva, esto no es muy diferente de la solución de István Szántó, quien habiendo transcrito la palabra en letras griegas, descubrió en ella el sentido del otro tetragrámaton (o tetragrama) hebreo, יחוח YHWH, 'el existente, el que es'. Pero por qué íbamos a maravillarnos de tal cosa. En aquel siglo era un lugar común ampliamente aceptado que todas las lenguas, pero sobre todo la húngara, venían del hebreo.

El tetragrama (aquí transcrito como IEVE en lugar de YHWH) como fundamento de la Santísima Trinidad. Ilustración del Diálogo contra los Hebreos (1109) por Pedro Alfonso (antes de su conversión, Moisés Sefaradí), Colegio de San Juan MS E. 4, f. 153v

03 agosto, 2014

Cracovia




Sayat Nova: Dun en glkhen (La súplica del rey antes de su exilio), Gaguik Mouradian, kamanche, 3’40”

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26 julio, 2014

Un cementerio a orillas del Vltava




La familia más poderosa de la aristocracia bohemia durante el Renacimiento, los Rosenberg, asentó su poder a lo largo del curso superior del río Vltava, al sur del país. Desde Český Krumlov, una de sus residencias familiares, la carretera sube serpenteando hacia el sur en dirección al castillo de Rožmberk, la otra residencia de la familia, y desde allí llega a Vyšší Brod, el magnífico monasterio cisterciense que ellos fundaron. Entre las copas del espeso bosque de pinos que flanquea la carretera se adivina el río Vltava, aquí tan solo un estrecho torrente de montaña que salta ruidoso, brillando al sol y recogiendo al paso otros pequeños arroyos en los que rafters y canoas ponen a prueba su pericia.


Si el viajero busca variedad, justo pasado Krumlov, en Větřní, puede girar a la derecha, ya en la montaña, avanzar por unas carreteritas sinuosas y nada más dejar atrás el pueblo de Bohdalovice verá abrirse ante él una hermosa meseta. Trigales maduros y campos de flores con un aroma fuerte y cargado medran en las laderas amablemente onduladas, hileras de sauces en el valle que excava el arroyo, pinares en las colinas y, a lo lejos, más allá del Vltava, los 900 metros de altura de las cumbres de la cordillera de Poluška. Ni una aldea, ni una granja hasta donde alcanza la vista.


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A trechos, las revueltas del camino entre los campos solo permiten el paso de de un coche pero no veremos ninguno hasta descender, en paralelo al arroyo Strážný, de nuevo al Vltava. Justo al otro lado del río, en la parte alta de una empinada colina, se alza una iglesia gótica blanca como la nieve: la iglesia parroquial de Zátoň, u Ottau en alemán, consagrada a san Juan Bautista.


El pueblo, hoy con solo nueve habitantes, lo describió el cisterciense Valentin Schmidt en su estudio de 1915, Die Benediktinerpropstei Ottau in Südböhmen, como el asentamiento más antiguo documentado al sur de Bohemia. Aquí, unos pocos cientos de metros más arriba de la iglesia, un cómodo paso permite cruzar el Vltava que ahora, con la actual sequía, se puede también vadear en coche. A su lado se instala hoy el último gran camping para los amantes del rafting antes de llegar al de Český Krumlov, con unos extraordinarios restaurantes de pescado. En la colina de la iglesia se edificó también un castillo que vigilaba el vado. En 1037 fue donado por el príncipe Břetislav I a los benedictinos de Ostrov. Antes de 1310 el castillo fue reemplazado por un priorato benedictino que, a su vez, fue destruido en 1430 durante las guerras husitas. Posteriormente el lugar fue adquirido –al parecer con documentos falsos– por los Rosenberg, quienes alrededor de 1510 construyeron sobre las ruinas del priorato la actual iglesia de estilo gótico tardío, con una hermosa bóveda lierne, así como la casa parroquial. Su divisa heráldica, la rosa de cinco pétalos, que se puede ver en casi todas las ciudades del sur de Bohemia, adorna el ábside de la iglesia.


Al ingresar en el patio del templo al viajero le sorprende un cementerio extraño. Unas piedras truncadas se alinean en filas bien disciplinadas pero sin inscripciones que las identifiquen. La parte superior de alguna está más o menos intacta, con un muñón de hierro que sobresale. Son los pedestales de las cruces que antes marcaban las tumbas. Las cruces de hierro con el paso del tiempo debieron reutilizarse como chatarra. Las pocas que están en pie sobre alguno de los bloques –claramente colocadas de nuevo más tarde– ostentan nombres alemanes.


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Detrás de la iglesia y al otro lado, frente a la tapia del cementerio, varias cruces y lápidas han permanecido más o menos intactas. Probablemente esta parte quedó cubierta de matorrales al poco de la expulsión de la población alemana y, en consecuencia, no convirtieron las cruces en chatarra como ocurrió con las de la zona más accesible. Solo los esmaltes fotográficos que llevaban fueron eliminados durante los años siguientes.


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Al extremo de las dos filas de peanas mutiladas ante la entrada, hay una placa de granito gris de nueva factura con una inscripción en checo y alemán.



Zum Gedenken an alle Menschen, die hier auf diesem Friedhof ihre letzte Ruhe fanden, und deren Gräber größtenteils nicht mer existieren.

Bis zum Jahre 1946 lebten in der Pfarrei Ottau mit seinen damals 14 Pfarrorten mehrheitlich deutschsprachige Bewohner, denen der Böhmerwald seit Jahrhunderten Heimat war.

Die 14 Pfarrorte waren:
En memoria de todos aquellos que encontraron su última morada en este cementerio, y cuyas tumbas en su mayor parte ya no existen.

Hasta 1946 la parroquia de Ottau y los 14 asentamientos que se le adscribían tuvieron habitantes principalmente de habla alemana, para quienes el Bosque de Bohemia fue su patria por muchos siglos.

Los 14 asentamientos de la parroquia eran:

Ottau – Zátoň, Schömern – Všeměry, Stubau – Dubova, Lobiesching – Lověšice, Lobieschinger Ruben – Lověšické Rovné, Stömnitz – Jistebník, Wieles – Běleň, Kropsdorf – Zábraní, Pramies – Branná, Hochdorf (teilweise) – Nahořany (část), Ebenau – Zátoňské Dvory, Hoschlowitz – Hašlovice, Zistl – Dobrné, Luschne – Lužná

Gestiftet im Jahre 2010 von der Pfarrgemeinschaft Ottau im Namen der ehemals 1400 Pfarrangehörigen.Erigido en 2010 por la comunidad parroquial de Ottau, en nombre de los 1400 miembros de la antigua comunidad.


En la puerta de la iglesia de Ottau y, abajo, volviendo a casa de la misa del Domingo de Ramos de 1920. Fotos del fotógrafo Josef Seidel de Krumau / Český Krumlov, de quien hablaremos en otra entrada.



Según Reinhold Fink en Zerstörte Böhmerwaldorte (Los pueblos destruidos del Bosque de Bohemia, 2006), que incluye los datos de 801 pueblos alemanes del sur de Bohemia desaparecidos, en 1930 había en Ottau 48 alemanes y 9 checos; en 2005 quedaban 9 habitantes en total. En Schömern, en 1930, 71 alemanes y 9 checos; para el año 2005 el pueblo había desaparecido. En Stubau en 1930, 70 alemanes y 6 checos; en 2005, 7 habitantes y solo dos casas de la antigua aldea permanecían en pie. En Lobiesching, en 1930, desaparecieron 112 alemanes. En Ruben, en 1930, desaparecieron 69 alemanes. En Stömnitz, en 1930, 96 alemanes y 3 checos; en 2005, quedaban 8 habitantes, con sólo 5 casas en pie de las 25 que tenía. En Wieles, en 1930, 83 alemanes y 4 checos; en 2005, 8 habitantes y 3 de las 16 casas. En Kropsdorf, en 1930, 72 alemanes desaparecieron. En Pramies, en 1930, 42 alemanes. En Hochdorf, en 1930, 143 alemanes y 1 checo, de los que en en 2005 quedaban solo 21 habitantes y 10 de las 29 casas. En Hoschlowitz, en 1930, había 158 alemanes y 7 checos; en 2005, 38 habitantes y 13 de las 31 casas. En Luschne, en 1930, 122 alemanes y 22 checos; en 2005 quedaban 30 habitantes en las 7 casas de las 11 que hubo. En Zistl, en 1930, 94 alemanes y 1 checo; en 2005 se habían reducido a 50 habitantes y había 15 de las 17 casas. La población relativamente grande de los últimos cuatro asentamientos se puede explicar por el hecho de que se sitúan a la orilla del río Vltava, a lo largo de la carretera muy transitada que lleva a Český Krumlov y sus casas parecen haber sido construidas en gran parte en los últimos 15 o 20 años.

Los 14 nombres no incluyen las varias granjas y núcleos de casas con topónimo propio, como el Ziehensackmühle o el molino de Hauber (Haubermühle, Hauberův mlýn), dos kilómetros más abajo de Ottau, en la orilla del Vltava, cuyos habitantes también fueron deportados sin excepción en 1946 y sus asentamientos destruidos.

El molinero Hauber y su esposa, de aquí.

En Mapire, que proyecta sobre Google Maps los mapas de la tercera inspección militar austro-húngara (realizada en Bohemia entre 1877 y 1880), se ve claramente que en el siglo XIX aún había varias aldeas, granjas, capillas, y edificios solitarios que salpicaban la zona, de los que hoy se puede encontrar sólo Slubice / Schlumnitz con sus tres casas y cinco habitantes. Esta es la región montañosa, hermosa, fértil y desierta, sobre el cual sólo hemos estado de paso yendo a Zátoň.

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En las montañas del sur de Bohemia, de población casi puramente alemana –llamadas en alemán Böhmerwald, en checo Šumava y en español Selva o Bosque de Bohemia–, solo en contados lugares hubo alrededor de 1945 el mismo tipo de pogromos sangrientos ejercidos más al norte contra los pobladores alemanes en zonas de población mixta. Fueron cometidos por el ejército checo y por las turbas alentadas por dos fervorosos discursos del presidente Beneš pronunciados en mayo de 1945, día 12 en Brno y día 16 en Praga. En ellos instaba a «la liquidación sin compromiso» de todos los alemanes y húngaros de Checoslovaquia. Aun así, hasta otoño de ese mismo año, unos ochocientos mil alemanes fueron «expulsados ​​súbitamente» («divoký odsun») de sus hogares. Los Decretos Beneš de 25 de octubre privaron a la población alemana de todas sus propiedades, y la Asamblea Nacional del 8 de mayo de 1946 proclamó una amnistía para cualquier delito perpetrado contra ellos hasta el 28 de octubre. Los alemanes que aún quedaban en Bohemia –hasta un total de tres millones de personas, junto con los expulsados ​​anteriormente– fueron reunidos sin previo aviso en enero de 1946 y deportados a Alemania y, en menor medida, a Austria. Durante los desplazamientos, más de doscientos mil alemanes perdieron la vida. Mientras que los pueblos alemanes del norte de Bohemia agonizaban a manos de campesinos checos sin tierra, de jornaleros forzosos húngaros y checos –como el protagonista de Yo serví al rey de Inglaterra, de Hrabal– o de gitanos asentados allí, los del sur de Bohemia fueron simplemente abandonados por el gobierno comunista debido a su proximidad al Telón de Acero, promoviendo así que se despoblaran o incluso, cuando se consideró necesario, enviando a los militares a que los arrasaran.

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En la inscripción de la lápida conmemorativa, el término «Comunidad parroquial de Ottau» merece atención. No se refiere a la comunidad de la parroquia actual de Zátoň, donde los católicos han desaparecido hasta el punto de que, según la ficha de la diócesis de České Budějovice, ya ni se celebra misa en la iglesia parroquial. La «Pfarrgemeinschaft von Ottau» fue devuelta a la vida en 1984 en Hitzhofen de Baviera por Hans Puritscher, oriundo de la cercana Ruben, como una asociación de alemanes desplazados de todos los asentamientos de la antigua parroquia. La Kirta, como se le llama en el dialecto local, ya celebró una sesión festiva en la casa parroquial de Zátoň el 1 de septiembre de 1991, poco después de la Revolución de Terciopelo. Desde entonces han estado restaurando gradualmente la iglesia y el cementerio a su costa, al igual que hacen otras comunidades eclesiásticas expoliadas del Bosque de Bohemia –por ejemplo en la iglesia de peregrinación de Kájov / Gojau– que se recuperan financiadas en gran parte por los alemanes expulsados de los respectivos pueblos. La publicación y la página web del «Förderkreis St. Johannes Enthauptung, Ottau», abierta con este fin, proporciona información regular sobre la evolución de los trabajos.

Anuncio en checo y alemán sobre una lápida: «Para los familiares de la tumba Klampfl. Nosotros, hermanos y hermanas de Herbert y Erich Klampfl, nacidos en Ebenau, estaríamos encantados de recibir noticias acerca de otros miembros de la familia Klampfl. Si es por teléfono, por favor, solo en alemán. (Número telefónico, correo electrónico)

Una tormenta se acerca desde el Vltava. Dejamos el cementerio a fin de llegar secos a Rosenberg a través de las montañas. Una última foto de la iglesia con las nubes de tormenta. Justo ahora me fijo en los dos edificios laterales abandonados. A la izquierda, la antigua casa parroquial, que fue adquirida y convertida en el «Hotel Fara» (Hotel de la Parroquia») de tres estrellas por un particular durante la fiebre de privatizaciones de 1990. En 1991 la Kirta celebró aquí su primer encuentro. Desde entonces está cerrado y solo sobrevive su sitio web en ruso (!).


El edificio de dos pisos y siete ventanas a la derecha parece haber desempeñado en algún tiempo un papel importante en la vida de la comunidad, tal vez como tienda, casa de un campesino rico o edificio administrativo. Ahora está completamente abandonado, implorando un comprador alemán.








Estamos sentados en Český Krumlov, donde el Vltava entra en la ciudad, en la terraza de madera del hostal ubicado sobre del río. Despunta el día. Mientras escribo, oigo a mis pies el bullir continuo del Vltava, el alboroto de las dos cascadas. Escucho con los auriculares el Vltava de Smetana. En mi mente las imágenes se conjuran con la música mientras el río vive enlazando las gotas de agua, los manantiales, los pequeños arroyos de montaña de la Böhmerwald, juntando el Vltava Frío y el Vltava Caliente. El motivo de Vltava resuena con las danzas de boda de los campesinos checos, las torres imponentes de los antiguos castillos de los caballeros y el río nos dan la bienvenida en la vieja Praga Dorada con el motivo sonando ahora en tono mayor antes de fundirse majestuosamente con el río Elba. El glorioso Vltava checo. Y en la pantalla del ordenador leo ahora el texto del deutschböhmisch Vltava, el himno no oficial de los alemanes expulsados​​.


Bendřich Smetana: Vltava (Mi país, 2º movimiento). Karajan & Orquesta Filarmónica de Berlín

Af d’Wulda, af d’Wulda
scheint d’Sunn a so gulda
geh i über d’Bruck.

Furt schwimman die Scheida
tolaus ullweil weida
und koans kimmt mehr zruck.
Sobre el Vltava, sobre el Vltava
el sol brilla como el oro
mientras voy cruzando el puente

Los troncos bajan flotando
fuera del valle, cada vez más lejos,
y ninguno vuelve nunca más.